Moonrise Kingdom (2012)

moonrise-kingdom-international-poster-441x600

“Había una vez un niño llamado Sam y una niña llamada Suzy…” Moonrise Kingdom, la más reciente película de Wes Anderson podría perfectamente comenzar de esta forma y quizás a nadie le molestaría. El filme es un cuento de hadas moderno, ambientado en los 60’s. Moonrise Kingdom es una historia sobre la ingenuidad, los peligros de la adultez, sobre uno mismo, la amenaza del tiempo, la influencia que la sociedad ejerce en nosotros, de cómo se deben o no críar a los niños; es eso y mucho más, pero sobre todo, es una historia de amor entre dos niños. Puro, inocente, infantil, y aún así más maduro, sincero y espiritual que aquel que supuestamente se profesan los adultos, tanto en esta película (ejemplificado por la pareja entre Bill Murray y Frances McDormand y el pseudo-triángulo amoroso con Bruce Willis, haciendo un papel fuera de lo común considerando su carrera, como el único policía en la isleña localidad donde se ambienta la película), como muchas veces en la vida real.

Sam es huérfano. Vive en un estereotípico mal-hogar adoptivo, administrado por una de esas familias que uno supone lo hacen sólo por el dinero de la subvención estatal. Sam es impopular por su forma de ser, el clásico caso de ser un niño “adelantado para su edad”. Su único consuelo es formar parte de una tropa de scouts, dentro de la cual, se repite el microcosmos de su hogar, pero al menos es un campo donde Sam excede con maestría. De campamento en una isla (ficticia) en Rhode Island, mientras asiste a una función teatral -en alemán- del Arca de Noé (un foreshadowing de lo que vendrá más adelante), Sam conoce a Suzy.

Suzy es temperamental, es problemática desde el punto de vista de sus padres y su entorno, tiene su forma particular de hacer las cosas y ver el mundo. Suzy ansía más que pasar el resto de sus ideas en una esquina olvidada de una isla olvidada. Suzy se sumerge en sus libros mientras escucha música buscando escapar de la cotidianidad y de esa realidad que la atormenta, con un hogar fragmentado en medio de la nada. Quiere aventuras y quiere magia. Suzy es el cuervo en la obra teatral, sin duda relegada a este rol de una tradicionalmente vilipendiada ave por su forma de ser y de ver la vida. Entonces, Suzy conoce a Sam.

Sabemos que el primer encuentro entre ambos, contado como flashback, fue un momento “bisagra” (discreta pero adecuada expresión) para los dos. El mismo Sam lo dice: fue un hecho que cambió sus vidas. Sólo les bastó eso para saber que había conexión entre ambos. Así se volvieron amigos, comenzaron a escribirse cartas (la película puede resultar impactante, en ese sentido, para algunos acostumbrados a lo instantáneo de la comunicación por medios digitales en estos tiempos), y con el tiempo se enamoraron. Ambos se pusieron de acuerdo en un plan: reunirse en el verano, escapar y pasar el tiempo juntos. Puede resultar inocente, el clásico amor de verano que todos -asumo- hemos experimentado. Y sin embargo sabemos que para ellos esto significa el mundo, pese a que saben que, por lo difícil de la situación, las cosas quizás no duren; o que, por su madurez, quizás las cosas entre ellos podrían no funcionar de la forma en que lo hacían mediante la correspondencia. Y sin embargo dan ese salto a la aventura, con todas las consecuencias que eso lleva, no sólo para ellos, sino también por la forma en la que los adultos de su entorno (los padres de Susy, el policía, el maestro scout -Edward Norton, haciendo literalmente de un adulto con mentalidad de niño-, y la sombra omnipresente del Estado, encarnado en la trabajadora del Servicio Social -Tilda Swinton-, que se cierne sobre Sam).

Moonrise Kingdom como dije es un cuento moderno. Es quizás el siguiente paso en la filmografía de Anderson, la que como muchos habrán visto o leído en este especial de críticas al cineasta que se cierra hoy con esta “reviú”, contiene muchos elementos que se repiten en Moonrise Kindgom, pero son llevados a su siguiente paso lógico. Está la dicotomía entre conformidad e inconformismo en sus personajes; están las relaciones personales (de pareja y con los hijos) mal cuidadas -nuevamente siendo Bill Murray el punto ejemplificador de esto-, lo que queda más que claro considerando que tanto Murray como McDormand se comunican dentro de su hogar a gritos y usando un megáfono, además de dormir en camas separadas; está la clásica crítica a la sociedad y en cómo mata las ilusiones de la niñez, convirtiendo a los adultos en versiones grises y acomplejadas de los niños que alguna vez fueron; y está la añoranza y el recuerdo de la aventura, de embarcarse en lo desconocido y dejar atrás la cotidianidad para sentirse vivo.

Todo eso está, pero también están estos niños, Sam y Suzy (y las magistrales actuaciones de Jared Gilman y Kara Hayward), que encarnan la esperanza de que su concepto de amor y la necesidad que tienen de estar juntos va a ganar al final. Y eso conmueve. Su aventura, la forma en que se entienden, es el motor de la película. Y pasa que uno sí invierte su tiempo esperando que, como buen cuento que es, tenga un final feliz. Porque sabemos que, considerando la madurez que tienen los niños a su edad, los problemas personales y emocionales que presentan (los cuales saben afrontar de mejor forma que los propios adultos), y el mundo que los rodea, de separarse el uno del otro van a terminar como tantos personajes de otras películas de Anderson: van a ser los hermanos Tenenbaums viviendo sus crisis existenciales por el abandono de su padre, van a ser Steve Zissou echando de menos las glorias de tiempos pasados, y así tantos otros atormentados personajes que rodean este universo de Wes Anderson.

Por eso Moonrise Kindom es una gran película (la mejor de Anderson) y la evolución natural de su cinematografía. Porque no sólo encarna los ideales de redención que uno quiere ver en muchos de sus problemáticos personajes como hemos hablado en extenso esta semana, sino porque -como buen cuento, esta vez en forma de película-, no sólo lo lleva a uno de vuelta a la infancia, y a la niñez. Sino que porque hace que uno invierta y se identifique con los personajes y realmente espere el final feliz.

2 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s