X-Men: First Class (2011)

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Aprovechando el estreno de “X-Men: Days of Future Past”, hacemos la previa comentando la película que le devolvió la vida y un segundo aire a la franquicia de mutantes de Marvel.

En primer lugar, aclarar que el mes pasado no hubo columna debido a que ésta originalmente iba a tratar sobre “The Amazing Spider-Man”, pero quedé tan frustrado después de “Amazing Spider-Man 2”, que se fue cualquier gana de escribir al respecto, lo que sumado a compromisos personales, hizo imposible que saliera dicha columna. Habiendo hecho esta aclaración, a lo que nos convoca.

De paso recordarles que si quieren un análisis de la excelente banda sonora de esta película, vean la columna de nuestro amigo Pablo.

Volvamos unos años atrás, y remontémonos a los meses antes al estreno de “X-Men: First Class”. La percepción tanto del público general, como de los fanáticos, sobre una nueva película sobre los mutantes favoritos de todos -y cuyos derechos permanecen con Fox-, no era la mejor. Luego de la decepcionante “X-Men: The Last Stand” (2006), y de la aberrante “X-Men Origins: Wolverine” (2009), sumado a que durante este tiempo se había experimentado el auge de las películas de Marvel Studios (el mismo 2011 se estrenaron “Thor” y “Captain America: The First Avenger”), y que DC había redefinido el género con las primeras 2 películas de la trilogía de Batman de Christopher Nolan, y que se aprontaba a estrenar “Green Lantern” (el fracaso de ésta última es historia para otro día, pero al menos por los trailers, había fe); las cosas no se veían muy bien para Fox, lo que sumado al fracaso de su otra franquicia insigne de Marvel, Los 4 Fantásticos, le presentaba un panorama poco esperanzador.

Como si esto no fuera suficiente, Fox se había encontrado con problemas para producir esta película desde que fuera anunciada por primera vez el año 2004, luego del éxito de “X-Men 2”, como un spin-off contando las aventuras juveniles de los mismos personajes que habíamos visto hasta ahora. Posteriormente, y con el paso de los años, el foco de la historia fue cambiando, así como sus personajes, y los directores y guionistas involucrados. De ser una historia sobre los primeros años de Cíclope, Jean, Tormenta et. al., el foco pronto cambió y se posó sobre Magneto, en la misma época en que se desarrollaba el spin-off de Wolverine. La idea era realizar una “Origins: Magneto”, que nos contara la historia de Erik Lehnsherr, centrándose en su infancia, el tiempo que pasó en el campo de concentración de Auschwitz, y el nacimiento de su amistad con un joven Charles Xavier. Si bien esta película centrada completamente en Magneto nunca llegó a ser, principalmente debido al fracaso crítico de “Origins: Wolverine”, y a la huelga de guionistas del 2009; de todas formas el trabajo encabezado por Bryan Singer continuó, con múltiples guionistas y reversiones del guión, cambiando personajes, tramas y el enfoque del filme que se suponía él iba a dirigir.

Finalmente, Singer decidió bajarse de la silla de director, debido a los continuos retrasos y reversiones, lo que le impedía trabajar en otros proyectos (como “Jack the giant killer”), por lo cual se comenzó a barajar una lista de directores para reemplazarlo. En esta lista no se encontraba Matthew Vaughn, conocido colaborador y productor de Guy Ritchie, y que disfrutaba de su primer gran éxito comercial y crítico con “Kick-Ass”, adaptación del comic de Mark Millar y John Romita Jr. Fueron el éxito de este filme lo que llevó a Fox a ofrecerle la película a Vaughn (a quien ya se le había ofrecido en su oportunidad “X-Men: The Last Stand”), con un guión aún sin terminar, un presupuesto “limitado” (para lo que son esta clase de películas), con un plazo de casi un año para todo el proceso de producción de la película antes de su estreno, pero con libertad creativa para rehacer la franquicia -obviamente respetando el guión, y la decisión de que la película tendría lugar en los 60’s-. La película terminó su filmación 2 meses antes de su fecha de estreno, y fueron necesarias 6 compañías de efectos especiales para poder cumplir con las fechas límites. Todo esto coincidió no sólo en que a veces los efectos especiales en la película difieren unos de otros, y se aprecia cierta inconsistencia, sino en que, comercialmente, la promoción que tuvo esta película fue mucho menor en tiempo y escala que el típico blockbuster, por lo que, sumados todos estos problemas, los presagios no eran muy buenos para cuando llegó el estreno en junio del 2011.

