Seven Samurai (1954)

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Me toca dar cierre al especial dedicado a las riquezas de Asia, con una obra cumbre de la humanidad. A menudo miramos listas y rankings de las mejores películas de la historia, y nombres como Citizen Kane, Vertigo, The Godfather, y otros filmes occidentales saltan de inmediato a discusión, pero sin dudas uno de los protagonistas máximos de dichos listados es Seven Samurai, la obra más popular de Akira Kurosawa, quizás el máximo autor japonés del siglo pasado, en un siglo que tiene exponentes de talla mayúscula. Acompáñenos a descubrir por qué la historia de los 7 guerreros es, en sí misma, una pieza imprescindible.

La historia, en categorías actuales, sería descrita como un filme épico-bélico de época. Está contextualizada en el Siglo XVI, un periodo en el que el poder central era débil, y la inseguridad social se apoderaba de los pueblos. Nuestra película está sin dudas enmarcada en dicho sentimiento de injusticia reinante, y más que eso, de resignación ante los poderosos.

La aldea en la que vive nuestro trío de campesinos, que al comienzo del filme discuten sobre cómo afrontar esta constante amenaza que es un grupo de bandidos galopantes, está desolada y sin fuerza socialmente organizada. Dichos productores de alimentos no pueden sino ver cómo el fruto de su trabajo les es despojado por estos cuatreros. Cuando la resignación se apodera del debate público, el anciano del lugar rememora la forma en la que las aldeas de antaño sobrevivieron a amenazas parecidas.

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Contratar samurai, estos guerreros sin maestro que poblaban los caminos del antiguo Japón, y que eran la fuerza militar por excelencia en dichos tiempos. Guerreros armados con sables, y que tenían códigos de honor muy altos. Es un trío de aldeanos los que son encargados de conseguir 4 samurai para proteger la villa, cambiando la mentalidad de un pueblo que no estaba acostumbrado a armarse.

Rikichi es quizás el que encarna mejor esa sorpresa por la decisión, pero en especial la majestuosidad con la que el director quiere mostrar a los samurai, por un lado, y su naturaleza caprichosa, por otro. Los samurai sabían que eran apetecidos, y sus intereses y ambiciones siempre eran las propias, salvo que sirvieran a algún castillo. Esta verdadera casta superior es mirada con recelo por los aldeanos, lo que provoca rechazo por no pocos de los habitantes de la villa, como veremos el día en el que llegan ahí.

Casualmente se encuentran con un Samurai que se presenta tímidamente en la trama, y es quizás una de las innovaciones que el director hace en la época e influye en el cine a futuro: presentar a su protagonista en condiciones secundarias. Nuestro protagonista es Kambei, un guerrero que ha sido formado por la derrota, y que sabremos que tiene un talento militar envidiable. Opera como líder del grupo, y tras la súplica de los aldeanos, que sólo tienen para ofrecer 3 comidas diarias mientras dure la misión, él acepta conducir la empresa, más por la nobleza y desesperación de la aldea, que por una ambición personal. Lo que cambia la mentalidad de muchos, es que mientras ahorraban el arroz para dárselo a ellos, los aldeanos comían raíces.

Pero no sólo llama la atención de los aldeanos nuestro protagonista, en su heroico rescate de un menor, cuando nos es introducido en la película. Katsushiro, un joven inexperimentado, que aspira a convertirse en samurai, quiere unírsele como aprendiz. Ante el rechazo inicial, acepta que se sume al grupo de guerreros que combatirán en la aldea.

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El problema para los aldeanos y Kambei es que el pago es ínfimo, y los samurai, como se nos recalca en la primera hora de película, son vistos como guerreros caprichosos. Es la modesta paga la que motiva al resto de los maestros de la katana que se unen al templado Kambei. Entre ellos, resaltan Gorobei, un maestro de la espada y del arco, que es quizás la fuerza militar más importante del grupo, y Kikuchiyo, un guerrero que no es noble, pero que a punta de humor se gana el corazón del resto, y del público. Los otros 3 aportan por su buen humor también, algo de lo que hablaremos más adelante.

