Elevador (2013)

Continuamos cubriendo el Festival FIDOCS 2014, en específico la competencia latinoamericana, donde tuvimos el agrado de presenciar “Elevador”, un documental mexicano de Adrián Ortiz que nos parece totalmente local. El resto de nuestras críticas pueden verlas acá.

858551_506557192715849_259422700_o

Ciudad de México es una ciudad bastante parecida a Santiago. Los proyectos habitacionales dentro de ella, también lo son. El relato de Adrián Ortiz se centra en uno de ellos, un complejo multifamiliar llamado Presidente Alemán, cuya construcción data de 1948. Diseñado como una ciudad dentro de otra ciudad, el documental parte mostrándonos imágenes de lo que creemos es la campaña publicitaria cuando el proyecto fue lanzado. Perfectamente diseñado, quien fuera a vivir al multifamiliar Presidente Alemán podría desarrollar toda su vida en él, sin abandonarlo para ir al banco, la oficina de correos, la lavandería, o para hacer deporte, entre otras cosas. Realidad muy distante a la actual, pues tras el traspaso de la administración de los edificios desde el sector público al privado, el complejo habitacional comenzó una constante caída de la cual no ha podido levantarse, lo que debe sumarse a la invasión que en toda latinoamérica ha tenido la droga entre los jóvenes.

Para nosotros, los chilenos, la arquitectura y diseño de Presidente Alemán es familiar. Perfectamente podría ser un documental de las Torres de Tajamar, o las Torres de Carlos Antuñez, proyectos emblemáticos en sus épocas pero que han comenzado a transformarse en verdaderos guetos verticales. El fenómeno interno debe ser sin dudas el mismo. La mezcla entre la población que vive hace 60 años en los edificios, y los nuevos residentes, hace que la relación sea distante, pues mientras los primeros aman la vida que han tenido en él y sueñan con sus tiempos de gloria, los segundos los ven sólo como una morada de paso, en búsqueda de oportunidades mejores. Pero si hay algo que ha resistido al paso del tiempo, eso sin duda son los elevadores (o ascensores como les decimos acá), que pueden no tener el brillo de antaño, pero mantienen su rol fundamental como corazón de los edificios. De ahí viene el nombre del documental, que nos invita a subirnos a ellos como cualquier pasajero.

Elevador (1)

La resistencia de los elevadores es sin dudas metafórica. Desde cierto punto de vista, el concepto arquitectónico de construir moles de acero y cemento a gran escala para que sirvan de habitación ya quedó en desuso, pero dentro de ellos, el elevador es una idea que perdura en el tiempo. Si somos capaces de mirarlos en detalles, podremos captar que fueron diseñados en la escala opuesta al multifamiliar. Son pequeños (máximo 4 personas), se centran en cada edificio del complejo, y deben ser operados por los “elevadores”, una serie de vecinos dedicados a su uso y cuidado. Ellos son el hilo que conduce la historia, mostrándonos el director Adrián Ortiz cómo, dentro de cada elevador, se viven miles de historias día a día. Así, los operadores pasan a ser los protagonistas de la historia. Los mayores, como depositarios de la trama en estas 7 décadas del complejo, y los jóvenes, de historias de una nueva generación (representados por la mujer embarazada). Cada uno, con sus pretensiones y sueños, entienden al elevador con un rol distinto. Unos lo ven sólo como un trabajo mal pagado, otros como una actividad necesaria para no ser vencidos por la vejez, y otros como herramientas de libertad.

Es en esta parte final donde “Elevador” llega a todo su potencial. Cuando nos centramos en el trabajo de los turnos de noche, es donde descubrimos las personalidades más atrayentes de los elevadoristas. Es lógico, pues en el día, es un trabajo sin descanso y que se basa en la constante entrada y salida de las personas. Pero en la noche, todo es distinto. El silencio y la soledad se suben al ascensor como pasajeros, y nuestros trabajadores sacarán a relucir emocionantes formas de distracción. Memorable es la escena del baile de uno de ellos, dónde la música de Carlo Ayhllón emociona profundamente, así como el potencial artístico de quien fuera banquero, quien no cambiaría la libertad que vive cada noche por recuperar su antiguo salario en la banca.

De destacar, la forma en que el camarógrafo se mimetiza con los pasajeros del elevador como uno mas, y cómo Adrián Ortiz logra que la historia explote al final de la película. El ya mencionado trabajo de Carlo Ayhllon llama la atención desde las primeras escenas, en algo que los mexicanos están haciendo muy bien, como la recordada banda sonora de “Narco Cultura”.  Como crítica, señalar que hubiesen sido muy útiles subtítulos para seguir el acento mexicano que a veces hacer perderse al espectador de este lado del continente. Las dos funciones del GAM tuvieron un público considerable, por que lo “Elevador” puede dar el gran golpe en la competencia latinoamericana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s