The Hobbit: The Desolation of Smaug (2013)

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La última vez que vimos a Bilbo, Gandalf, Thorin y compañía habían escapado gracias a las Águilas, de un ardiente enfrentamiento al este de las Montañas Grises. Bilbo, por su parte, había encontrado algo más que “su coraje” en los túneles bajo las montañas. Acompáñenos en esta revisión de las aventuras de nuestros protagonistas con elfos, arañas, orcos, barriles y demases, después del corte. Esta reseña incluye algunos spoilers, por si ud. no la ha visto, o ha vivido bajo una piedra todo este tiempo y no ha leído el libro.

En general, la recepción de An Unexpected Journey fue divisiva, cargándose hacia el lado positivo de la fuerza; esto ocurrió no solo entre los fans de la trilogía de The Lord of the Rings (y de la obra original del profesor Tolkien), sino que también entre la crítica y, por supuesto, la opinión del espectador común. Sin desmerecer su éxito económico (miles de millones de dólares tanto en EEUU como internacionalmente), la respuesta de la crítica a la anterior película no estuvo al nivel de la trilogía original; pero, ¿cómo podía serlo si el material en que se basan es distinto, tanto en extensión, profundidad y en el tono mismo? Aquí yace una de las más comunes críticas a las películas de El Hobbit: se debaten incesantemente entre dos realidades distintas – una ligera aventura fantástica y colorida, y una épica que relate la historia que antecede a El Señor de los Anillos (debido a la inclusión en la trama de elementos de los apéndices de la obra de Tolkien, que llenaban el vacío entre ambas obras). El problema es que en An Unexpected Journey dicho choque de tonalidades no fue resuelto de forma convincente y el resultado final sufrió por ello; algunos críticos esperaban algo similar a la trilogía, olvidando que El Hobbit es un libro infantil. ¿Pasará lo mismo en The Desolation of Smaug?

Más allá del prólogo que inaugura el filme, los primeros veinte minutos son una continuación directa de lo sucedido en AUJ, presentado de forma frenética y sin respiro. Para una persona que no ha visto el primer filme sin duda que el comienzo resultará confuso – aunque, ¿irá a verla alguien que no ha visto la anterior?. El punto se mantiene: el inicio de la cinta se ve damnificado por el cambio de 2 películas a 3 que sufrió la adaptación.
La acción comienza con el grupo escapando de Azog y sus orcos, teniendo un peligroso encuentro con Beorn, el cambia-pieles; sin embargo, es el mismo Beorn quien se convierte en su huésped unos momentos más tarde. Profundizando la crítica anterior: las escenas con Beorn son lamentablemente breves (sin duda, encontraremos más de ellas en la Edición Extendida); más aún si se considera que en el libro el encuentro con Beorn y el alojamiento en su morada son fuente de respiro y aprovisionamiento después de todas las escaramuzas con orcos y trasgos; en la película, lamentablemente, son solo unos superficiales momentos de “calma” antes de saltar a la siguiente escena. De todas formas, vale la pena destacar la breve aparición de Mikael Persbrandt, ya que el actor sueco y su imponente presencia dominan todas las escenas donde aparece.

Después de este break, la compañía retoma su viaje, llegando a los lindes del Bosque Negro. Aquí Gandalf se separa y continúa su misión en otros lados de la Tierra Media, mientras los enanos y el hobbit deben cruzar el Bosque para llegar a Erebor. Esta transición es la que en el libro original se hacía, casi como para marcar el cambio de acto (sumado al carácter episódico de libro), donde no se sabía el destino de Gandalf. El material de los apéndices de ESDLA es utilizado por Jackson para mostrar los viajes de Gandalf, primero, a la tumba de los nueve reyes que se convirtieron en los Nazgul, y luego, junto a Radagast (Sylvester McCoy, el séptimo Doctor, quien vio sus escenas disminuidas, probablemente debido a la recepción negativa de parte de la crítica a su presencia en AUJ), van a la antigua fortaleza de Dol Guldur, lugar donde un Nigromante había tomado posición. Dicho Nigromante (encarnado brevemente por Benedict Cumberbatch, en uno de sus dos roles en esta trilogía), no es todo lo que parece, y así lo descubrirá, imprudente y temerariamente, nuestro querido Mago Gris. Lo cierto de estas escenas, utilizadas por Jackson para unir ambas trilogías es que, si funcionara como en el libro, y dichas escenas no estuvieran, no afectaría en nada la película. Esto no significa que sean malas, todo lo contrario, nunca nos cansaremos de ver a Sir Ian McKellen en el rol del mago más querido de Revius (siempre con el respeto de los otros integrantes de esta página, cuya posición es minoritaria); pero están añadidas más para apelar a los fans, y como un constante recordatorio de que son eventos previos a la Trilogía de ESDLA, más que como un aporte a la historia misma de El Hobbit.

