RoboCop (2014)

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Siguiendo la ola de falta de creatividad en Hollywood, que todos los años nos trae remake tras remake, llega este año a nuestras pantallas RoboCop, de la mano del director José Padilha, reversión del clásico de 1987 dirigida por Paul Verhoeven.

ESTA RESEÑA CONTIENE SPOILERS.

Uno muchas veces realmente se pregunta el por qué la necesidad de hacer remakes de clásicos como lo es RoboCop. Sí, obviamente está el factor de reconocimiento de nombre y marca para ganar dinero fácil, pero de verdad es lamentable que los estudios tengan tan poco cariño por las versiones originales -como las tiene uno como público-, que sientan esta necesidad de realizar tanto remake. Ahora, esto no significa que todos los remakes sean malos, es cosa de ver Scarface con Al Pacino, que es desde todo punto de vista superior a la película original de los años 30. Hacemos esta crítica porque en este caso, realmente no se justifica que se realice un remake de un clásico como Robocop, más estando esta última aún presente en la retina de todos por ser ya un clásico del cine de acción y de ciencia ficción contemporáneo. Ahora bien, esto no significa que esta nueva versión de RoboCop no tenga cosas buenas a su favor y un par de ideas interesantes, pero al final, cuesta creer que la suma de las partes justificara tener que hacer el clásico protagonizado por Peter Weller.

Esta nueva película está situada en el año 2028, donde OmniCorp (una subsidiaria de OCP, el mal corporativo de la película original) es la líder mundial de robótica aplicada, gracias a su trabajo con el ejército de EE.UU, lo que le permite proporcionarle sus productos -robots y drones de aplicación militar-, que se convierten en la base de las operaciones militares. Así, EE.UU. utiliza estas fuerzas robóticas en todos sus conflictos en el exterior, ante un aparente éxito. Sin embargo, el problema de OmniCorp reside en la incapacidad que tienen de utilizar esta tecnología en propio suelo norteamericano, esto debido a la existencia de una ley que impide el uso de esta tecnología en territorio estadounidense, debido a la percepción pública de esta tecnología, y al miedo de que permitir su uso, dejaría a los humanos bajo la autoridad de robots. Para qué decir lo contradictorio que es el que quieran prohibirlo en territorio norteamericano, pero no en el extranjero, pero a nadie debería sorprenderle que un país como EE.UU. actúe así, tanto en la vida real como en las películas.

Obviamente esta situación presenta un problema para OmniCorp y su presidente Raymond Sellars (Michael Keaton), debido a la cantidad de dinero que podría recibir si lograra tener sus robots y drones patrullando las ciudades norteamericanas al servicio de la policía. Aquí obviamente llega a la conclusión de que, debido al miedo hacia los robots en la gente, decide que la única forma en que el público norteamericano aceptará esta nueva tecnología es si logra “poner” a un hombre en la máquina. Aquí entra la figura del Dr. Norton (el siempre correcto Gary Oldman), científico en jefe en OmniCorp, y que busca utilizar la robótica para ayudar médicamente a pacientes que lo necesitaran. Él llegará a un acuerdo con Sellars para ayudarlo a transformar a algún ex-policía herido en un cyborg, lo que le permitiría funcionar en suelo norteamericano, a cambio de obtener financiamiento para su investigación médica. Ahora lo único que necesitan es alguien para poner dentro del robot.

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Aquí entra en el gran esquema de las cosas el oficial Alex Murphy (Joel Kinnaman), un policía ejemplar y clásico hombre de famila, que junto a su compañero, el oficial Lewis (Michael K. Williams, quien hace un papel realmente olvidable y que ciertamente no está a la altura de la Anne Lewis que encarnara Nancy Allen en la película original, que era el centro emocional y humano de ese filme), tratan de desenmascarar una red de tráfico de armas y corrupción que llega hasta la misma policía de Detroit. Investigando esta organización criminal es que sufre un atentado explosivo contra su vida, afuera de su casa, lo que lo deja prácticamente muerto en vida, habiendo perdido extremidades, la vista, sufriendo daño neuronal, y con gran parte de su cuerpo con quemaduras. De pronto aquí estaba la oportunidad que OmniCorp estaba esperando para su programa, ya que si salvaban la vida de Murphy y lo aumentaban con su tecnología robótica, podrían bypassear la ley que impedía robots y drones en las calles, y de paso, manipular la opinión pública en su favor para lograr que, eventualmente, el senado derogara dicha ley.

