Flags of our fathers (2006)

En la antesala a un nuevo especial en Revius a fin de mes, esta vez dedicado al cine oriental, la sección favorita de los amantes de las Magnum .44 viaja a Japón y luego a Estados Unidos para ver las consecuencias de la Batalla de Iwo Jima en 3 de sus participantes. Acompáñenos.

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La película en cuestión es una “secuela”, o más bien, una mirada distinta a su película hermana, Letters from Iwo Jima, que produjeron el director, Clint Eastwood, y un tal Steven Spielberg. El tema es la batalla de Iwo Jima, uno de los polos bélicos a finales de la Segunda Guerra Mundial, entre el Imperio Japonés y Estados Unidos. La importancia de la isla para la contención de la fuerza japonesa era vital, ya que era un punto estratégico para amenazar a las islas principales, y así terminar con su participación en el conflicto principal. Por otro lado, la isla era un lugar sagrado para los asiáticos, así que sería defendido a toda costa.

Iwo Jima fue un punto alto de la Guerra, y uno de los más sangrientos. Y la historia en que se basa la película es la del alzamiento de la bandera de Estados Unidos en la cima de una colina, y una fotografía de dicho acto que cambiaría la vida de tres de sus protagonistas, y de la post-guerra.

Un grupo de Marines al quinto día de asedio a la isla izaron la bandera americana. El acto fue una inyección de ánimos para los combatientes, que celebraron el acto. A uno de los Capitanes no le gustó la bandera, y pidió que se alzara una nueva, más grande. La fotografía de este segundo alzamiento, que no fue visto por la mayoría de los soldados, dio la vuelta al mundo como una imagen de triunfo frente a la adversidad (es la fotografía del poster de la película).

La fotografía instantáneamente que sus protagonistas se convirtieran en estrellas del momento en su país, lo que hizo que fuesen llamados desde el campo de batalla para participar de la otra guerra: la económica. Porque si hay algo que la guerra siempre produce, en cualquier circuntanscia, además de la muerte de gente inocente, es dinero. Y la falta de él. Resulta que Estados Unidos estaba quebrado, y la FED emitió tanto circulante que su valor real era mínimo. Para financiar al gobierno, los sobrevivientes hicieron giras para promover la compra de bonos del gobierno y darle liquidez al país en guerra. Finalmente, y aunque ellos no querían participar de estos “tours”, fueron en una parte responsables de que los fusiles dispararan balas y no aire.

Pero no hemos hablado aún del origen de la historia ni de sus protagonistas. Del batallón que participó en el alzamiento de la bandera, finalmente sólo sobrevivieron tres: los Marine Gagnon e Ira Hayes, más el doctor de marina John Bradley. La historia (y el libro) es la construcción de esta historia por el hijo de Bradley, que incluso es interpretado en el filme.

La película está construida en base a un relato no lineal que usa los flash-backs para contarnos lo que ocurrió con aquellos miembros del batallón que no lograron sobrevivir, y que son las vidas que atormentan una vez de vuelta en América a los sobrevivientes. También la película se encarga de desmitificar el rol heroico que la prensa y el gobierno le dio a los tres sobrevivientes, pues la entrega de sus colegas hacía que para algunos de ellos, principalmente para Hayes, el mote de héroe lo mortificara más de lo que lo honraba.

La postura de la película es que los soldados no pelean por su nación ni por las causas que acompañan a una guerra: al final, ellos pelean por sus compañeros de campo de batalla, aquellos que mueren en sus brazos, y aquellos que deben dejar atrás. Antes de esta película, otras intentaron decir lo mismo, pero en esta muestra la crudeza parece más viva que nunca, tanto durante el combate como años después. Lo atormentado que vuelve el soldado a la “vida normal” es un tema de la película. Y el “futuro” que les depara también.

En lo técnico, la película usa la tecnología digital para recrear los ataques, pero efectos prácticas para retratar la crudeza de las heridas. Hay momentos impactantes, en los que dan ganas de cerrar los ojos. También un párrafo aparte a la construcción de Estados Unidos en la post-guerra, y en el avance del tiempo en los personajes.

Así, tanto la forma de narrar como la historia que cuenta parece un aterrizaje más real de lo que la guerra finalmente produce, en todos los ámbitos de la vida de los soldados y de sus familiares, a la espera de que los hombres que zarparon de puerto nacional vuelvan vivos. Una historia completa, que mostró una historia que podría ser una anécdota en la rica tradición bélica de la humanidad, pero que su particularidad llama la atención, y al final emociona.

La opinión de este columnista sobre las películas bélicas no es la mejor, pero sin dudas esta es una que merece ser vista, por sus personajes, y porque es una crítica completa a la muchas veces glorificada guerra. Al final de la película, cuando se vuelve a proyectar la imagen de la bandera flameando, y a los soldados en la costa de Iwo Jima disfrutando de la camaradería, el director nos dice que lo que menos importa es qué bandera flamea en la cúspide del mástil: importa más aquellos con los que compartes la victoria, y a los que perdiste para conseguirla.

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