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Y sin embargo cuando llegó la película, lo hizo tapando bocas, elevándose pronto al rango de una de las mejores películas sobre comics que se han hecho, y a estas alturas -sin contar “Days of Future Past”, que aún no veíamos cuando esto fue escrito-, es la segunda mejor película de los X-Men, luego de “X-Men 2” (y hay varios quienes consideran que “First Class” es superior al segundo filme de los mutantes dirigido por Bryan Singer). ¿Y cuáles son las claves para entender el éxito de “First Class”? En primer lugar, sigamos hablando un poco de lo que logró Matthew Vaughn con el poco tiempo para trabajar, creando un mundo que era familiar -considerando las películas anteriores-, que estaba centrado en una época particular del siglo XX, de la cual logró emular completamente en su ambientación, en cuanto a vestimentas, peinados, y en general, hasta la vibra “groovy” de la época, como diría el mismo Charles Xavier, a la vez que homenajeaba a los filmes de aquel período, principalmente las películas de James Bond de Sean Connery, y los thrillers políticos, todo mientras se hacía una película sobre superhéroes y mutantes. Esto al final no es más que testamento de la libertad con la que contó Vaughn, para poder prácticamente hacer un reboot de lo que había antes, contradiciendo algunas de las películas anteriores (como en la edad de varios personajes, o el hecho de que Alex Summers -aka Havok-, el hermano menor de Cíclope, aparezca aquí mucho más viejo que su hermano mayor), cambiando hechos del canon, e incluso, permitiéndole a un personaje decir “fuck” en una película PG-13, en lo que debe ser el mejor cameo en la historia de los cameos de películas de comics (y si me apuran, la mejor escena de la película).

Pero además de lo hecho por Vaughn, gran parte del mérito de la película recae en sus actores, principalmente en el trío de protagonistas, James Mc’Avoy, Michael Fassbender y Jennifer Lawrence. Hoy en día, ciertamente son 3 de los nombres más atesorados y galardonados de Hollywood, particularmente Lawrence (la “it girl” del momento). Pero cuando fueron elegidos para encarnar las versiones jóvenes del Professor X, Magneto y Mystique, las cosas no eran tan así. Si bien nadie puede negar que para el año 2011 los 3 eran talentosos, no gozaban del reconocimiento público del que disfrutan en la actualidad. Quizás Mc’Avoy era más conocido que los otros dos, habiéndose dado a conocer internacionalmente en la primera película de las Crónicas de Narnia, y haber alcanzado status de culto con otra adaptación de un comic, “Wanted”.

Ciertamente Mc’Avoy y Fassbender son quienes se llevan el peso de la película y la sostienen distinguiéndose lo suficiente de Patrick Stewart e Ian McKellen como para poder hacer los roles suyos, pero al mismo tiempo, transmitiéndonos una familiaridad que nos hace creer que estos dos hombres, y la relación que los vemos construir y destruir, marcará las vidas de las versiones viejas de los personajes que ya vimos en las primeras películas. Particularmente descollante es Fassbender, en su primer protagónico verdaderamente icónico (su papel en “Inglorious Basterds” es icónico, pero no protagónico), quien se roba la película. De hecho, si la película hubiese llevado el nombre original de “Origins: Magneto” probablemente nadie se habría quejado, porque independiente del nacimiento de los X-Men, o la presencia de los otros protagonistas, es Fassbender, con su talento y encanto innato quien se lleva casi todos los aplausos e incluso a apoyar a este personaje de moralidad gris, y que sabemos, tendrá una vida de “villanía” por delante, antes de encontrar nuevamente la redención.

Y nuevamente, es la relación entre Erik y Charles la que más se beneficia de esto, gracias a Mc’Avoy y Fassbender, y son estos dos actores quienes contagian al resto del elenco, donde destacan además de Lawrence, la infravaloradísima australiana Rose Byrne como Moira MacTaggert; Nicholas Hoult como el Dr. Hank McCoy, aka, Bestia; Caleb Landry Jones como Banshee y Lucas Till como Havok. Todos se nutren del trabajo de Fassbender y de Mc’Avoy y nos venden realmente la idea de este grupo de mutantes como algo más que una asociación temporal, sino como un equipo e incluso una familia (todo esto es más palpable luego de la traición de Angel -Zoë Kravitz, hija de Lenny-), particularmente durante las escenas de entrenamiento, la que además, nos da una de las mejores escenas entre Mc’Avoy y Fassbender, cuando el primero ayuda al otro a encontrar el estado mental perfecto para utilizar sus poderes, además de devolverle una memoria feliz de su infancia que daba por extraviada.

