Historias de Fútbol (1997)

En esta ocasión SÍ hablaremos de fútbol: HISTORIAS DE FÚTBOL (1997), primer largometraje del cineasta Andrés Wood (Violeta se fue a los cielos, Machuca, La Buena Vida).

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Historias de fútbol (2007)

Esta película se divide en 3 “actos”, que marcan 3 historias distintas.

Primer Acto – NO LE CREA

Primero, nos cuentan la historia de un goleador de Peñalolén (Daniel Muñoz) que a vísperas de la final del campeonato del barrio es tentado por el dirigente del equipo rival (Fernando Gallardo, QEPD) para que no convierta goles a cambio de dinero y una prueba en Audax Italiano, equipo de la primera división del país.

El problema es que el personaje de Daniel Muñoz es defectuoso: le gusta la fama, le gusta el trago, no le gusta entrenar y le gusta el sexo, consentido o no por su polola-señora-pareja, interpretada por Ximena Rivas. También retrata al jugador amateur, que trabaja en la semana y entrena en las canchas de cemento, hasta que la luz artificial lo permita. La mejor escena de la historia es cuando los personajes de Gallardo y Muñoz hablan del “amor a la camiseta”, y terminan negociando la traición por 20 mil pesos.

Llegado el momento del partido, y forzado por las pifias del público, no podrá hacer caso omiso a su instinto de killer del área rival y anotará el gol de la victoria. Todo esto pésimamente musicalizado por unas chicharras molestas y con la indignación del fallecido comediante devenido en dirigente para los efectos de este filme. La indignación se transformaría en una escena en que el 9 es ajusticiado por los hombres de Gallardo a puño limpio.

La historia termina con Muñoz mirando el amanecer, expresando que la retribución por la traición le parecía correcta, y ser el 9 del campeón valía la pena.

Segundo Acto – ÚLTIMO GOL GANA

Esta es mi favorita. Y aquí la música, con una simpleza simpática e intentando emular sonidos andinos, nos ayuda a empatizar con la historia de Pablo (Ni idea quién es el actor, ¿qué será de ellos? SE LAS DEJO AHÍ, MEGAVISIÓN), un niño que vive con su madre y mata las tardes jugando fútbol con sus amigos, le gusta una niña e intenta disimularlo. Pablo es de Cobreloa, el tercer equipo grande de Chile, y quiere entrar al estadio a ver cómo despluman a  su rival. Lamentablemente no tiene dinero y se queda en la pared que da a la cancha, lugar donde caerá un balón oficial el cual él y sus amigos toman y se llevan, en lo que, para mí, es la escena más hermosa de la película, por la forma en que se se muestra y cómo la música nos expresa libertad a través del poder del balón para los niños. De ahí, el drama. La madre de Pablo no tiene dinero y debe empeñar una imagen cristiana por 4 mil pesos. El niño recibe el dinero y se va a jugar a la pelota con su nuevo balón, dejando el dinero en su camisa y perdiéndose en la eternidad del Desierto de Atacama. El niño decide empeñar su balón para reponer el dinero a su madre. ¿Para la posteridad? Dos escenas: el niño ganando el balón en un torneo de eructos, y JORGE LUIS GARCÉS ROJAS APARECIENDO EN EL MINUTO 35:05 DEL FILME, APORTANDO SU PEDIGREE A LA HISTORIA DEL CINE CHILENO. Ah, y el niño que es el amigo de Pablo. UNA GEMA. SE PASÓ SU ACTUACIÓN. La mejor peor actuación que he visto, le gana Pseudo-Robin de Mirageman.

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¿Estará en IMDB?

ALARGUE

Esta historia trata sobre un muchacho (Néstor Cantillana) quien por un desperfecto de su lancha, debe quedarse en la Isla de Chiloé durante “un partido definitorio” (que en la historia no fue tal, porque fue el segundo que jugó Chile en aquel torneo) que disputa la selección chilena contra Alemania Federal durante el Mundial de España de 1982. Un par de hermanas, con la “maldad” en la mirada, lo invitan a acompañarlas a su casa, pues cuentan con un televisor. La historia también muestra el fanatismo de los lugareños por la selección y la contraposición de las siempre altas expectativas contra los crudos resultados que terminan mermando las aspiraciones deportivas, y esa necesidad de depender del último partido para aspirar a “algo”, y por otro lado, el contraste entre el fútbol y “la mujer” como el motor de las prioridades del hombre y sus emociones. El muchacho en algún punto debe subir al techo mientras llovía por restablecer la señal del televisor, cosa que termina con éste en el suelo, siendo consolado por aquella a la cual le atraía, y en la impotencia de no poder ver el partido, el joven desata sus impulsos y se entrega al amor de la soltera dama sureña. La historia termina con un supuesto gol de Chile, con el relato del tanto, y el joven acabando el acto sexual.

¿Mi veredicto? Si quiere fútbol como fenómeno social, la segunda historia es la única que lo rescata. La primera, si bien lo trata, es bien pobre en el concepto, y la tercera es básicamente el germen que después degeneraría en Infieles y las series softcore de Chilevisión, con esa necesidad que tuvo el cine chileno de mostrar sexo como canon en cada película.

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