Luego de conseguir la aprobación de la esposa de Murphy (Abbie Cornish en un unidimensional papel), el policía es llevado a China, reconstruido, y luego de su renuencia inicial, termina aceptando convertirse en lo que conoceremos como RoboCop. Probablemente las escenas que ocurren en la estadía de Murphy en China son de las mejores de la película, puesto que no sólo vemos la interacción de Murphy y el Dr. Norton, que deben ser lejos los dos mejores y más trabajados personajes de la película, sino que tenemos algunas de las escenas de acción más interesantes -durante el entrenamiento de RoboCop, al ritmo de ese clásico que es “Hocus Pocus” del grupo holandés Focus, canción que, como el tema de Guile, pareciera ir bien con todo-, y se nos presenta al villano más pintoresco de la película en la figura de Maddox (Jackie Earle Haley), un mercenario encargado del control de armas en OmniCorp y que tiene un conflicto personal con el “hombre de lata”, porque lo considera un robot más que una persona. Es lamentable que Maddox tenga pocas escenas en el filme, porque en las que aparece, se roba las cámaras, y al final, termina siendo mejor villano que el personaje de Michael Keaton que, hay que decirlo, es un muy discreto personaje (y ciertamente no genera el odio en la audiencia que generaban los ejecutivos de OCP en la original). China además es importante porque aquí vemos a Robocop en un traje gris, similar al original -el cual sale en una escena como diseño en un computador-, antes de que cambie al negro, que si bien se ve bien -valga la redundancia- parece hecho más para colgarse del éxito de Iron Man o del Batman de Nolan, más que ser una nueva versión del traje original.

Respecto al conflicto que tiene Maddox contra Murphy por considerarlo más robot que persona, ciertamente es un tema central a lo largo de esta película, y probablemente los dilemas éticos -especialmente aquellos que atormentan al personaje de Gary Oldman- están mejor tratados y en mayor profundidad que en la película original. Este es uno de los elementos interesantes que resaltan en esta nueva versión, quizás como lo que invita a un mayor debate. El problema es que pareciera ser el único elemento de este tipo que resiste en esta nueva película, ya que todos los demás elementos de crítica social que eran tan presentes -y no de forma sutil, hay que decirlo- en el trabajo de Verhoeven aquí, no bien están presentes, se ven disminuidos. No sabría decir si es porque se da mayor enfoque al dilema “hombre-máquina” en desmedro de los otros, o es porque derechamente están mal tratados por los guionistas, pero temas como la violencia extrema, la corrupción, el capitalismo descarnado sin regulación, o la influencia de los medios en la sociedad, no bien presentes, son tratados muy someramente.

Quizás el tema de los medios está más tratado, ya no en la notable figura que eran esos reportes de noticia falsos que aparecían en la original, sino ahora, como un programa político de extrema derecha que manipula a la opinión pública con datos falsos y todo en favor de las empresas (o sea, como la extrema derecha en la vida real). Este programa (que no es más que la parodia de esos discretos rostros de Fox News en EE.UU. como el nefasto Bill O’Reilly, o la personalidad radial Rush Limbaugh) es presentado por Pat Novak (Samuel L. Jackson en un notable rol), que sirve para realizar esta parodia y criticar el papel de los medios de comunicación y la manipulación de la opinión pública. Ciertamente no es algo tan acabado ni efectivo como era la crítica en la original, pero es un elemento destacable, aunque fuera sólo por ver los rants de Samuel L. Jackson.

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Luego de las escenas en China, Murphy vuelve a EE.UU. y es desplegado en la ciudad de Detroit, junto con la base de datos criminal completa, sin embargo, la información es tanta, que sufre una crisis, por lo cual, Norton decide realizar cambios en su configuración, permitiendo que el software tome control sobre Murphy, haciendo que se “pierda” su lado humano. Obviamente eso genera que Murphy actúe más como robot para limpiar las calles de Detroit. Sin embargo, la intervención de su familia llevará a que Murphy no sólo comience a revertir la programación del software, sino que a investigar las causas reales de su intento de homicidio, y a volverse contra sus creadores. Bien vale detenerse en la ciudad de Detroit, que ciertamente podría ser en este caso cualquier otra ciudad (de hecho, fue filmada en Vancouver, Canadá), y no genera el impacto de la Detroit casi post-apocalíptica que vimos en la original. Esto obviamente hace que se pierda el impacto de Robocop, porque no sólo nos muestran una ciudad sin identidad, sino que además se ve casi prístina, no dando en ningún momento la sensación de una ciudad al borde del caos que realmente necesitara la presencia de RoboCop para limpiar sus calles.

En general este es un problema de la película debido a que la producción apuntó a un rating PG-13 para llegar a mayor público (y tener más ganancias), lo que obviamente atenta contra la película original que tenía rating R, por lo cual, esta reversión tiene mucho menos de la violencia cruda, el sexo o el lenguaje que tenía la original, y la falta de estos elementos, que servían para ilustrar la decadencia que tenía la ciudad de Detroit, terminan atentando contra el resultado final. Esto es palpable en muchas de las escenas de acción, que si bien son entretenidas y dinámica, no generan nada innovador como si lo hicieron en la original. Aunque sí se debe destacar aquí la dirección de Padilha, quien tiene buen ojo para el dinamismo requerido en estas escenas. Otro punto destacable, como mencionamos antes, son las interacciones entre Kinnaman y Oldman, de lo mejor de la película, y al menos deja la sensación que Kinnaman es un actor que puede llevar encima una película tan bien como una serie de TV.

Al final del día, esta nueva versión de RoboCop es una película entretenida que levanta un par de preguntas interesantes, pero no es más que eso, como para pasar un rato con amigos en el cine o viéndola en casa cuando esté disponible. Respecto a innovar el género, o al nivel de sátira y crítica social, la obra de Verhoeven protagonizada por Peter Weller sigue estando varios peldaños por sobre esta película, que es un esfuerzo pasable, pero que se queda corto al final.

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