The Life Aquatic with Steve Zissou (2004)

Puede revestir un cierto grado de dificultad el escribir una reseña un tiempo después (9 años en este caso), sobre una película que, en su momento, fue un tanto vilipendiada por la crítica especializada, obteniendo ese status de “mixed reviews” (o sea, que a algunos les gustó, a otros no), que muchos pueden tomar como un disuasorio al momento de optar por ver o no una película. Pero haciendo eco de lo anterior, vengo a reivindicar el status de “The Life Aquatic with Steve Zissou”, no sólo como una joya de la comedia negra y lo absurdo, elementos clásicos en la filmografía de ese buen y competente -aunque muchas veces sobrevalorado director- que es Wes Anderson.

“The Life Aquatic…” es, en su adn, tanto parodia como homenaje, partiendo por el personaje titular: Steve Zissou (interpretado magistralmente por ese monstruo de la actuación que es el crack Bill Murray), basado en el ícono de la oceanografía y el documentalismo Jacques Cousteau, quien con sus viajes alrededor del mundo, grababa los secretos de nuestros mares. Zissou (sin duda inspirado en algo su apellido en el apodo de ese elegante mago del balón que es Zinedine Zidane -la influencia francesa-), es también un documentalista y oceanógrafo, pero venido a menos. Vive principalmente de sus glorias pasadas, tanto en sus aventuras, como económicamente. No ha tenido un éxito con un filme hace tiempo, y en su último intento (que como esta película, recibió también “mixed reviews”), sufre una tragedia, cual es, la pérdida de su mejor amigo, Esteban du Plantier, miembro de su tripulación, quien fue devorado por un esquivo predador marítimo que Zissou bautiza como “Tiburón Jaguar”, una enigmática criatura desconocida para la ciencia y que genera escepticismo en la población, respecto a si realmente es real; o si acaso Zissou inventó esta criatura para justificar un posible accidente, o como un desesperado intento por conseguir atención en su alicaída carrera. Lo anterior se ve amplificado por la determinación de Zissou de grabar una secuela a su documental, donde pretende encontrar a este tiburón y matarlo, en nombre de la venganza.

Este escepticismo ante su carrera no hace más que reflejar lo que ocurre en su vida personal, donde Zissou no sólo se encuentra en conflicto con miembros de su variopinta tripulación, sino también en un punto muerto en su relación con su esposa Eleanor (Anjelica Houston), quien se encuentra considerando volver con su ex-esposo, Alistair Hennessey (Jeff Goldblum), el rival de toda la vida de Zissou.

Ante este complejo escenario de crisis existencial en la vida de Zissou, con la desconfianza hacia él de sus pares, sus cercanos, la industria, y hasta el mundo podemos decir, es que se presenta ante él un faro de luz en la extraña imagen de Ned Plimpton (Owen Wilson, el “hijo pródigo” de Wes Anderson), un calmado y cortés piloto de aerolínea comercial que se presenta ante Zissou con la revelación (más no la certeza), de que él podría ser su hijo biológico, de una -reconocida- relación que Zissou había tenido hace años con la madre de éste. Es esta posible revelación la que se presenta como un maremoto para Zissou, una fuerza que destruye, pero que también presenta el espacio para crear. Zissou se encariña de Ned y asume sin dudar el hecho que efectivamente se trataría de su hijo, lo que lo sobrecoge y le presenta una motivación especial a su vida, no sólo para poder hacer el intento de asumir un rol como padre del cual él mismo había estado escapando y renegando toda su vida, sino también como un elemento que le permita reemplazar a Esteban, su compañero de toda la vida; y además para agregar un elemento añadido a la trama de su documental, el desarrollo de esta relación y la posible revelación de sí efectivamente hay un vínculo entre Steve y Ned (a quien Steve sugiere cambiar su nombre por el de “Kingsley Zissou”), lo que genera distintas reacciones entre la tripulación de Steve, siendo la más destemplada la de Klaus (Willem Defoe), un marino  e ingeniero alemán, primer oficial de Zissou y que considera a éste como su padre. A esta mezcla se debe agregar el elemento dispersor de Jane, magistralmente encarnada por Cate Blanchett, una reportera inglesa haciendo una nota sobe Zissou, quien se encuentra embarazada y que protagoniza un pseudo-triángulo amoroso con Steve y Ned, que dará lugar a un conflicto entre posibles padre e hijo.

