Mike Patton – The Place Beyond the Pines (2013)

Front

Estamos a 14 días de uno de los eventos musicales de mayor nivel que hayan pisado nuestro país. Hablamos del concierto que unirá a Mike Patton (tocando Mondo Cane) con la leyenda viviente, Ennio Morricone. Es por eso que en Revius dedicaremos las 2 siguientes entregas de nuestra columna de bandas sonoras a ambos artistas, partiendo por Mike Patton y su trabajo de este año en “The Place Beyond the Pines”.

(Nota previa: si bien la película fue estrenada el 2012, comercialmente fue lanzada el 2013).

La anécdota cuenta más o menos así. Derek Cianfrance, el director de la película, manejaba como cualquier día camino al trabajo. Al llegar a la Agencia William Morris, un agente se le acerca y le dice: “Oye, quiero que escuches a este nuevo sujeto que tenemos trabajando en las bandas sonoras, su trabajo es excitante”. ¿Cuál es su nombre?, pregunto Cianfrance. “Un tal Mike Patton”, dijo el agente. Cianfrance no necesitó escuchar una palabra más, ni tampoco un demo.  Si existe una palabra que resuma lo que Cianfrance siente hacia Patton es admiración. Por ello la propuesta de su agente fue un sueño hecho realidad. El mismo director ha contado que usaba los trabajos de Patton en Mr. Bungle en sus primeros proyectos, y tenerlo en esta oportunidad a su servicio era encontrarse con su ídolo de juventud.

Algunos medios definen a Patton como un “agnóstico de género”.  Un poco similar a Cianfrance, quien sólo en el último tiempo podemos encasillarlo en una narrativa más dramática (con el éxito de Blue Valentine el 2010). Si no están de acuerdo con la definición de Patton, hay muchas otras: personaje riguroso y ecléctico, esquizofrénico musical, y una larga lista de etcéteras. Todas ellas hacen cuenta de la versatilidad de uno de los músicos más prodigios de las últimas 3 décadas. Para ilustrarlos, les recomiendo ver el documental que 7mo Vicio hizo de Mondo Cane, y la excelente columna de Victor al respecto para Revius.  De esta forma, fanáticos-fanáticos de Patton, de esos de verdad, hay pocos. Porque para que te guste Patton tiene que gustarte todo tipo de música, y a veces la polivalencia es castigada injustamente por los oyentes.

Patton no es alguien nuevo en lo que a bandas sonoras se refiere. Algunos de ustedes lo recordarán por sus OST  de Crank: High Voltage (2009) y La Solitudine dei Numeri Primi (2010). Esas son las referencias que Cianfrance tuvo al momento de contactar a Patton en lo que a bandas sonoras se refiere. Ambos trabajos, en especial el último, no son algo que podamos definir como “común”. La construcción parte como todo trabajo de Patton, con sonidos comunes y corrientes, los cuales, sin un método específica, va llevando a composiciones. Por eso lectores de Revius, no esperen hoy una banda sonora sinfónica ni clásica. Por el contrario, hoy les traemos algo más rupturista, algo cargado a los ruidos de guitarras, cuerdas y pianos, pero con un matiz eléctrico o procesado. Quizás por lo mismo, comercialmente, esta banda sonora no fue un hit. Pero en lo que a críticas se refiere, estamos ante un trabajo de joyería que probablemente sea reconocido uno vez que los premios empiecen a anunciar sus nominaciones. Si los astros se juntan y las distintas academias e instituciones deciden premiar algo no mainstream, podríamos estar ante un caballo ganador.

Patton

Cuando director y músico se juntaron, gran parte del film ya estaba rodado. Ello no fue obstáculo para que Patton gozara de toda la libertad que quisiese. Al no verse obligado (como temía) a componer para escenas específicas, la conexión entre ambos fue creciendo. Y Patton, que de cine sabe mucho, apreció la forma en que Cianfrance se le acercó en un comienzo: desde un ángulo musical y no como director. En lo que al trabajo de Patton se refería, la música mandaba, y si tenían que hacer ajustes, sería a las imágenes y no al sonido. “Sólo haz tu música”, le pidió, pese a tener guión, escenas y primeros cortes. Eso, en otras palabras, es respeto. Por ello estamos ante un trabajo donde la exploración fue más importante que la certeza (por eso es necesario escuchar el disco completo para poder apreciar su magnitud). Y viniendo de Patton, el resultado iba a ser provocador en todas las hipótesis. Era una win-win situation.

