We come as friends (2014)

Finalmente llegó a su fin la 18° edición del Festival Internacional de Documentales de Santiago, FIDOCS. Son 12 los documentales que hemos comentado y que pueden revisar haciendo click acá, 7 días donde el equipo liderado este año por Carlos Flores hizo un excelente trabajo por traer a la pantallas nacionales lo último de lo último a nivel nacional, latinoamericano y europeo. Por lo mismo, hemos decidido dar por cerrada nuestra cobertura con uno de los documentales que se presentaba con más pergaminos. Hablamos de “We come as friends” de Hubert Sauper.

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Es curioso que una de las naciones más jóvenes del mundo, sea a la vez el más fiel resabio del colonialismo de siglos pasados. Los ojos de China, Estados Unidos y parte de Europa están puestos en Sudán, “curiosamente”, uno de los países más pobres en toda África, pero con una producción de petróleo que supera los 350.000 barriles diario. Por eso en “We come as friends” presenciamos un colonialismo “moderno” o “contemporáneo”, donde las leyes pueden tratar a todos iguales, pero el abuso de los blancos (generalmente relacionados al capital económico) es tremendo. Esto hace fundamental el trabajo de Sauper en las primeras escenas, donde nos explica el título tratando de convencer a una tribu de Sudán que a diferencia de otros “blancos” que han visto, él viene como amigo. Difícil tarea, pues es el mismo discurso que han traído los otros por décadas y décadas, instaurando un sistema de abusos que puede cambiar de titular, pero que siempre es el mismo.

Hubert Sauper es un director austríaco de mucho reconocimiento. Pese a ser tan aclamado, sus trabajos son de esos que nunca vemos en Chile. Gracias nuevamente a FIDOCS, que como siempre, se mantiene en la vanguardia en comparación a la distribución tradicional. Su obra más famosa es “Darwin’s Nightmare”, la que le significó una nominación a un premio de la Academia como mejor documental el año 2006. Desde entonces, 6 años se mantuvo trabajando en este que es su nuevo proyecto, que ya lo ha llevado por festivales tan prestigiosos como  Sundance o el de Berlín. En pantalla veremos a Sauper y su equipo recorrerán África en una tímida avioneta, descubriendo lo peligroso y agresivo que se ha vuelto un continente con una de las culturas más hermosas del mundo, en especial por esa horrenda mano extranjera que ha posado su interés en sus recursos.

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En “We come as friends” vemos básicamente a un Sauper disparar contra todos. Destacan con luces propia la política exterior norteamericana (y el montaje que hace su embajador con una planta eléctrica); el abuso de las multinacionales (en esa vergonzosa transacción con el líder de una tribu cambiando 600.000 hectáreas y sus recursos por US$ 25.000); la religión (musulmanes versus cristianos, y en particular, los “misioneros”); a los políticos que se han hecho ricos con la división del país pero que ni siquiera saben su himno; entre otras. Los chinos tampoco escapan del lente acusador de Sauper. Es impresionante ver la gigantesca planta petrolera construída en mitad del desierto, llena de trabajadores asiáticos con condiciones de vida notables, mientras afuera Sudán y sus habitantes siguen esperando que el progreso llegue a sus humildes construcciones precarias.

Como les contaba, la idea de un nuevo colonialismo es la tesis de Sauper. Su fundamento es la superioridad de los extranjeros, y no me refiero simplemente a peces gordos. Me refiero a todos. Cada uno de los que llega parece abusar del poder en la esfera que puede. Así como las multinacionales abusan del poder ecónomico, los “misioneros” abusan de la ignorancia y necesidades de Sudán, buscando implantar un sistema de vida occidental que es acogido por la gente simplemente porque nadan en un amplio mar de necesidades. No se olviden. Hablamos de uno de los países más pobres de África y el mundo, donde podemos ver más miseria que en ninguna otra parte en el mundo. Un modelo terrible de ayuda, donde por momentos parecen turistas que lo único que buscan es sacarse una foto en África para poder mostrarla en sus círculos de amigos.

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No podemos sino llegar a la conclusión que la historia de Sudán (y gran parte de África), está escrita hace mucho tiempo. Hablamos de un continente dividido por criterios arbitrarios de poderosos que trazaron líneas horizontales en un plano, y que a día de hoy, sigue siendo objeto de la arbitrariedad del norte. En ese sentido, la escena final de guerra captada por un soldado y que llegó a manos del director, es impresionante. Se trata de una guerra entre naciones vecinos que en el fondo no es de ellos. Eso lo evidencia la proclamación del Presidente de Sudán del Sur con gorro texano, que es aplaudida por la elite de Sudán, quienes son representados por esa despreocupada persona tomando un baño en una piscina de un hotel de Sudán. Esa elite que ve la guerra como un juego al que van a morir los pobres, esa elite que en vez de apoyar a su pueblo, le dio la espalda, ayudando al capital extranjero. Lo importante es saber que hoy la crisis de Sudán es todavía más fuerte, potenciada, sin duda, por la presión de los grandes grupos económicos del mundo. Un documental del abuso de poder en todos sus ámbitos, desde el más pequeño al más grande, todos con un elemento común. No son sudaneses.

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