Sound City (2013)

BlueKustomedited

El inquieto Dave Grohl incursionando en el cine con un documental que recorre parte importante de los mejores discos norteamericanos y el estudio de grabación que los albergo. SOUND CITY, la historia del mítico estudio californiano en Ruidos Molestos de Revius.

Sin duda alguna, Dave Grohl se ha convertido en una de las estrellas más importantes del mainstream rocanrolero. Del risueño y desaliñado baterista de Nirvana poco queda, ya transformado en el frontman y líder indiscutido de, quizás, la banda más importante del planeta hoy por hoy, Foo Fighters. Toda la atención ganada a lo largo de casi dos décadas de trabajo en la música, desde la muerte de Kurt Cobain y el fin de Nirvana, con múltiples proyectos paralelos y colaboraciones – en donde destacan Probot, Queens Of The Stone Age y Them Crooked Vultures – ha contribuido para consolidar su imagen como creador y ganarse el respeto, tanto de su público y sus pares como de los medios, que desde un inicio vieron con cierta desconfianza la incipiente carrera solista del por entonces flacucho baterista. ¿Cuál es la ultima de Dave Grohl? SOUND CITY (2013). ¿Te suena el nombre? Seguramente, ya que se trata de una de los estudios con más historia de California, debido a los grandes nombres que han pasado por él, y además, es el título de la primera incursión de Grohl en la pantalla grande, documentando las historias detrás de tantos éxitos creados en el sucio SOUND CITY.

El primer ejercicio cinematográfico de Grohl es un rescate romántico de, al parecer, tiempos mejores, pero que ya no volverán: los días en que los discos se grababan en cintas y no en computadores; en donde el talento de cada músico quedaba plasmado en la grabación de forma directa, con todo lo que conlleva la interpretación humana en la música,a saber: identidad, emoción y por supuesto errores, a diferencia de lo que ocurre hoy, en donde la maravilla de ProTools y todas las herramientas tecnológicas permiten que cualquier cristiano pueda sonar de forma correcta y convertirse en un éxito. Este es un documental sobre un estudio de grabación, y en especial de su consola de sonido, pero más allá del revisionismo hay una discusión profunda que plasma la película en relación a la forma en que se está haciendo música ¿Cuál es el papel que debe tener la tecnología en la creación musical?

La obsesión del líder de Foo Fighters con este estudio tiene que ver mucho con su propia historia, ya que el segundo disco de Nirvana – primero de Grohl en la banda – se grabo en SOUND CITY…un tal Nevermind. Las entrevistas a su propia persona van dando el eje de la discusión, lo que a ratos denota cierta autoreferencia, aunque al menos, durante la primera parte del documental no molesta.

El recorrido parte con entrevistas a los creadores y dueños del estudio, quienes a partir de la invasión británica iniciada con los Beatles, vieron en la industria musical un negocio sumamente rentable. Claro, con el tiempo, se dieron cuenta que la cosa no era tan fácil como se pensaba, ya que para atraer a los músicos indicados – es decir aquellos que manejaban presupuestos ostentosos para grabar – debían invertir en equipos de primera línea. Por otro lado, la estética del lugar no ayudaba en nada. Se trataba de una ex fabrica de amplificadores ubicada frente a la cervecería Budweiser – si bien tenían cerveza cerca, la brisa aromática no atraía a nadie – y no ofrecía las condiciones optimas para la estancia de los músicos, ni menos para grabar, ya que la sala de grabación no estaba diseñada acústicamente para dichos efectos. Por eso, la movida de los dueños para atraer dinero, fue la consola de grabación. Un monstruo interplanetario que les permitiría registrar con la mayor nitidez y pureza las grabaciones: la consola Neve. Creada por el ingeniero Rupert Neve, la consola es la protagonista de esta película. Solo se construyeron 4 de ellas, totalmente a mano, y la única hecha a medida fue la de SOUND CITY. La ventaja de plasmar exactamente lo que se quiere, sobre todo con las voces y la batería, cautivó a todos los que pasaron por ese estudio, y eso queda de manifiesto en los testimonios de personajes imprescindibles en la historia musical como Neil Young y John Fogerty. No por nada, la consola costó la no despreciable cantidad de US$76.000 (en 1973!!!).

A partir de ello, la lista de éxitos del estudio – pésimamente administrado y sumamente descuidado – permitieron sumar y sumar discos de platino en sus paredes: Neil Young, Buckingham Nicks – quienes posteriormente se unirían a Fletwood Mac para grabar también en SOUND CITY – Elton John, Tom Petty, REO Speedwagon, Rick Springfield, DIO, Saxon, entre otros. El éxito del estudio durante los 70 fue grito y plata para sus dueños, y el futuro parecía auspicioso. Sin embargo, la llegada de los primeros adelantos tecnológicos durante los 80, simplificando los procesos y, por supuesto, abaratando los costos, produjo una disminución considerable de las entradas del estudio, que vivía constantes crisis financieras.

El futuro parecía difuso, cuando en 1991 tres chicos provenientes de Seattle llegaron al estudio para grabar un disco, sin muchas expectativas, de la mano del productor Butch Vig (guitarrista de Garbage). Nevermind de Nirvana, se transformó en un éxito planetario, relevando al mismísimo príncipe de pop del primer lugar de Billboard, y llevando la música alternativa al panteón de la moda y del consumo de masas. Para SOUND CITY significó mas éxitos a sus paredes: Rage Againts the Machine, Kyuss, Master of Reality, Queens of the Sone Age, Slayer, Red Hot Chilli Peppers, Carl Perkins, Johnny Cash, Weezer, A Perfect Circle, Slipknot, NIN, Metallica, pffff… un largo etc.

