Shame (2011)

Shame_Poster_06

Bueno. Shame. La verdad es que esta película en su premisa no me tincaba nada, pero estaba por expirar de Netflix así que la vi porque yo también quería ser popular. Vamos a la cancha.

Shame es una película del director Steve McQueeen, protagonizada por el amado por las niñas Michael Fassbender y la amada por los niños, Carey Mulligan. Nos cuenta la historia de Brandon (Fassbender), un hombre que vive en New York y sufre adicción al sexo. Y es una adicción bastante seria, porque básicamente su vida funciona con aquel único objetivo, a tal punto que los impulsos sexuales de algún modo actúan como “estímulos” para mantenerlo funcional. Brandon tiene una hermana, Sissy (Mulligan) una cantante que al parecer se mueve en el circuito de restaurants y night clubs, y su vida tampoco es demasiado sólida: viene saliendo de una relación, y entrará en otra bastante tormentosa y vacía en el transcurso de la película.

Si hay una palabra que rondó mi cabeza cuando terminó la película es “vacío”, pero al final no es exactamente eso. Brandon tiene, además de una adicción, una discapacidad: no siente empatía por nadie, ni por su familia, ni por sus cercanos, incuso por sus parejas sexuales ni románticas, a tal punto que una escena memorable y bastante lastimosa y chocante ocurre al respecto de su proyecto de novia, que busca para intentar superar su dependencia al sexo. Sissy juega un papel clave como contrapunto, porque viene a desarmar la vida rutinaria que el adicto busca mantener. Rompe con su calma, y su espacio. Brandon de hecho intenta por todos los medios congeniar más con su hermana, y con su compañera de trabajo con la cual sale, pero no hay caso.

La película funciona en base a estímulos fríos, de hecho la estética es muy grisácea, con una banda incidental ad-hoc y planos largos y etéreos, pero sobre todo, la interpretación de Fassbender nos deja claro que este personaje, siendo tosco y consciente de que para él las relaciones afectivas son ridículas e imposibles, sufre, o intenta sufrir por carecer de que le importen, O al menos esa sensación me dio. Él podría vivir sin tener familia, el problema es que la tiene, y aunque no le importe dañar sus expectativas por retribuir el cariño o la empatía, el conflicto entre la humanidad del resto y su falta de aquella lo perturba.

Al final Shame es típicamente la historia de una adicción, quizás más provocativa o comercialmente más interesante, y cuenta con todas las etapas de éstas durante las dos horas de filme. El sexo para Brandon es la evasión de sus inhabilidades. Se supone que deberíamos sentir lástima de él, pero acá, al menos para mí, no fue el caso. El personaje es tan lejano que ni en sus puntos más bajos uno puede empatizar con él. Y creo que esa distancia es consciente y lograda.

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