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Todo filme de superhéroes necesita villanos, y en esta película le toca el turno al Hellfire Club, representado por su líder, Sebastian Shaw (Kevin Bacon, que como siempre llena a sus personajes con su particular carisma), quien es ayudado por su segunda al mando Emma Frost (January Jones, que pese a verse despampanante y hermosa en la película, es sin lugar a dudas su punto más bajo, con una actuación fría y vaga, estando presente más para verse bonita que para aportar, lo que ciertamente no le hace justicia al personaje de Emma Frost -ya mal utilizado en 2 películas, contando su anacrónica aparición en “Origins: Wolverine”-), y por otro grupo de mutantes, donde el que más destaca, tanto por su apariencia física como por sus poderes, es Azazel (Jason Flemyng) -quien junto a Mystique posteriormente tendrían como hijo a Nightcrawler-. El plan de Shaw, y de su Club (que salvo el nombre, y las primeras escenas donde aparecen en Las Vegas, pareciera no tener mucho en común -salvo quizás la “alta alcurnia”-, con la sociedad hedonista de los comics), ha sido siempre influenciar a la humanidad y manipular los eventos desde las sombras para beneficio de los mutantes -en una época en la que no se sabía mucho al respecto-. Aprovechando el advenimiento de la era atómica, y el marco temporal que entregaba la Guerra Fría, Shaw busca la destrucción mutua entre la U.R.S.S. y EE.UU. (desencadenando la “Crisis de los Misiles” de 1962), para posteriormente hacerse del control del mundo, y arrebatárselo a los homo sapiens, para que los mutantes sean la especie dominante.

El conflicto ético que plantea es interesante, además de ser el punto de partida de la rivalidad entre Charles y Erik respecto a sus visiones de mundo. De hecho, como el mismo Magneto lo plantea al final de la película, su visión no difiere mucho de la de Shaw, pero el hecho de que este último hubiera ayudado a los nazis -o más bien, se valiera de ellos- para su investigación, y que además fuera el culpable de enviar a su familia a Auschwitz, y de la muerte de la madre de Erik, lo hacía el blanco n° 1 del odio del mutante que puede controlar el metal y los campos magnéticos a su voluntad. Y es justo ese odio el que finalmente impulsa la ruptura entre Magneto y Xavier, y que termina siendo la causa final de la destrucción de Shaw, en una escena escalofriantemente bien filmada, debido a que Charles estaba en la mente de Shaw, y experimenta y comparte todo su dolor mientras Magneto le atraviesa el cráneo utilizando la moneda nazi que mantuviera desde el momento en que el líder del Hellfire Club matara a su madre -de hecho, nos hacen parte a la audiencia gracias a los gritos de Charles, debido a que Shaw estaba inmóvil gracias a los poderes del telépata-. Nuevamente Fassbender y Mc’Avoy demostrando el por qué eran los motores y quienes sostienen la trama de toda la película, y como son catalizadores de los demás eventos, bien sea la creación de la primera generación de X-Men, el disenso final entre Xavier y su amada hermana adoptiva Raven (homenaje a Jennifer Lawrence por tener que soportar las sesiones de maquillaje corporal completo), la lesión espinal de Charles, su relación con Moira, etc.

Podríamos seguir y analizar la trama más en profundidad, o ciertos easter eggs (como las constantes menciones por parte de Charles a quedarse calvo, o la transformación de Jennifer Lawrence en la versión adulta de Mystique -con cameo de Rebecca Romijn incluído-), pero parte de la gracia de la columna de hoy era hablar no sólo de la película, sino que de la forma en que se logró sobreponer a tanta dificultad y esperar un producto que, con todos los problemas, muchos han dicho que “no tenía derecho” a ser tan bueno. El segundo aire de Fox y sus películas sobre los X-Men, con “The Wolverine”, la misma “Days of Future Past”, y las ya anunciadas “X-Men: Apocalypse”, “X-Force” y el spin-off de Gambito son testimonio de la importancia de “First Class”, no sólo económicamente para Fox, sino que desde el punto de vista de los fans, para seguir disfrutando en pantalla las aventuras de los X-Men (que con tanto personaje que tienen, ciertamente dan para largo) de una manera más que adecuada.

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