Almost Famous (2000)

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No es difícil acordarse de esta película. Era la película ambientada en los años 70’s acerca de William, el niño de 15 años que terminaba la enseñanza secundaria, apasionado por el rock y escritor en revistas under de música. También se recordaba a su sobreprotectora madre y su  Zooey Deschanel hermana, amada y odiada actriz.  Y también que en su viaje persiguiendo a una banda se le une Kate Hudson, PENNY LANE, amada y odiada actriz, también.

Y debo decir que la primera vez que la vi me gustó mucho, pero la segunda vez algo me molestaba, y la tercera me convenció a escribir al respecto, a propósito de las críticas que leí acerca de ella.

Y hay elementos para odiarla. Como lo excesivamente molesto del personaje de Kate Hudson (actriz que ha lucrado con él desde hace 13 años), cuyos diálogos son tan inverosímiles como la calentura de los demás personajes por ella. También que el culto al propio personaje y a escenas en particular como aquella donde la banda y las goupies cantan Tiny Dancer, así como la banda sonora, lo finalmente siempre poco relevante de los conflictos entre los miembros de la banda, y el argumento de cierre: que sería una película sobrevalorada.

Creo que hay cosas que sí son molestas, como Kate Hudson, y concuerdo en que hay escenas que son clichés de este tipo de películas, así como las obsesiones y, por qué no decirlo, “empotamiento” que tienen los protagonistas respecto a la dama en conflicto, pero hay otros aspectos que son absolutamente rescatables, como la riqueza de los personajes de la Madre de William (de una siempre brillante Frances McDormand), que durante toda la película es el soporte moral y cómico de la película, y de Leaster (Phillip Seymour Hoffman), que es el mentor en términos de cronismo musical de William y que conoce como la palma de su mano el medio, tanto para sorprender con comentarios divertidos como con aquellos que William no quería escuchar acerca del mundo de la música.

Un mundo plagado de mentiras, de deseos de fama, de relaciones artificiales, y de dolor. Eso resume lo que nos presenta “Stillwater”, la banda que lidera (musicalmente) Russell, el guitarrista que ha tenido que parar su evolución musical para seguir tocando por una banda que- sabremos gracias a una HERMOSA escena tragicómica, de verdadera humanidad deslavada, en un avión- lo odia. Un ser tan lleno de talento como de conflictos propios que extrapola en los demás personajes y que incluso lo hace ver en ocasiones como el villano de la película. Al final creo que el personaje de Russell representa el doble estándar del medio musical, al menos el que se nos relata en la película, y hay una escena que lo clarifica: su visita a la casa de William. El rock duele.

Por todas estas cosas que relaté es que no puedo creer que sea una película sobrevalorada ni descartable. Adhiero a los reparos, no es de mis favoritas, pero sería lamentable no verla si se presenta la oportunidad.

Su trailer, en caso de que no la haya visto

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