¡Viva Chile mierda! (2013)

Finalmente llegó el tiempo de hablar de la competencia nacional de FIDOCS. El documental que hemos elegido para la apertura de esta sección es “¡Viva Chile Mierda!”, del director brasileño-chileno-británico, Adrián Goycoolea. La multiculturalidad de Goycoolea es algo que se explica a lo largo de la película, una que nos hizo salir a todos agradecidos tras la función. Los invitamos a conocerla.

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Adríán Goycoolea tiene una pinta de gringo que no se la pueda. Se sube al escenario, y en un excelente castellano pero débil chileno, nos invita a presenciar “¡Viva Chile Mierda!”, un documental basado en la experiencia de su familia tras el golpe de Estado de 1973 que derrocaría a Salvador Allende. Es entonces, la cinta hermana de “Mataron a mi hermano”, otro relato personal, que comentamos a propósito de la competencia latinoamericana. Ambos son documentales donde los directores muestran sus experiencias personales frentes a fenómenos en suma violentos y que han marcado a dos países de nuestro continente. La diferencia, entre uno y otro, es que este, “¡Viva Chile Mierda!”, es nuestro, y pese a los 40 años del golpe y 14 del retorno a la democracia, nos confirma que muchas heridas están abiertas. Sea por veto, sea por olvido, hay muchas cosas que en las familias chilenas se han enterrado, algo que pasó respecto de las vivencias de la tía de Adrián, Gabi, y su marido Sergio.

Pasemos a la trama. Con animaciones que hacen recordar a las de Waltz with Bashir o Persépolis (el director reconoció en la ronda de preguntas posteriores su influencia), se nos muestra a Gabi Goycoolea y Sergio Córdova, matrimonio que fue víctima de torturas un par de años después del golpe. Gabi es hermana del padre del director, un exitoso gerente de la multinacional ITT, lo que le significó Adrián viajar por tantas partes y tener tantas nacionalidades, tanto así, que al momento del golpe, no estaban en Chile. Gabi era por aquel entonces administradora de una escuela en Ñuñoa. Hoy, en cambio, es una viuda “radicada” (exiliada) que vive en Cataluña, desde donde nos cuenta que en su colegio lo normal era tener alumnos extranjeros, por lo que durante los primeros años de la dictadura, era común que intercediera entre ellos y la pastoral para obtener asilo en otros países, o permitir la salida a extranjeros ilegales. Fue así, en su rol de activista, que un día una ex alumna se le acercó para guardar unos muebles de un ex frentista del MIR en la bodega. Ello aceptó sin imaginar que eso la llevaría a su detención y la experiencia más traumática de su vida.

gabriela-goycooleaPero no es sólo Gabi quien nos cuenta su experiencia. Aparte de sus hijos, que aportan la visión inocente pues por entonces rondaban los 10 años, también está Andrés Valenzuela, más conocido como “Papudo”, un ex soldado que para 1973 tenía apenas 20 años. Hoy refugiado en Francia, por momentos es presentado como un héroe. “Papudo” conocía a Sergio Córdova del litoral a quien debe su sobrenombre. Por esas cosas de la vida, le tocó custodiar el centro de reclusión clandestino donde su amigo estaba detenido, y tras reconocerlo, tomó una posesión activa en su ayuda, según el relato de ambas partes, dándoles comida y transfiriendo noticias a los hijos del matrimonio Córdova Goycoolea. Es así como en un comienzo, “Papudo” pasa por héroe, y nadie lo objeta. (Miren el resumen que hace FIDOCS del documental en ese sentido). Esto es algo muy mágico en el documental de Adrián Goycoolea, pues fue capaz de generar en el público una sensación de agrado por quien calladamente fue villano por mucho tiempo.

Quienes tengan mejor memoria, o hayan estudiado el tema, podrán recordar el nombre de Andrés Valenzuela. Los que hayan visto la serie de TVN “Los Archivos del Cardenal”, además, vieron toda la primera temporada un personaje inspirado en él. “Papudo” pasó a la historia como el primer miembro del comando conjunto que confesó los crímenes del régimen de Pinochet en 1984. Por eso, tras conocer la historia de Gabi y Sergio en la primera parte del documental, en la segunda nos centramos en “Papudo” y los crímenes que cometió, comentados todos en su ya famoso y vital relato otorgado a la periodista Mónica González (actual directora de CIPER) en 1984. De esta manera, el héroe momentáneo que fue “Papudo” en la vida de Gabi y Sergio se desmorona. Un acto humanitario no puede borrar todas las atrocidades que cometió, y “Papudo” es consiente de ello. Hablamos de un soldado que por más de 10 años torturó y asesinó a una serie de chilenos, en sus comienzos siguiendo órdenes, pero con posterioridad como alguien consagrado dentro de la CNI. Al salir de la sala quedó inmediatamente en mi cabeza la idea de la sorpresa que debe llevarse el público extranjero en la medida que se desenmascara “Papudo”. Hasta acá nuestro relato, dejamos en sus manos encontrarse con este increíble documental que puede no contar nada nuevo, pero que lo hace desde una perspectiva específica que lo hace sentir muy especial.

andres-valenzuelaLa elección/decisión de incorporar imágenes por parte de Goycoolea fue muy sabia y honesta. A través del proceso creativo de los dibujos, logró hacer suya una historia que en estricto rigor no lo es. Por eso no sólo venció la barrera económica que era pagar los derechos de tantas y tantas imágenes que han quedado grabadas en nuestra memoria. Vence además su propia barrera psicológica, creando en su imaginación escenas que nunca existieron, o simplemente insertándose en las que sí lo hicieron. Eché de menos, en particular, más relatos del padre de Adrián. Lo poco que vimos de él daba a entender que estaba a favor del “gobierno militar”. Pongo en comillas, pues fue así como se refirió a la dictadura de Pinochet, lo que sumado a su cargo en una multinacional que oficialmente intentó desestabilizar a Allende, no hace sino dejar la duda en el aire. Traigo esto a colación, pues una forma que Adrián puede hacer este relato suyo, puede ser mostrando cómo, el golpe y la dictadura, pueden ser interpretado de distintas formas por distintos familiares, y cómo, a día de hoy, esas diferencias persisten. En todo caso, el padre de Adrián tuvo un rol activo en la liberación de su hermana, otorgándole asilo en Brasil, donde trabajaba por esos momentos. En todo el resto el documental es notable. Y como lo mío es sólo suposición (no alcanzó a llegar el micrófono a mis manos), el documental es simplemente recomendable.

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