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El Bosque Negro está lejos de ser el Gran Bosque Verde de antaño – una sombra recubre cada rincón, espesa y tangible. El aire mismo parece estar imbuido de encantamientos oscuros. En una gran escena, los hobbits y Bilbo pierden el sendero élfico que debía llevarlos a través del Bosque, cayendo presa de la desorientación y del letargo.
Aquí hacen su aparición las repugnantes arañas del Bosque Negro, en una escena que de seguro le provocará urticaria a más de un aracnofóbico. Bilbo aprovecha el poder del Anillo para atacar a las Arañas (y escuchar sus conversaciones) pero es insuficiente: tan solo la aparición oportuna de los elfos puede salvar a la compañía de una asquerosa y pegajosa muerte. Nos detenemos brevemente en una escena en la que Bilbo da muerte a una “pequeña” araña y su reacción posterior: los efectos del Anillo se hacen tangibles cada vez con más intensidad. Martin Freeman sigue demostrando por qué fue una gran elección para el papel de Bilbo.

Es necesario detenerse en el papel que los elfos cumplen dentro de TDoS. Sin duda la escena en la que los enanos son transportados a los salones de Thranduil, el Rey Elfo, está filmada de un modo evocativo de la llegada a Rivendell de la Compañía del Anillo en The Fellowship of the Ring, pero más allá de un parecido superficial, Thranduil y sus súbditos no son muy parecidos a sus parientes. En particular, el ambiente mismo de Mirkwood es bastante distinto al de Lórien: mientras el “bosque dorado” parecía sumergido en una burbuja atemporal, lleno de una magia ancestral, el reino de Thranduil es mucho menos esplendoroso y majestuoso. Lothlórien era la triste belleza de la decadencia prolongada de los Elfos; el de Thranduil es, a falta de otros epítetos, solo un reino élfico en la Tierra Media.

Thranduil es un buen punto de comparación con Galadriel y Celeborn – menos imponente, menos sabio, menos poderoso, pero no menos peligroso. Posee un poder mayor al de los humanos y hobbits y, quizás, hasta de los enanos – lo que queda demostrado en una breve escena en la que le demuestra a Thorin el verdadero daño que ha sufrido batallando contra dragones. El poder de la ilusión es fuerte entre los elfos, y Thranduil conoce la importancia de mantener las apariencias. La actuación de Lee Pace (The Fall, Pushing Daisies) como Thranduil es uno de los puntos fuertes de la película, pese a su breve presencia, principalmente de la forma en que encompasa una arrogancia que proyecta tan bien como la ilusión que protege la cicatriz de su rostro, pero que esconde una personalidad distinta.

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En el reino de los elfos la película nos presenta una especie de triángulo amoroso, que finalmente es menos prominente de lo que los más puristas temían, entre Kili (Aidan Turner), el “galán” de los enanos, junto a la elfa Tauriel (Evangeline Lilly, creación original de Jackson), y a un conocido nuestro, Legolas (Orlando Bloom). Obviamente todo esto bajo el marco de odio entre elfos y enanos. Este triángulo tiene un par de escenas adorables, que más de algún suspiro sacan entre la audiencia, pero que no es tan importante para la trama general, sirviendo para trazar paralelos, no sólo con la historia de Beren y Luthien en el imaginario de Tolkien, o con el triángulo de Aragorn-Arwen-Eowyn de la primera trilogía. Con todo, este triángulo amoroso será un elemento de arduo debate entre los puristas y aquéllos que consideran a las películas de El Hobbit como un mundo aparte.

Posteriormente, viene una de las mejores escenas del filme, cuando Bilbo y los Enanos escapan del Reino de Thranduil vía barriles. Una simpática escena en el libro es transformada en una gran escena de acción, con una buena dosis de humor y efectos especiales de alta calidad; para muchos, es lo que las escaramuzas en los túneles de los trasgos en AUJ debieron haber sido. Luego de escapar tanto de elfos como orcos, el encuentro con Bardo (Luke Evans), no sólo un gran arquero, sino que barquero y una especie de revolucionario, y el arribo de los enanos a Esgaroth, la ciudad de lago, a los pies de Erebor, la montaña solitaria. El objetivo de Thorin y los suyos, cada vez más cerca.

