Las Analfabetas (2013)

Sigue la cobertura de Revius de esta especie de festival itinerante en que se ha convertido #ChileTerritorioDeCine, dando estrenos como corresponde al cine nacional. Si antes fue “Crystal Fairy and the Magical Cactus”, CinemaChile nos ha invitado a la premiere comercial de “Las Analfabetas” de Moisés Sepúlveda, y esto es lo que tenemos que decir al respecto.

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Las Analfabetas no es el caso típico chileno. Me refiero a esas películas que pasan desapercibidas en Chile, triunfan afuera, y vuelven con muchos pergaminos. Muy por el contrario. Las Analfabetas ya fue un éxito en Chile. Durante el Festival Sanfic 2013, fue elegida por el jurado como la mejor película chilena, siendo premiada por la audiencia, además, como la mejor película para el público. Desde entonces comenzó un espiral de éxitos, con proyecciones en Venecia, y reconocimientos en Mar del Plata, Huelva (mejor ópera prima), entre otros.

Es el mismo dramaturgo, Pablo Paredes, quien adapta la homónima obra del año 2010, junto a Moisés Sepúlveda, el director. Lo importante es que se mantienen los mismos protagonistas de la versión teatral. Hablamos de Paulina García (mundialmente conocida a esta altura por su rol en Gloria) y de Valentina Muhr (la musa de Raúl Ruiz en sus 2 últimas entregas, La Noche de Enfrente -2012- y Secretos -2008-). En 73 minutos de pantalla (suficientes, sin grasa, como dijo el director), representan la historia de Ximena (García), una mujer analfabeta de 50 años a quien la hija de su vecina, Jaqueline (Muhr), reciente titulada profesora de castellano, intentará enseñarle a leer en vez de seguir acompañándola en la lectura diaria de noticias para su comodidad.

1376429324las_analfabetas_647A lo largo del aprendizaje, veremos una fuerte crítica al modelo horizontal de educación. Primero, Ximena le reprochará la forma infantil, despectiva y humillante, en cierta forma, en que Jacqueline la aborda, en especial porque la forma de enseñar a leer está pensada para niños. Pero segundo, le mostrará día a día que en el proceso de aprendizaje, profesora y alumna, deben ser capaces de descubrir sus vacíos y necesidades y así retroalimentarse. Por algo el film se llama “Las” analfabetas, y no “la” analfabeta. Desde su mundo, más básico y cotidiano, Ximena muestra que incluso el que menos sabe puede ser el mayor maestro, y que todas las barreras instaladas por distintos niveles de discusión pueden superarse con una cerveza (Paulaner, curioso) y un cigarro. Clara crítica al sistema actual de educación de este país, donde uno de los grandes problemas en el aprendizaje es que las nuevas generaciones saben más que sus progenitores, y por ello los menores los sienten innecesarios en su proceso educativo, sin darse cuenta que muchas veces la experiencia vale más que mil libros. En ese sentido, les recomiendo poner atención a la lección que Ximena le da a Jaqueeline, la profesora, en torno a la necesidad de diferenciar entre leer y escribir. En especial si al final de cuentas, son pocos los escritores que leen y escuchan.

Sin embargo, si hay una crítica hermosa en “Las Analfabetas” es a las promesas incumplidas de la democracia. Este modelo chileno en el cual el que más tiene, más logra, y que excluye a quien menos educación ha recibido. Por eso es notable el monólogo lleno de culpa en el cual Paulina García asimila su incapacidad de leer con maldad, como si se tratase de una mujer que desaprovechó oportunidades en vez de ser una que nunca las tuvo. Porque si hay algo que la democracia a la chilena ha permitido es esto. Que algunos hayan tenido opciones y otros no, aún cuando vivan a una casa de distancia. Es imposible no emocionarse cuando Ximena se reprocha no haberle escrito nunca una carta para su madre en su día, y no encontrarle sentido a que uno de las primeras frases que lea en público sea un rayado en una muralla que dice “y la alegría?”, en clara ilusión a que para algunos, la alegría nunca vino tras 1990, pese a como se los prometieron.

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Es interesante que Sepúlveda reconozca que esta película busca romper con los paradigmas del cine chileno, romper con los Larraín, con los Wood, o en otro perfil, los López y los Badilla. No hay que recurrir a las mismas muletillas de siempre para hacer buen cine. Basta un buen guión, buen gusto en las tomas, y principalmente, buenos interpretadores, en este caso, 2 notables actrices. En eso aporta la forma en que se cuajó la película. Que haya pasado directamente de las tablas a la pantalla grande se nota en pantalla, con una gran influencia de García y Muhr. Como no todo es color de rosa, el mismo Sepúlveda ha señalado que tras la primera etapa de producción, se dieron cuenta que al resultado le faltaba un hilo conductor (grabaron un 20% de escenas un año después). Pero como las grabaciones se realizaron mientras la obra estaba en cartelera, da gusto ver “Las Analfabetas” pensando que las actrices pasaban de la sala de teatro al estudio, nunca dejando sus personajes de lado, y personificándolos a cabalidad. Sepúlveda dijo que en el fondo en la cinta vemos la versión 1000 de la obra, y eso se nota, porque “Las Analfabetas” derrocha calidad actoral. Es el trabajo colectivo el que premia con resultados, y lo muestra la trama (Ximena finalmente avanza en sus estudios), y el trabajo de Fernando Bascuñán (productor), Paredes, Sepúlveda, García, Muhr, y el resto del equipo, es la viva prueba.

No puedo terminar la columna si mandarme un spoiler. En verdad, lo que quiero es plantear una pequeña discusión, y esta gira en torno a la carta que Ximena tenía bajo un buda, y que es su principal impulsor a tomar las lecciones con Jacqueline. ¿Cuál es el dolor de Ximena al leerla? ¿Descubrir que el gran tesoro de su vida en el fondo no decía nada? ¿Ver que su padre no había dejado una carta de despedida sino una como cualquier otra? Espero nos ayuden a responder estas respuestas. Podrán encontrar “Las Analfabetas” en algunas salas a nivel nacional, en el Centro Cultural La Moneda, y dos funciones diarias en Cine Arte Normandie.

 

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