The Fugitive (1993)

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“The Fugitive” (1993),  nos narra la historia del cirujano vascular Richard Kimble (Harrison Ford), quien luego de ser condenado injustamente a la pena de muerte por el asesinato de su esposa, logra escapar  como consecuencia a un accidente en el bus donde transportaban a los reos.  El encargado de dar caza al Dr. Kimble será el inspector Samuel Gerard, interpretado por Tommy Lee Jones, quien extremará recursos para intentar capturar al prófugo galeno.

Uno de los principales motivos para elegir esta cinta a la hora de escribir la columna fue su particular protagonista, Richard Kimble es un tipo  completamente apartado del perfil de héroe de acción al que Hollywood nos tiene acostumbrado.  El personaje de Ford se ve obligado por las circunstancias a tomar decisiones que transforman a la película en un filme de acción. Sin embargo, creo justo y necesario destacar  que  tiene tal cantidad de matices, que resulta difícil clasificarla sin ningún tipo de especificación.  “El Fugitivo” coquetea con el género policial y también con las cintas de suspenso. Esta es una de sus fortalezas,  ya que logra convertir a la cinta en una historia inteligente y muy interesante para el espectador, donde cada secuencia de acción está completamente justificada,  a diferencia de otras películas del género que sobreponen escenas de autos volcados, tiroteos y combates de manera absolutamente gratuita.


A pesar de lo inteligente de la cinta, la acción no se hace esperar y logra mezclar de manera idónea una trama que se va complejizando a medida que avanza la cinta, con las escenas de acción y suspenso que ayudan a que el espectador esté aún más atento a todo lo que ocurre, tanto para intentar comprender el secreto que se oculta tras la muerte de Helen, la esposa del doctor,  como para no perderse cada adrenalínica secuencia.

Si bien la cinta nos muestra al personaje interpretado por Harrison Ford en grandes hazañas físicas (escapando del bus, saltando hacia una represa, evitando los tiros de la policía),  todo esto se nos hace completamente creíble, ya que el director se encarga de contrastar estas proezas mostrándonos el lado más común y humano del  Doctor Kimble, a quien veremos cansado de tanto correr, hambriento, desesperado en esta doble tarea; intentar escapar de Gerard y descubrir el porqué del asesinato de su cónyuge.

Quizás uno de los puntos criticables, es que la película deja en el aire el  tema de la injusticia y negligencia tras la condena del galeno, y al final no sabemos si intenta estar implícito o simplemente no está desarrollado. Esto le habría añadido profundidad a la cinta y el filme habría adquirido el valor de un mensaje tras las aventuras del prófugo doctor.  Me parece relevante este aspecto, ya que la película está basada en la serie de los 60’s, que a su vez se inspiró en el caso real del osteópata Sam Sheppard, quien fue condenado por el presunto asesinato de su esposa en 1954.   Después de diez años en prisión, fue absuelto y puesto en libertad, en parte gracias al trabajo de investigación de la periodista Dorothy Kilgallen.

Volviendo a los aspectos positivos de la cinta -que sin duda, son muchos más que los posibles negativos-,  resultaría una falta no destacar las interpretaciones de los dos personajes más importantes de la cinta. Por un lado, esta debe ser una de las mejores actuaciones  en la carrera de Harrison Ford, creíble, conmovedor y capaz de transmitir toda esa angustia  y dolor de quien además de haber perdido a un ser querido, es condenado injustamente. Tristemente Ford nunca ha vuelto al nivel exhibido en esta cinta, quizás también por sus malas decisiones a la hora de elegir roles. Por otro lado tenemos a Tommy Lee Jones,  a quien su interpretación como Samuel Gerard le valió un Oscar por Mejor Actor de reparto. El personaje de Lee  tiene la virtud de,  si bien ser el encargado de perseguir al Dr. Kimble,  no ser la clásica contraposición de nuestro protagonista, porque si en las mayoría de las cintas estos papeles se enfrentan, en el “El Fugitivo”  más bien  se encuentran.  Lee logra imprimir complejidad a su personaje, y transmitir la sagacidad y astucia de un veterano investigador.

Por otro lado, la cinta nos regala momentos inolvidables, y es que por ejemplo, la escena del salto en la represa  es sin duda una postal de las cintas  noventeras. Lamentablemente aquella secuencia  en específico no ha envejecido muy bien,  pero al menos yo prefiero obviar posibles reparos y disfrutar de un gran momento.

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Para el final, una madeja desenredada, una compleja –pero creíble- conspiración para  dar explicación al enigmático asesinato de Helen Kimble, y descubrimos  al real antagonista del doctor, al verdadero autor intelectual del crimen, quien resulta ser quien menos esperábamos.    Para el final, -y a pesar de las esposas en sus manos- Richard Kimble esboza una sonrisa, porque sabe que no hay como la libertad que entrega la verdad.

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