Como esta reviú no tiene intención de ser un mero resumen de lo sucedido en la película, damos paso a ciertas observaciones generales de la película dejando a salvo gran parte de la trama. Siempre es mejor experimentarlo en primera persona que leer el resumen.

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En primer lugar, no podemos sino mencionar el enorme trabajo de Benedict Cumberbatch como Smaug: no solo en cuanto a su voz, sino también en cuanto a captura de movimientos. Cumberbatch transmite perfectamente la malévola soberbia de Smaug y su intelecto superior. Su voz es el reflejo perfecto de la codicia desinhibida de una de la criaturas más poderosas de la Tierra Media. Físicamente, además, el Magnífico es imponente y sorprendentemente ágil para una bestia de su tamaño – el encuentro con Bilbo es una de las mejores escenas de todas las adaptaciones de la obra de Tolkien realizadas por Peter Jackson. Demás está decir que el trabajo gráfico de WETA es impresionante y, así como Gollum fue un punto alto de AUJ, Smaug sin duda lo es en su película. Desde la primera vez que vimos a Gollum hasta ahora, han pasado más de 10 años, y una multitud de personajes realizados en CGI en muchas películas. Sin embargo, Smaug probablemente sea el mejor personaje digital en engalarnar la pantalla grande, justamente desde el que fuera encarnado por Andy Serkis. Punto aparte, la copa de Smaug, un detalle con el que el dragón estaba obsesionado en los libros, y que hace una pequeña aparición en la mano de Bilbo.

Pero no todo es tan espectacular y, por lo mismo, no todo está exento de críticas: a nuestro parecer, la película cae un poco en el uso excesivo del CGI para demostrar la innegable efectividad élfica en combate; habría sido un poco mejor si tal vez Tauriel u otro elfo realizara movimientos similares en vez de dejarle el peso del combate a Legolas.
Asimismo, ciertos personajes como el ya mencionado Beorn, o el gobernador de Ciudad del Lago (interpretado graciosamente por el gran Stephen Fry) se vieran un poco “pasados a llevar” por la gran cantidad de sucesos que se desarrollan durante la película, incluyendo la anteriormente mencionada misión de Gandalf en Dol Guldur. Ojalá podamos ver más de estos personajes en la versión extendida ya que dejan un buen sabor de boca con sus lamentablemente breves apariciones en pantalla. De esos personajes, el que quizás sale más airoso es Bardo, un hombre respetable dentro de Ciudad del Lago y que se ve injustamente tratado por las corruptas autoridades de su pueblo. Si uds. han leído el libro, sabrán que el momento de brillar de Bardo viene en camino.

Por último, podríamos decir que The Desolation of Smaug sufre, en cierto sentido, del mismo mal que aquejó a The Two Towers en la trilogía original: su condición de “punto medio” en la trilogía significa que está irremediablemente encadenada a la primera película, y al mismo tiempo, presenta una serie de tramas que tan solo serán resueltas en la siguiente. En el mismo sentido, y tal como TTT, el enfoque de la película es levemente distinto a su predecesora inmediata: en The Desolation of Smaug Bilbo pareciera tener un rol un tanto menor al que tuvo en AUJ, mientras se le da un poco de mayor preponderancia a ciertos miembros de la compañía de enanos (y a Gandalf en su misión solitaria). Aún así, los enanos, con la excepción de algunos que toman más protagonismo, a saber, Thorin, Balin, Kili, Bombur, Gloin y Bofur, el resto sirven el mismo rol que en AUJ, simpáticos y carismáticos, pero con poca participación en general. Con todo, The Desolation of Smaug es una excelente y dinámica película que entretiene, sorprende y emociona. La banda sonora de Howard Shore como siempre acompaña cada una de las escenas de forma magistral, y aquí experimenta con algunos nuevos sonidos, como lo son en la música de Esgaroth, o en el tema que acompaña a Smaug. Esperamos que esta trilogía llegue a su poderoso clímax en There and Back Again, película que no solo concluirá con los eventos de El Hobbit sino que, lo más probable, se encargue de unir definitivamente esa historia con El Señor de los Anillos.

Reseña escrita en conjunto por Camilo y Marco.

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