Killing Season (2013)

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Dos veteranos de la guerra de Bosnia, ambos con atrocidades a su haber y problemas en sus conciencias, se “reencuentran” en Alaska para un juego de gato y ratón donde no sólo se enfrentarán entre ellos, sino que a los fantasmas de su pasado. Esta es la premisa de “Killing Season” o “Tiempo de Caza”, película que se estrena en Chile esta semana.

Lo establecido en el párrafo anterior describe perfectamente esta película que junta a Robert De Niro y John Travolta en pantalla. Ambos actores tienen muy buena química, se complementan bien y ciertamente son lo mejor del metraje. El problema es que el resto del filme está lleno de indecisiones sobre qué clase de película quiere ser y qué historia quiere contar, lo que le termina pasandole la cuenta, especialmente en el último cuarto de película. Cuánto de esto puede recaer en el director Mark Steven Johnson (Daredevil, Ghost Rider), es algo que se puede discutir, pero ciertamente deja que desear.

La película nos cuenta primero, en forma de flashback, los hechos ocurridos en la guerra de Bosnia, desde la perspectiva de un pelotón norteamericano que, luego de liberar un campo de concentración de limpieza étnica, decide eliminar sistemáticamente a los torturadores a cargo: un grupo paralimitar conocido como los “escorpiones”. En vez de, digamos, tomarlos prisioneros y que un tribunal los juzgue por crímenes de guerra. Olvidándonos del derecho internacional y del debido proceso un rato, es este hecho el que marca la pauta de la película, puesto que el oficial a cargo del pelotón norteamericano era Robert De Niro, y el único sobreviviente de los “escorpiones” (y que resistió un balazo en la nuca, because of reasons) es Travolta.

Saltamos varios años después y nos encontramos con Emil Kovac (Travolta), que luego de sobrevivir y rehabilitarse, tiene sed de venganza. Gracias al siempre benevolente mercado negro, consigue las identidades de todos los miembros del pelotón estadounidense, por lo cual decide salir “de caza” y ejercer la autotutela contra aquellos que acabaron con la vida como la conocía, de forma deshonesta como considera él.

Como era de esperarse, Kovac viaja a Alaska, haciéndose pasar por un turista en busca de cazar alces y se encuentra con Benjamin Ford (De Niro), retirado de la vida militar y de todo contacto con el mundo exterior, viviendo en reclusión personal, no sólo debido a las situaciones ocurridas en la guerra, sino además porque su esposa lo abandonó hace unos 20 años, situación con la que no supo lidiar y que llevó su vida cuesta abajo, afectando esto la relación con su hijo Chris (Milo Ventimiglia, el recordado Peter Petrelli de “Heroes”) y la familia de éste, todo lo anterior en vísperas del bautizo de su nieto (aquí nos enteramos que, a todo lo anterior, Ford tiene una crisis de fe, y está alejado de todo mundo eclesiástico -lo que no es malo-).

Luego de aparentar un poco y disfrutar una cena y tragos (donde descubren un aparente amor mutuo por Johnny Cash y su tema “Don’t Take Your Guns to Town”), aparece la verdadera naturaleza de Kovac, y comienza la cacería y un duelo entre los dos por sobrevivir.

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En este punto se hace necesario hablar un poco de Travolta. Considerando que las últimas noticias del protagonista de Grease y Pulp Fiction últimamente han sido más por su vida personal que por otras cosas, es un tanto reconfortante verlo en un filme otra vez.  Aunque su participación en el mismo es un tanto extraña. Se nota que el personaje fue escrito con él en mente (de hecho, la idea original de la película, era que fuera una secuela “espiritual” de “Face-Off”, y que frente a Travolta estuviera Nicolas Cage y no De Niro), y lo “desquiciado” del personaje, hasta le acomoda a Travolta. El problema principal respecto al mismo, es su acento. Puede parece algo menor para algunos, pero el falso acento “serbio” (que al final suena como la versión estereotípica de Hollywood de que toda la gente de Europa del este deben sonar como rusos) de Travolta es realmente incómodo, distrae, se siente falso, y le quita peso a su personaje. Es difícil tomar en serio a un personaje que cada vez que abre la boca suena como una caricatura estereotípica de algún europeo oriental versión made in the USA. Si uno logra pasar por alto eso, y concentrarse en el personaje y sus dilemas, además del carisma inherente de Travolta, es realmente interesante y da para pensar que podría haber sido mucho más.

De hecho, esa es la sensación generalizada que deja la película, que teniendo el potencial pudo ser mejor, pero se queda corta. Tiene dos actorazos en los papeles principales, con una innegable química en pantalla (y me dio para pensar que quizás si los pusieran en una buddy-cop movie humorística, no lo harían mal) y una premisa interesante: mostrar el efecto traumático que los conflictos bélicos tienen en la gente. Sin embargo, al intentar la película ser muchas cosas al mismo tiempo -a saber, un examen de dichos efectos traumáticos, un thriller, una película de acción de la vieja escuela (y en algunos pasajes, un comercial de Jägermeister, debido al product placement demasiado evidente por parte de la conocida marca de licor herbal)- no sabe bien qué es lo que quiere, lo que es culpa de la producción de la película. De Niro y Travolta hacen lo mejor que pueden con el material y, como he dicho ya, son lo mejor de la película.

Otros puntos a destacar, por ejemplo, son la fotografía y cinematografía de la película, y es que, aprovechando el paisaje de Alaska, es difícil que esta locación no vaya a brillar por su hermosura. Sin embargo, que se aprecie bien no es tarea fácil, por lo cual la labor en este aspecto es destacable. Aunque sí se puede criticar un punto que, quizás para algunos les puede parecer una pequeñez, pero es el hecho que cada tanto tiempo aparecen escenas donde un cóndor de los Andes sobrevuela el paisaje. Y bueno, como el nombre del ave lo indica, esta especie no habita Alaska.

Otro punto que resalta cuando aparece es la banda sonora, particularmente las piezas en las que interviene el famoso chelista y cantante norteamericano Ben Sollee, que le da un toque especial a la atmósfera del filme.

En resumen, “Tiempo de Caza” es una película que mostraba un tremendo potencial y ambición, pero que al final se queda corta en su ejecución al no saber exactamente qué tipo de película quiere ser, siendo esto evidente en el último cuarto de la película (perfectamente podríamos aplicar el refrán “quien mucho abarca, poco aprieta”. De Niro y Travolta sostienen bien el peso de la película, y bien vale la pena verla por la química que los dos tienen en pantalla, que junto a algunos aspectos técnicos ya descritos, son lo mejor del filme.

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