Letters from Iwo Jima (2006)

IFEntrega en el marco de nuestro Especial Oriental. Hace un par de semanas comentamos la película “hermana” de ésta, Flags of our fathers. “Cartas de Iwo Jima” es la historia del General del Imperio Japonés Kuribayashi, interpretado por Ken Watanabe, y las cartas que los soldados escribieron durante la defensa de la estratégica y sagrada isla. Pero es la historia también del concepto de honor durante la guerra, el objetivo de pelear, la desesperación, y el heroísmo, pero sin casarse con el concepto fácil que invocaría la película bélica clásica.

Si tuviésemos que definir “periodísticamente” la película y su trama, hay dos palabras: “tensa calma”. La fuerza japonesa defiende la isla, por lo letal que sería su posesión en torno a las islas mayores, por parte de los Estadounidenses. Ahí, las tropas se alistan para recibir a un contingente feroz de soldados, sin contar con los medios ni las tropas adecuadas. Ante esta tragedia más que probable, el General, con pasado en la tierra del Tío Sam, intenta descifrar cómo atacarán y tomarán la isla, para intentar maximizar sus esfuerzos y dañar a la ofensiva americana.

Kuribayashi tiene un modelo de mando más “liberal”, en contraposición al “código de honor” oriental, del cual son presa los soldados, en específico uno que nos interesa: Saigo, un pastelero llamado por el Imperio a servir a su país, y nos enteraríamos que en medio de una terrible escena de maltrato, fue degradado a defender la isla (casi una sentencia de muerte), por no obedecer a su superior que le mandó matar a un perro que ladraba. Luego sabríamos que dicho perro era del General Kuribayashi.

La formación liberal-americana del General es conflicto constante con los códigos que dictaba la tradición oriental, y eso lo hizo, por un lado, rozar con el ala conservadora en cuanto a las sanciones en contra del capital humano, y por consiguiente, traer desconfianza en sus subalternos. El General montó un plan de defensa en el cual contaba con la ayuda del Imperio para reforzar la isla en medio del asedio americano, cosa que sabríamos, no ocurrirá.

En paralelo, se desarrollan bastantes historias humanas que nos muestran el extremo comportamiento que motiva la guerra, y el ver que la derrota es segura. Por un lado, se preparan para pelear. Por otro, para morir. La muerte los seduce durante toda la película, como la fotografía en sepia que sirve para mostrar esta historia, donde pareciera que las sombras son parte del elenco. En este ambiente, dentro de cuevas, y viendo la muerte aproximarse, es el que acompaña a Saigo cuando escribe las cartas que inspiran la película, entre otras. Son cartas en las que narra la vida y la esperanza cada vez más nula en salir de ahí.

Mientras, las noticias son cada vez más desoladoras: saben que algunos puntos claves han sido destruidos, la comida escasea, el agua es inexistente, y los conflictos personales son cada vez más altos. La mayoría que intenta desistir, lo hace con honor: suicidándose, muriendo en el campo de batalla con honor. Otros, no están de acuerdo con el mal llamado honor, y buscan la rendición, para darse cuenta de que aquel bendito derecho en medio de la guerra, sólo es facilitar la muerte, pero esta vez en manos del enemigo.

La tensión y el debate son parte del ambiente que logra la película en el espectador. Una película engañosa, en la que buenos y malos parecieran no existir, y es la humanidad del ser en los personajes la que decide los bandos por los cuales estar a favor o en contra. La desesperanza, que uno podría pensar que es artificial, uno la siente real. El sueño quebrado, pareciera que nunca estuvo entero. Finalmente, Letter from Iwo Jima nos enseña una cultura distinta, una forma de afrontar la derrota con el enemigo, y que sus consecuencias no son caricaturas, son conflictos que van más allá de un debate personal. La película, en medio de los hermosos planos de batalla, una película impecable en lo técnico, nos plantea que la vida fuera del combate grande no es la gran motivación para pelear, es algo por lo cual resignarse, y las películas donde el héroe vuelve a casa a saludar a sus hijos, parecieran ser intentos infantiles de situarnos en las expresiones más horrorosas de la humanidad.

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