Son estos motores los que impulsan a Anderson a buscar reivindicar a estos dañados personajes, de la misma forma que yo intento rescatar el valor de esta película. La filmografía de Anderson está llena de personajes que uno podría considerar como “damaged goods”, esa clase de seres de las que más de alguna vez nos hemos sentido parte todos, que parecieran tan dañados emocionalmente y llenos de conflictos que generan la primera impresión de encontrarse más allá de la redención. En ese sentido Zissou es similar a Royal Tenenbaum, personajes venidos a menos que descuidaron gravemente sus relaciones personales y que, sin embargo, por un giro del destino, se encuentran realizando un último intento, no por redimirse por el sólo hecho de hacerlo, sino de darles sentido y significado a sus vidas que consideraban carentes de estos elementos, cuando atraviesan por momentos de crisis. Y ese es quizás el mayor mérito de Anderson, tanto en esta película, como en la gran mayoría de su catálogo: el querer convencernos de que las personas, en su cotidianidad, con sus virtudes y defectos (más de estos últimos que de los primeros), no se encuentran ajenas a la redención.

La película además rescata y refleja ese sentimiento de aventura que solíamos sentir, principalmente cuando niños, y que muchos han ido dejando de lado, dando lugar a esa dicotomía entre la conformidad y el inconformismo tan características de los tiempos actuales. No es casualidad entonces que en una escena, tanto Jane como Zissou lleguen al consenso de que “los 11 años y medio” es la mejor edad para vivir. Es evocar las memorias de “aventuras” que todos teníamos en la niñez, no sólo para Zissou, que a sus más de 50 años aún se aferra al pasado (lo que es tanto un lastre, como un elemento positivo), sino también para personajes como Ned o Jane, ambos idólatras de Zissou en sus respectivas infancias, pero que de la misma forma salen de sus zonas de conformidad para embarcarse -literalmente- en una aventura hacia lo desconocido, tanto para sus primigenias aventuras en altamar, como para el objetivo mismo de la misión: encontrar a este esquivo “santo grial” de la oceanografía, para paradójicamente (valga la redundancia), intentar darle muerte (o cuestionarse si realmente vale la pena hacerlo).

En su camino: aventuras, balaceras, robos, animales exóticos y piratas, la esencia misma de las aventuras de la niñez. ¿Qué es la tripulación del Belafonte, el vetusto navío de Zissou (y que mágicamente es deconstruido en cámara por Anderson, de forma didáctica para facilitar los movimientos en un set) sino un reflejo del grupo de amigos con el que uno solía compartir “aventuras” a esa edad? Añadir el particular estilo visual de la película, y su apoyo en una forma bastante onírica de presentar no sólo el mundo submarino, sino también a sus habitantes, utilizando un peculiar estilo visual.

Por eso esta película es rescatable, por eso merece ser vista y quizás por eso a muchos no les causo mucha gracia cuando apareció, por la deconstrucción de los personajes que realiza Anderson, por la “parodia” con la que realiza las escenas de acción en la película, completamente anticlimáticas, y al mismo tiempo fantasiosas (como las que uno realizaba cuando niño), por ser casi autoreferencial en la forma en que los personajes dañados se presentan en todas las películas de Anderson, o quizás porque sencillamente perdieron u olvidaron la capacidad de maravillarse con lo desconocido, con los secretos que puede presentar la vida o con la necesidad de buscar aventuras para salir de la monotonía.

Finalmente, y como nota aparte, merece mención la banda sonora de la película. Uno de los méritos de Anderson es elegir muy bien la música que acompaña sus filmes, y en ese sentido, “The Life Aquatic…” es rutilante, no sólo por contar con Mark Mothersbaugh -el vocalista de Devo-, en todos sus filmes, sino en este caso particular, por la presencia del cantante brasileño Seu Jorge, quien no sólo actúa en la película como “Pelé dos Santos”, el oficial de seguridad a bordo del Belafonte, sino que realiza sendas interpretaciones en portugués y en un marcado estilo de bossa nova de temas insignes del Duque Blanco del Rock, el camaleón David Bowie. Y es que esta interpretación no pasan sólo por ser buenas desde el punto de vista musical, sino que porque calzan a la perfección con el desarrollo de la trama y las experiencias de sus protagonistas, mientras el bueno de Seu Jorge las interpreta “en vivo” en la película.

Espero en estas palabras haber logrado convencerlos, afables lectores, de por qué esta película no merece el odio que algunos le han profesado, y que le den una oportunidad, sea para verla por primera vez, o para reencantarse con ella nuevamente.

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