Cuando los samurai llegan al pueblo, son recibidos con indiferencia y temor. El más alto de los temores es el de Manzo, que hace que su hija se vista como un hombre para que los samurai no la “seduzcan”. Manzo ocultaba una historia muy deshonrosa: saqueaba a los samurai vencidos, y guardaba mucho de su equipamiento en su hogar, lo que es mirado con rechazo por los 7. 

Un sub-arco se abre con la introducción de la hija de Manzo y el joven Katsushiro, que sirve para romper el código social de superioridad/temor por los samurai, y que le aporta también un tono de humor/drama a la reacción del pueblo por dicha relación, que ocurrirá en un momento climático de la cinta.

Luego, la película pasa a su segundo acto: la planificación de la defensa de la villa. Kambei ayuda a fortalecer las murallas, a desviar los caminos hacia el centro del pueblo, a armarse a los aldeanos, y finalmente, a combatir a los bandidos. Es en este punto que ocurre una de las cosas que más me gusta de la película: los aldeanos no son figuras trágicas, son seres profundamente ambiguos en lo valórico. Son oportunistas, mentirosos, y mezquinos. Aquí no están defendiendo a un pueblo justo, porque la humanidad no es justa. Están defendiendo a seres humanos, tan blancos como negros.

Y luego, la confrontación final en el centro de la aldea. El acto climático, la develación del romance prohibido, con la consecuente caída de la credibilidad de los samurai entre los aldeanos, y la lluvia complementando esta batalla final; el acto heroico de Kikuchiyo, Gorobei, y el alza de la aldea sobre los bandidos. Un acto que culminaría con una escena desconsolante en que se ven las tumbas de nuestros samurai vencidos, con la bandera de los 7 flamenado, y Kumbei aclarando lo que todos sabemos: en esta batalla, ni en guerra alguna, hay ganadores, hay sobrevivientes. En este caso, Kumbei cree que los aldeanos han salido beneficiados, pero ellos, los 7, esta compañía motivada por el deber del samurai y la compasión devenida en deber, ha visto ver a 4 de sus guerreros caer en la batalla.

"The Seven Samurai" - Funeral Scene: A Shot by Shot Analysis

Si hay algo que me gusta de esta película es la alegría que inunda la trama, lo que se contrapone con la cantidad de momentos dramáticos que viven los protagonistas. Pareciera que toda la planificación de la defensa de la villa es hecha en armonía entre los atemorizados aldeanos, y los antes vistos con recelo samurai. Esta relación “utilitarista” no cambia, pero su tono es relajado, quizás porque es necesario que la moral no decaiga.

No podemos no referirnos a Takashi Shimura. Un hombre que evoca en su personaje, Kambei, majestuosidad y justicia, el temple del héroe, pero un héroe cuya arma es la inteligencia, más que fuerza física. Es un liderazgo espontáneo, pero consciente. Soberbia interpretación del actor, que con una actuación más contenida que histriónica, construye un personaje querible. Mismo trabajo hace Toshiro Mifune con el incorregible Kikuchiyo, este samurai hecho fuera de la línea de sangre (y social) que incluso ha falsificado datos de nacimiento para ser aceptado como un par. Su forma de inclusión en el grupo queda marcada en la bandera, y cuando flamea, uno no puede sino sonreir al ver el distintivo de su presencia. Su discurso es una carta de resumen de lo que significa la película.

Kurosawa inspiró y se le atribuye a la creación técnica de muchos recursos con esta película, como los sub-plots, la presentación tenue de personajes, su estructura narrativa, y una cantidad impresionante de homenajes, tributos y plagios, que han devenido en nuevos géneros cinematográficos, incluso.

Podría seguir comentando esta película en muchos párrafos más. Es un filme de acción, épica, dramática, comedia, y reconocidamente hecha para ser un éxito comercial. Kurosawa nos regala un filme imperdible, que cuestiona códigos antiguos de honor, y mira al heroismo aterrizando al héroe, y a los socorridos. Cuestiona los códigos sociales impuestos, los prejuicios positivos y negativos, y el determinismo en castas profundamente marcadas. Una película que en 3 horas y media te hace pasear por el sentido del ser humano.

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2 comentarios

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