A pesar de este segundo aire, avalado principalmente por una pasado lleno de excelentes producciones, el estudio no pudo contra la arremetida de la “democratización” de las tecnologías, que hoy en día permite grabar un disco en tu propia habitación, sin mayores complicaciones y por pocas lucas. El estado de la industria musical y sus vertiginosos cambios, terminaron por poner la lapida a SOUND CITY, cerrando sus puertas en 2011. Aquí llegamos a la mitad de la película…

El resto del documental tiene como protagonistas a Dave Grohl y sus amigos, jugando con la Neve. Para no perder parte de la riquísima historia del estudio, Grohl decide comprar la consola de grabación y construir su propio estudio en su hogar, en donde, a propósito, grabo el último disco de los FOO “Wasting Lights” (2011). La celebración de este acontecimiento, es la reunión de parte importante de los músicos que protagonizaron los éxitos del viejo estudio californiano. De esta forma, una constelación de estrellas de todos los tiempos, se ponen a disposición de la Neve para crear un puñado de buenas canciones. Todo bajo la batuta del jefazo Dave.

Sin entrar en detalles del soundtrack del documental, compuesto por estas grabaciones inéditas, hay que mencionar dos momentos notables. El primero, la reunión del triunvirato del rocanrol contemporáneo; tres genios que iniciando sus carreras en los 90 han consolidado sus nombres en lo más alto del mainstream musical, con trabajos esplendidos durante las últimas décadas: Dave Grohl (era que no!), Trent Reznor, el cerebro tras NIN, y Josh Homme, guitarra, voz y líder de Queens Of The Stone Age. Estos monstruos del rock, se despachan un viaje hipnótico y letárgico combinando todos sus atributos personales en el track “Mantra”. Y el segundo gran momento de esta sesión, es la resurrección de Nirvana con formación estelar: Dave Grohl, Krist Novoselic, Pat Smear, y Kur… wait… PAUL MCCARTNEY? Si, el mismísimo Beatle acompañando al trió para una potente descarga de rocanrol en “Cut Me Some Slack”, cerrando el documental con una postal para la eternidad.

Ciertamente, el valor del documental, tiene que ver con rescatar una historia que no puede quedar bajo el polvo del edificio que albergaba el estudio. Sin embargo, ademas, existe explícitamente un cuestionamiento hacia la producción musical de nuestros tiempos: La utilización de lo tecnológico no como instrumento, sino como mecanismo de producción de talento, reemplazando lo genuino de la creación por la frialdad de las maquinas que permiten perfeccionar todos los sonidos, al punto de crear productos inmaculados, pulcros hasta el más mínimo detalle, pero carentes de originalidad y, sobre todo, de sentimiento. Recordemos que la música es una lenguaje que expresa un mensaje producido por el hombre; es por sobre todas las cosas una expresión humana. No es un tema menor, ya que, por un lado, el desarrollo y expansión de las tecnologías ha permitido a muchos de nosotros, poder grabar con pocos recursos, y hacer cosas impensadas para quienes no tenemos acceso a un estudio como SOUN CITY. Es más, grabar en cinta resulta un proceso sumamente caro para cualquiera, ya que existen solamente unas pocas compañías que aun las fabrican, y por supuesto, a un precio sumamente elevado teniendo en consideración los presupuestos pequeños que maneja la industria musical hoy en día. Obviamente, se rescata la crítica a un modelo de producción artístico deshumanizado, que tiene mucho que ver con el desarrollo de la industria de la música a nivel global. Pero vender la pomada que la cinta es el camino y que todo lo digital y tecnológico es malo, significaría que solo unos pocos podrían hacer música. Creo que Trent Reznor lo gráfica de gran forma, al ser un explorador de la maquinas en el rock. El hombre de NIN señala que la tecnología es un medio mas, y no hay que tenerle miedo, ya que, a pesar de todas sus “trampas”, desde que existe ProTools y todas las herramientas computacionales, no existen muchas obras maestras muchas que destacar, por lo cual, aun se necesita una base humana que permita dotar de contenido la tecnología que se utiliza.

Ahora bien, el documental, muy rico en testimonios y en personajes, peca de… como decirlo…DAVEgocentrismo; sobre todo durante la segunda parte de la película, cometiendo quizás el mismo error de Back and Forth (2012), el documental que, en principio, relata la historia de los Foo Fighters, y termina convirtiéndose durante su desarrollo, en un film promocional sobre su último disco. SOUND CITY pareciera ser la excusa perfecta para promocionar su último proyecto: juntar a músicos en torno a la NEVE y tocar un par de canciones – y por cierto hacer un par de shows bajo el nombre de SOUND CITY PLAYERS. A pesar de decaer en el último tramo, se aplaude el testimonio, sobre todo considerando que es el primer proyecto cinematográfico del inquieto frontman. El trabajo, a pesar de los baches, no defrauda, y encantará, de forma especial, a quienes gozamos de la música y sus historias escondidas.

Recomendado para los amantes del rocanrol, de la época dorada de la industria musical y de aquellos que intentan mantener su espíritu. Y obviamente, para fanáticos de Dave Grohl, que a estas alturas, solo le falta pintar y hacer esculturas. Seguramente, le saldrían bien…

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