[Mentalidad Televisiva] Sherlock S03E03: His Last Vow

magnussen

Quién iba a pensarlo. Hace tan solo una semana y media atrás todos estábamos expectantes por la llegada de la tercera temporada de Sherlock, y hoy lamentamos su término. Fue todo tan rápido que ni tiempo hemos tenido para verdaderamente digerir los capítulos que componen esta temporada; una suerte de montaña rusa de emociones, el paso de la temporada fue fugaz pero memorable.

Aunque, para algunos, por razones distintas a las esperadas.

En este tercer y último episodio de la serie (hasta ahora), vemos cómo ciertos elementos presentes en los dos capítulos anteriores llegan a un clímax lleno de intriga y, sobre todo, de emoción. No se pierda la reseña (con SPOILERS) de His Last Vow después del corte, solo en Revius.

La tercera temporada de Sherlock es, sin dudas, un bicho raro. Como ya había mencionado en la columna anterior, el tono de la serie había sido un poco menos “serio” que en las dos temporadas previas: un poco más de auto-referencia, un poco más de irreverencia y de subversión de expectativas, una pizca de quiebre de la cuarta muralla, una dosis de humor mucho más generosa que de costumbre… todo lo anterior había desencadenado la molestia (comprensible) de espectadores más pendientes de misterios bien construidos que de la caracterización excéntrica del personaje de Benedict Cumberbatch, o de la suerte de “culto” que la fanaticada en internet le rinde a los protagonistas. Algunos incluso habían vociferado que la serie se había vuelto una parodia de sí misma en los últimos dos capítulos y, aunque dicha opinión no es compartida por quien escribe, no resulta tan descabellado ver el por qué.

Todo esto cambia con His Last Vow. El capítulo es, por así decirlo, la concreción de lo presentado en los capítulos anteriores, la suma de las partes, el resultado de una laboriosa (pero no necesariamente minuciosa) construcción desarrollada a través de las 3 horas que habíamos visto. Sin The Empty Hearse y sin The Sign of ThreeHis Last Vow no tendría sentido. Y al mismo tiempo estos tres capítulos derivan su fuerza de lo sucedido en The Reichenbach Fall: la caída de Sherlock, su muerte falsa y su largo viaje es algo tan crucial que no se podría entender el desarrollo de los personajes sin éste. Podría decirse que es una suerte de muerte y resurrección, si somos generosos.
Sherlock volvió de la “muerte” a descubrir su humanidad.

¿Cómo no podría ser este episodio sino la realización de las promesas anteriormente pronunciadas, cuando Sherlock realizó su primer y último juramento al final del capítulo anterior? “I’ve never made a vow in my life and after tonight I never will again, so here in front of you all, my first and last vow. Mary and John, whatever it takes, whatever happens, from now on I swear I will always be there, always, for all three of you“. El grueso del capítulo es, precisamente, Sherlock intentando cumplir con esa promesa – aunque no de la forma que él esperaba ni bajo las circunstancias ideales.
Su promesa es, a su vez, la realización de una cuestión que venía gestándose desde el momento en el que se conocen y que se ve precipitada por su Caída: el progresivo derrumbe de las murallas que lo rodean y un verdadero acercamiento a otro ser humano más allá de su familia. Sherlock empieza la serie como una versión más joven (y activa) de su hermano Mycroft: una suerte de príncipe encerrado en una torre de hielo, ajeno al mundo cotidiano de humanos “ordinarios” que lo rodean, desinteresado en formar parte de dicho mundo.

