Side Effects (2013)

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La primera hora de esta película me volvió loco. La segunda, me dejó muy confundido. El final me dejó anonadado, y la reflexión post- película me hizo escribir sobre ella.
Pero ordenémonos: Side Effects es el último trabajo de Steven Soderberg, director que venía de trabajar con Channing Tatum en ese inusual pero satisfactorio experimento que fue Magic Mike (del que prometemos, nos referiremos en otra reseña).

La historia de la película es la siguiente: Emily (Rooney Mara) es una mujer que vive en Manhattan y cuyo marido (Tatum) está pronto a salir en libertad luego de cumplir 4 años de prisión por algún negocio fraudulento del cual redituaron al menos un año en pareja, lo que les permitió, entre otras cosas, tener un velero. Ella tiene historial médico-psiquiátrico, y en medio de algún episodio de depresión en el que intentó quitarse la vida conoce al Doctor Jon (Jude Law), el cual le permite no internarla en el hospital psiquiátrico a cambio de que siga un plan de fármacos antidepresivos.

La historia de la primera hora pareciera el retrato de una sociedad enferma que vive gracias a lo que estas drogas prometen: inhibir las sensaciones de la tristeza y la frustración, pero pagando “el precio” de los efectos secundarios que éstas provocan. Hasta este punto la película, de verdad, me tenía muy comprometido con esa visión, qué mejor simbolizada en la ciudad más representativa de todo esto que narra. Pero después la película, tras varios guiños al género de películas-sobre-juicios y giros en su trama, termina casi siendo un thriller policial, un juego constante de gatos y ratones en que no sabes bien quién tiene la razón y quién traiciona al resto, cosa que recién se disipa en los últimos minutos de la película.

La película tiene el mérito de que en todo momento te hace cambiar de posturas y mirar a cada personaje como un posible héroe/villano, dependiendo del minuto de la película, y esto tiene tres responsable: la realización y el montaje del filme, un guión lleno de personajes complejos e imperfectos de cuales podemos confiar y desconfiar, y las notables actuaciones de sus protagonistas que sin dudas se roban la película. En especial Rooney Mara, en una escena memorable que no puedo decir de qué trata, pero si la vieron, sabrán bien a cuál me refiero. Y un pequeño apartado a la banda incidental, que cada vez que brilló lo hizo con acierto, complementado las interpretaciones de los actores.

Y al final de cuentas, la película fue capaz de mezclar dos ideas bien contrapuestas durante la película y los minutos a los que se dedica en profundizar estos temas, con una imagen final que compatibiliza todo lo que vimos. Es una película traicionera, de esas que atrapan, comprometen y defraudan. Que representa una forma de vivir y las ansias de una sociedad que lleva bastante tiempo destruyendo y destruyéndose, por el dinero y los fármacos, y con unos como causa y otros como consecuencias, y al revés. La especulación de la salud mental en 110 minutos de filme. Más que recomendada.

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