Una atracción fatal como la que sintió Cianfrance en su momento es la que sentí yo al escribir esta columna. Debo reconocer que es por lejos la que más investigación tiene. Principalmente porque de él, de Patton, no sabemos nunca qué podemos esperar. Y el resultado es curioso, porque en un comienzo un disco que no había valorado (recuerdo tenerlo desde marzo) se presentó en una dimensión totalmente nueva. Así, un disco promedio pasó a ser uno de mis favoritos. Pero es todavía más curioso si les digo que lo que más me gustó en su momento es lo que más me decepciona ahora. Me refiero en específico al tema “The Snow Angel”, que podríamos decir es la piedra angular de este soundtrack, el cual, a diferencia de otros, no tiene un tema central. Esta canción llama la atención desde un comienzo porque es potente en el tráiler. ¡Pero sorpresa! Ella ya había sido usada por Patton para la banda sonora de “La soledad de los números primos”, y con ello muchas cosas cobraron sentido, pues sin ser diametralmente diferente, se nota que es una pieza distinta (por eso me gustó más en un principio) al resto de la composición y por ello más identificable.

El resto del trabajo es más atmosférico que narrativo. Si leyeron la columna de Up entenderán a qué me refiero. No van a encontrar personajes vinculados a temas específicos. Por el contrario. Patton, inspirado en Lex Baster, entrega una continua vibración de música, sin temas repetidos, sin coros (sí voces) o riffs. Los cambios de acordes son suaves pese a que en términos de instrumentos son radicales. Así, podemos pasar de pianos a guitarras eléctricas sin notarlo en lo que a la historia se refiere, siendo un verdadero ajuste de cuentas entre los protagonistas, pues Patton no se complica en no ser el foco de atención si lo que estamos creando es arte.

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Ejemplo claro de lo que les hablo es “Schenectady”, la canción que abre el disco y que se encuentra inspirada en la ciudad donde se ambienta nuestra película. Este tema,  que parte con las voces (yo no me atrevería a decir que son coros, pues no dicen mucho), se transforma sutilmente cuando incorpora cuerdas, terminando en una guitarra eléctrica prominente que pese a todo se siente muy elegante. Estos son, junto al piano, los elementos que marcan el disco, y que no se presentan en su totalidad en “The Snow Angel”, lo que confirma nuestra tesis en cuanto forma parte de una composición distinta. En la línea de “Schenectady” está  “Bromance”. Nuevamente cuerdas muy intensas (que esta vez duran sólo segundos), para luego dar paso a un hermoso piano.

Debido a las restricciones de SoundCloud no pude incorporar ciertas canciones que me parecen destacables. Una de ellas es “Handsome Luke” que aparece al final de la película. Esta canción comienza con un piano que luego se transforma en un interesante tema donde resalta el coro y ciertos efectos eléctricos. Luego un piano se queda pegado como en un ruido de accidente. Es entonces cuando entra una percusión bastante rústica que parece sonar en un sótano, terminando con una serie de sonidos que evocan tensión. Esa es la gracia de Patton. Construye música a partir de ruidos cotidianos. Es sin dudas la más atrevida, la más “Pattonesca” de lo nuevo (todo menos “The Snow Angel”), por ello les recomiendo que pasen por el link.

Mención aparte la excelente elección de otros temas que acompañan la obra de Patton, todos elegidos por Cianfrance, como “Ninna Nanna per Adulteri” de Ennio Morricone (vaya coincidencia, pudo ser un preludio de la reunión de noviembre), la versión de “Miserere Mei” de Vladimir Ivanoff, y “The Wolves”, del grupo indie Bon Iver, entre otros.

Patton fue capaz de unir los distintos momentos generacionales de gran manera.  La música se acopla a la idea de legados y pasados que persiguen que marcan la trama del film.  Todo tiene un final, hasta la peor de las historias, sea éste bueno o malo. No voy a contarles si el final es feliz o triste,  sólo puedo asegurarles que la música transmite esa emoción con claridad. Así, este disco constituye otra obra maestra de Patton, un ejemplo que la obsesión, el buen gusto y el talento son elementos que pueden juntarse exitosamente creando arte y emociones, que es lo que busca la música. Bueno, al menos la música de verdad  y no aquella comercial de las nuevas generaciones.

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