Sherlock termina la tercera temporada habiéndose sacrificado (en cierto sentido) para proteger a sus seres queridos. Aunque suena curiosamente similar a lo sucedido en The Reichenbach Fall en abstracto, los detalles y las circunstancias de su “sacrificio” son diferentes; con los eventos de la tercera temporada podría incluso decirse que The Reichenbach Fall sufrió un “retcon” (continuidad retroactiva, o sea, la alteración de los hechos previamente establecidos): Sherlock y Mycroft sabían del plan de Moriarty, desarrollaron estrategias para contrarrestarlo, Moriarty se suicida pensando en su victoria, y Sherlock se ve forzado a elegir uno de los múltiples planes esbozados, fingiendo su muerte. En ese sentido, los eventos de The Reichenbach Fall se ven minimizados, robados un poco de su impacto inmediato, removidos de su urgencia y de tensión. Sin embargo, y a pesar de esto (que se mantiene como una crítica personal hacia la serie), los efectos resultantes de dicha decisión se mantienen en pie.

Especialmente en Watson. Forzado a sobrellevar la (aparente) pérdida de su mejor amigo, John Watson encuentra a alguien con quién llenar el vacío de su presencia: una simpática mujer llamada Mary Morstan. De alguna manera se conocen, se enamoran y cuando volvemos a encontrarnos a Watson, después de 2 años de espera, descubrimos que está a punto de casarse con Mary. Pero aunque todo parece indicarlo, la verdad es que Watson no ha logrado rehacer completamente su vida.
La dinámica de la tercera temporada, entonces, es precisamente lidiar con las consecuencias de la desaparición de Sherlock: el intento de Watson de sobreponerse a ello, el enamoramiento (y posterior matrimonio), su retorno y los problemas emocionales que ello causa en Watson. Todo lo anterior significa que la temporada se ha enfocado más en el desarrollo de los personajes que en planear crímenes; esto, a su vez, se suma a una poco-convencional (para la serie) estructura y dirección, dando como resultado la llamada -por algunos- temporada “experimental”.

Ahora bien, His Last Vow es el capítulo más “tradicional” de la temporada en cuanto a su tono, pero con elementos que lo siguen manteniendo alejado de las temporadas anteriores: en particular, la ausencia de un gran “crimen misterioso” que lo gatille. El misterio del capítulo está dado, en particular, por dos personajes y la relación entre ellos: Mary Watson y Charles Augustus Magnussen (Lars Mikkelsen). La resolución de este misterio, a su vez, es una cuestión mucho más íntima.
Magnussen es un villano memorable desde un principio. Su semblante frío esconde un intelecto prodigioso y una crueldad aumentada por el poder que esgrime. La adaptación/modernización del personaje resulta una crítica a la figura controversial de Rupert Murdoch, el magnate dueño de diversos medios de comunicación a nivel mundial, y a la naturaleza de los medios que éste controla. Dicha crítica ya había estado presente en la serie con anterioridad (precisamente en The Reichenbach Fall, a través del personaje de Kitty Riley), por lo que Magnussen viene a reafirmar la postura de los creadores de la serie en cuanto a los tabloides. Más allá de las similitudes de C.A.M. con Murdoch, el personaje interpretado por Mikkelsen (hermano mayor de Mads, quien conocido por su papel de “Le Chiffre” en Casino Royale y “Hannibal” en la serie homónima) es perversamente escalofriante en cuanto a su comportamiento, a lo que dice, no dice, y a lo que hace. Un hombre que disfruta del poder que posee, ejerciéndolo a través del chantaje, humillando a quienes se crucen en su camino: la escena en la que le lame la cara a Lady Smallwood es una demostración de su crueldad (y, además, la escena tendrá un eco temático cerca del final del capítulo, respecto a lo cual hablaré más adelante). Lejos de la teatralidad excesiva de Moriarty, Charles Augustus Magnussen es un rival intelectual de Sherlock que opera en una órbita distinta – no requiere de grandes actos si puede lograr que tiemblen ante él con tan solo unas palabras. Es más que una cuestión de influencia, es una cuestión de dominación pura.

