Bob Dylan: No Direction Home (2005)

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Segunda parte de nuestro especial dedicado a Martin Scorsese y sus documentales musicales. Como prometimos la semana pasada, en esta segunda parte revisamos al gran Bob Dylan y el documental “No Direction Home”, en Ruidos Molestos de Revius. 

El ejercicio de Scorsese a la hora de retratar a personalidades de la música es netamente argumentativo, alejándose de la visión descriptiva de los típicos documentales biográficos. Ya vimos esta perspectiva de cierta forma en la película sobre George Harrison “Living In The Material World” en donde la temática de la documentación dice relación con la espiritualidad inmersa en la vida terrenal del otrora guitarrista de los Beatles, a modo de preparación para un estado superior. En esta segunda patita sobre Scorsese revisaremos otra gran película, dedicada a una de las pocas leyendas vivas de la música pop: Bob Dylan. En “No Direction Home” (2005), el director de Toro Salvaje nos muestra los primera época de la carrera de Robert Zimmerman , desde sus inicios como compositor e intérprete de folk hasta su cambio de rumbo, hacia el rock y el blues, a mediados de los 60. Veamos que nos tiene que decir Martin sobre Bob.

La película se estructura desde la perspectiva de Dylan, quien nos va relatando su historia como cantor popular. Este relato se encuentra direccionado hacia una idea: el desarraigo. Oriundo de un pueblo medio muerto ubicado en Minneapolis, Robert Zimmerman – su nombre de nacimiento – siempre tuvo la sensación de no pertenecer. El motor de su carrera y de su propia vida dice relación con este planteamiento. El movimiento constante será siempre una necesidad, casi física, y una polémica recurrente en su indiscutido éxito.

Bob Dylan es reconocido no solo como músico, sino también como poeta. Sus influencias vienen del mundo beat, esa generación de poetas revolucionarios de mediados de los 50 liderados por Ginsberg, Korauc y Burroughs. El mito cuenta que su autoimpuesto nombre, Bob Dylan, es un homenaje al poeta Dylan Thomas. En fin. Más allá de la riqueza lírica con la cual demostraría su valía como compositor unos años más tarde, los inicios de Dylan son netamente de recopilación de repertorio folk. Su facilidad para aprender y recordar canciones le significó una ventaja a la hora de armar un repertorio para presentarlo en diversos locales nocturnos de la bohemia neoyorkina, que funcionaban bajo la lógica del “micrófono abierto”. Es en New York – Greenwich Village específicamente –  donde Dylan construye su camino como artista, en medio de una búsqueda casi espiritual, tratando de hallar a su máximo ídolo e influencia, Woody Guthrie.

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El film se divide en dos partes, al igual que el de Harrison. La primera parte nos muestra la vida de Dylan en Minneapolis y sus inicios como cantante folk en New York. Es curioso que en un medio musical dominado por las voces melodiosas e imponentes, la gran firma Columbia decidiera fichar a Dylan como uno de sus artistas. Bob Dylan podrá ser un buen compositor y músico, pero su voz no destaca ni por presencia ni por belleza, al contrario. Estos criterios comerciales hicieron que su primer LP homónimo (1962) pasara desapercibido. A pesar de las limitaciones de Dylan como intérprete, gracias a la ayuda de Albert Grossman, su representante, logra imponerse como un compositor de fuste con noveles 21 años. Grossman logra posicionar a Dylan como un cantor de protesta con el gran hit “Blowin’ in the Wind”, interpretado por un sinnúmero de artistas. El reconocimiento llega de la mano de esta gran canción y del larga duración Freewheelin’ (1963) que se convirtió en uno de los álbumes de protesta mas atesorados por la juventud norteamericana, en plena revolución contracultural.

Personajes importantes comparten con Dylan durante este período. Pete Seeger y Joan Baez – quien además se convierte en su pareja – constituyen, junto a Bob, el triunvirato de la canción de protesta, aun cuando las etiquetas estaban lejos del intérprete de “Blowin’ in the Wind”. Sin quererlo se vio involucrado en un sector político, siendo el portador de un discurso impuesto por los medios y el público. Esto claramente no le vino bien.

1El final de esta primera parte da la pauta para la segunda, y tiene como tema el necesario movimiento del músico hacia la evolución, alejándose de la comodidad de la repetición en el éxito, y la consecuente reacción del medio y el público ante dicha decisión. En 1965, ya con una carrera de cantante folk consolidada, se presenta nuevamente en uno de los festivales de folk más importantes de EEUU, el Newport Folk Festival, con la gran novedad de presentarse junto a una banda de blues como soporte y su material más reciente como repertorio. El resultado no se hizo esperar, y parte importante del público reprueba su actuación. De ahí en más el epíteto de vendido fue lo más recurrente dentro del incipiente mundo intelectual hipster de la época, que le seguían justamente por pertenecer a este grupo de cantantes alternativos con contenido o de actualidad, como se les denominada. La misma Joan Baez y Pete Seeger deciden dar la vuelta y repudiar su nueva faceta más cercana al rock y al blues. “Like a Rolling Stone”, ese himno del rocanrol de todas las generaciones, es el punto de partida para el nuevo Dylan, alejado de lo acústico y puesto al servicio de la fuerza de la electricidad.

El trabajo de Scorsese es sobresalientre, ya que al relato de Dylan va superponiendo entrevistas de sus cercanos durante las distintas épocas retratadas, lo que genera un contraste muy revelador en la información. Mientras Dylan muchas veces pretende cubrir de cierta aura mágica sus experiencias, los demás aterrizan las situaciones, entregando diversos puntos de vistas sobre lo comentado. Además el director alterna la historia de Dylan en tiempo presente, con la gira británica de 1965 – retratada en el documental “Dont Look Back” –  en donde el público inglés ya mostraba su disconformidad con el cambio estilístico del compositor, contrastando así, el ascendente éxito de sus inicios con la crisis de su figura a raíz del tema mismo que pretende explotar la película: el cambio, el movimiento constante y el desarraigo.

Finalmente podemos decir que Scorsese realiza un gran trabajo al mostrarnos a Dylan como un errante, comprometido solo con su trabajo, alejado de las comodidades que ofrece quedarse en el mismo lugar, robando de éxitos pasados bajo la protección de los aduladores de siempre – aunque podríamos decir que  Dylan durante sus últimas giras se ha dedicado solo a eso. Excelente retrato de uno de los momentos cruciales en la historia de la música protagonizado por un monstruo que sigue tocando y girando por el mundo hasta el día de hoy…like a rolling stone.

 

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