The Royal Tenenbaums (2001)

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Royal Tenenbaum está muriendo, y en poco tiempo de vida que le queda, decide enmendar sus errores y acercarse a la familia que él mismo abandonó. O quizás no, una de esas cosas no es cierta y en verdad nos están tomando el pelo. Royal Tenenbaum, inescrupuloso, abogado inhabilitado de ejercer su profesión, separado de hecho (pero no divorciado) de su mujer, padre ausente, incapaz de pagar deudas, viviendo en una pieza de un hotel. Una persona que, a todas luces, debiera parecernos desagradable y que, sin embargo, se transforma en el centro de la película, en su foco y -quizás- en su corazón también. Lo de Royal es un plan que intenta tener éxito pero fracasa, como casi todo en su vida.
Royal Tenenbaum, anciano y sin un lugar donde vivir, decide volver a la casa donde vive su mujer. Está muriendo, o eso es lo que le dice para convencerla. Cáncer, seis semanas de vida. Su mujer está siendo cortejada por Henry Sherman, su contador por más de 10 años, quien le reveló cándidamente que está enamorado y Royal, solo separado pero no divorciado, elabora un plan para recuperar el cariño de su mujer y de sus hijos.

No solo Royal vuelve a casa, sino que también sus hijos pródigos: Chas, Margot, Richie. Royal Tenenbaum, padre ausente, motor de la trama: su incapacidad de ser un buen padre (o al menos decente) es lo que lleva a que los tres hijos Tenenbaum a decaer después de una infancia tan prometedora. Chas, un genio de las matemáticas y los negocios, termina convertido en un padre neurótico y sobreprotector, estricto, frío, distante. Margot, hija adoptiva de los Tenenbaum, con un talento especial para la escritura dramática, se pierde en un laberinto de amantes y esposos y decadencia para terminar en un matrimonio infeliz con Raleigh St. Clair, un neurólogo que es incapaz de descifrar la causa del paupérrimo estado de su vida amorosa. Richie, prodigio del tenis y pintor, se retira del circuito en la plenitud de su carrera luego de un colapso nervioso y abandona su faceta artística, dedicándose a recorrer el mundo en barco.

Dicen que ningún hombre es una isla, pero cada miembro de la familia Tenenbaum lo es: no solo están lejos físicamente uno del otro, sino que emocionalmente no pueden conectarse con otros. Chas es incapaz de perdonar a su padre. Margot pasa sus días encerrada en el baño viendo televisión y fumando a escondidas de Raleigh. Richie es el único que desea conectarse con los demás pero siempre hay obstáculos que lo impiden, y el mayor ejemplo de eso es el amor que siente por su hermana (adoptiva) Margot y la imposibilidad de consumarlo. La “matriarca” Etheline se encuentra indecisa en un principio respecto a la posibilidad de casarse con Henry. Eli Cash, el mejor amigo de Richie y ex vecino de los Tenenbaum, es ahora un famoso escritor de novelas de western (con muy malas críticas), sumido en un problema profundo de adicción a las drogas y en medio de un affair sin amor con Margot.
Y si cada uno de ellos es una isla, azotada y dañada, lejana y perdida, Royal Tenenbaum intenta, a su manera, ser el mar que las une a todas.

Demás está decir que la actuación de Gene Hackman como Royal Tenenbaum es sobresaliente; como mencioné con anterioridad, logra convertir un personaje, en teoría despreciable, en alguien entrañable. Una persona que, en el momento indicado, toma conciencia de su propia decadencia, de sus propios errores, del camino equivocado que alguna vez decidió tomar, y que es capaz de dar marcha atrás. Pequeños pasos, quizás, no los suficientes para dejar la página en blanco, no lo suficiente como para lograr el perdón de Dios… pero sí, quizás, para lograr el perdón de su familia.
Otra actuación destacable es la de Luke Wilson como Richie, un hombre en sufrimiento por el amor tabú hacia su hermana adoptiva, preocupado de la decadencia de su mejor amigo, llevado hasta tal punto en que decide dejar de ser él mismo (partiendo por cortar su pelo y afeitarse y luego intentar quitarse la vida). Es un personaje atribulado pero buena persona, en conflicto constante por las cosas que pudo hacer y no hizo, lo que hizo y no debió hacer, lo que puede hacer y no ha hecho, y Luke Wilson transmite esa bondad y ese conflicto.
El papel de Ben Stiller es uno de los más serios de su carrera, y creo que su personaje fue, quizás, el menos desarrollado de los 3 hijos, pero lo más probable es que esa era la intención del personaje en sí. Chas y su recelo, su incredulidad, su inhabilidad de perdonar a su padre (quizás justificada), pero también su nerviosismo y sobreprotección en lo relacionado a sus hijos; su personalidad difícil significa que siempre existe el riesgo de terminar alejando a sus hijos de él, y en ese sentido, es el reflejo de aquéllo que tanto desprecia: su padre.
El personaje de Gwyneth Paltrow, Margot, es intencionalmente monótono y difícil de descifrar. Su existencia en sí parece ser un ejercicio en demostrar lo infeliz que puede llegar a ser una persona en ciertas circunstancias: su padre adoptivo la denostó siempre (aún cuando dicho comportamiento pudiese haber sido involuntario o inconsciente), su posterior éxito en el teatro parece no importarle mucho, su vida amorosa es un desastre. Es la apatía encarnada, es un objeto moviéndose por inercia en el mundo, de lugar a lugar, de escena a escena, y eso hace que el breve momento en que su cascarón se quiebra y revele su sentimiento más íntimo valga tanto la pena.
Menciones especiales para el resto de los actores: Anjelica Huston, cumpliendo sólidamente con su rol de matriarca y de esposa, también en conflicto por todo lo que siente respecto a su marido; Danny Glover, quizás el único personaje que no está “dañado” emocionalmente en la película y cuya pureza se mantiene hasta el último momento; Owen Wilson, cuyo personaje es patético pero no al punto de ser exasperante, sino más bien un remedo de ser humano al cual uno le toma más lástima que desprecio (y, además, la obvia química que demuestra al actuar junto a su hermano Luke Wilson); el gran Bill Murray como Raleigh St. Clair, un pequeño pero memorable papel de un hombre incapaz de relacionarse en cualquier sentido con su pareja.

Nadie elige a su familia. Podría incluso decirse que ni siquiera la familia lo elige a uno. Ninguno de los Tenenbaum eligió a su familia y, sin embargo, a pesar de todas sus dificultades, deben aprender a soportarse, a comprenderse y quizás, si son capaces de hacerlo, también a quererse. Todavía están a tiempo de hacerlo, antes de que Royal Tenenbaum muera.

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