Así llegamos a Mary… hasta ahora, y como había mencionado en columnas anteriores, el personaje me había resultado agradable y una gran adición al elenco. Como era de esperarse, la importancia del personaje en los capítulos anteriores tenía que tener una suerte de consecuencia, algo que le diera sentido a todos esos pequeños elementos que no calzaban con la imagen de Mary. Esas inquietudes insignificantes que a uno lo hacían dudar y que pasaban a segundo plano – por fin son resueltas. Por fin sabemos quién es Mary Watson.

Bueno, no exactamente – sabemos que su nombre verdadero no es Mary Elizabeth Morstan (aunque seguimos ignorando cuál es su verdadero nombre) y sabemos que tiene un pasado lo suficientemente oscuro como para que tenga el temor de que un buen hombre como John Watson la abandone si se entera.

Aquí reside, quizás, uno de mis problemas con el capítulo. La trama parece moverse de un evento a otro sin mayor importancia, sin otorgarle el peso suficiente – y cuando sí ocurre, luego es negado por otro que restaura el status quo imperante en la serie. La revelación de que Mary no es quien aparenta ser resultaría un golpe fuerte para cualquiera que se considerase su marido (y, por supuesto, para quienes no necesariamente seamos grandes conocedores de la obra original de Conan Doyle) y la posterior reconciliación entre ella y Watson es lo suficientemente emotiva como para obviar precisamente que su efecto es negar el impacto de la revelación inicial. No es que me moleste la reconciliación en sí – considero que su relativa proximidad con la escena en la que Mary es descubierta termina por lastimar el poder devastador que algo así debiera haber tenido. Quizás si hubieran dejado esa trama pendiente hasta la temporada siguiente me hubiera resultado un poco mejor.

Pero, por otro lado, la reconciliación entre ambos es precisamente el catalizador del último acto del episodio. Sherlock había prometido estar siempre allí para John, Mary y Jesus el bebé que está por nacer y en este episodio no tiene otra alternativa que hacerlo para salvar ese matrimonio. La amenaza de Magnussen es demasiado grande, demasiado poderosa como para obviarla. Lo que Magnussen sabe significa que el matrimonio entre John y Mary estará siempre en peligro – por ende C.A.M. debe ser neutralizado.
Ahora bien, la supuesta bóveda de C.A.M. en la que guardaba toda la información de sus potenciales víctimas resulta ser… un palacio mental, al mismo estilo que el de Sherlock. No necesita necesariamente tener la prueba física con la que apoyar sus aseveraciones cuando intimida a sus víctimas: basta con la amenaza en sí, detallada al extremo gracias a su memoria fotográfica. Como, además, es dueño de numerosos medios de comunicación, puede propagar esas aseveraciones convirtiéndolas en una verdad vox populi sin necesidad de reafirmarlas con pruebas. Esto hace que el plan de Sherlock se vea levemente modificado: ya no puede amenazar a Magnussen, no puede intentar convencerlo de que no saque a la luz ciertos documentos precisamente porque esos documentos no están en su poder. Todo está en la mente de Magnussen. Mientras Magnussen viva, el peligro seguirá existiendo.

Magnussen decide vanagloriarse, cuando su triunfo parece completo. Se ve a sí mismo más allá de cualquier ataque, más allá de cualquier obstáculo, prácticamente intocable. Demuestra su poder supremo mientras humilla a Watson ante un casi inmóvil Sherlock. Es el eco preciso de la escena en la que humilla a Lady Smallwood.
Pero Sherlock no está inmóvil porque no sabe qué hacer. Está inmóvil porque está convenciéndose a sí mismo de lo que debe hacer. Lo sabe a la perfección. No hay otra salida. Jala el gatillo y Charles Augustus Magnussen deja de existir. A veces la mejor solución es la más simple.

Sherlock Holmes le ha quitado la vida a alguien.

El problema está en que lo que pasa al final del capítulo… bueno, otra vez parece restarle la fuerza a dicho evento. El que Sherlock haya decidido hacer lo que hace no es menor, y aunque haya sido prácticamente un mal necesario, debe existir cierta consecuencia que se siga de ello. Con lo sucedido al final, es como si se presionara un “reset button” que dejase las cosas tal como estaban antes, lo que no me parece adecuado.

No me he referido a los otros aspectos del episodio más allá de la trama, y la columna ya es excesivamente extensa, así que me referiré a ellos de forma muy breve: la parte visual del capítulo otra vez es maravillosa. Ciertas tomas de Appledore logran transmitir a la perfección esa frialdad intelectual cultivada por Magnussen; la conversación en las fachadas falsas de Leinster Square está llena de confusión, de elementos sombríos, de tensión, entre otras. El humor del capítulo, a su vez, vuelve a ser el contrapunto perfecto a la carga emocional poderosa que lo domina: brilla el okupa/vagabundo/junkie Bill Wiggins (también conocido como “Wiggy”) como una suerte de aprendiz de Sherlock. Es más talentoso que el Sherlock barato que se consiguió Molly en los capítulos anteriores. Hablando de Molly, memorable, emotiva pero breve actuación de la linda Louise Brealey en el capítulo: esas cachetadas a Sherlock le duelen a uno también.

Mención aparte y exclusiva para la maravillosa escena en la que Mary le dispara a Sherlock. Una de las mejores secuencias de la serie, a mi juicio, mezclando de forma precisa el avance de la trama, la racionalidad dominante en Sherlock y el golpe emocional que significó el disparo en sí. Ver cómo Sherlock racionaliza el incidente y trata de guiarse a sí mismo para evitar morir llega a producir escalofríos. Un hermoso trabajo de todos los involucrados, ya sea en la actuación, como la planificación, la puesta en escena y la música que todo lo acompaña.

Por último, no puedo sino mencionar la gran sorpresa del final. Algo que no dejará indiferente a nadie. Quizás no al nivel de la “muerte” de Sherlock al final de la temporada anterior, pero igualmente dará qué hablar. Bienvenido, largo período de espera, bienvenido…

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4 comentarios

  • – El capítulo a grandes rasgos es maravilloso, toda la escena de “el descenso” de Sherly (???) y su encuentro con Moriarty es tremendo, gran actuación de ambos.
    – Creo que C.A.M. debe ser el personaje más asqueroso que he visto en una serie y/o película, la impotencia que uno siente en cada momento que sale en pantalla es increíble, muy bien el actor ahí.
    – Adhiero con la poca sutileza para tratar ciertos momentos que en un momento son grandes revelaciones para pasar luego a ser un hecho más dentro del capítulo. Sin ir más lejos, todo el “sacrificio” que hace Sherlock al asesinar a C.A.M. finalmente se siente (y ellos mismos lo hacen saber) como apenas un “tatequieto” (?) con la nueva amenaza de Moriarty.

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  • Entiendo perfectamente a lo que te refieres con lo del boton reset. Un mal que plaga, por ejemplo, a los comics. Cuando algo tan signifcante como la muerte (o que tu señora es en verdad una asesina a sueldo), se vuelve algo que puede ser facilmente remediado, todo pierde su fuerza. Tengo fe de lo que hemos visto en otras temporadas, que estos no son errores casi amateurs.

    La restriccion del formato tambien les juega en contra, pero quedo con la tranquilidad de que todavia son contratiempos menores y la serie no deja de ser igual de buena.

    Saludos!

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    • gracias por el comentario, joven Mathias.

      Lo del “botón reset” en Sherlock quizás haya sido un mal necesario… quizás no. No me aventuro a sugerirle a Moffat y Gatiss ideas (porque, admitámoslo, ¿quién soy yo?) pero tengo la sensación de las consecuencias de ese acto de Sherlock deberían haber sido mayores. Quizás las veamos en la próxima temporada igual – es como bien temprano para presagiar sucesos todavía xD

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  • Pingback: [Guiken Apdeit] Especial Emmy’s | REVIUS

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