Naomi Campbel (2013)

Quizás la película nacional que más teníamos al debe, era “Naomi Campbel”. No sólo se llevó el reconocimiento especial del jurado en el Festival de Valdivia 2013. También ha llevado el nombre de Chile a todo el mundo, con participaciones en el Festival Internacional de Documentales de Copenhagen, además del premio a la mejor película en el Festival Libercine (Festival Sobre la Diversidad Sexual y Género), y funciones en el Festival IndieLisboa, entre otros. Hoy, sin ir más lejos, está siendo presentada en la Cineteca Nacional de México. Con estreno comercial programado para diciembre, el Colectivo Utópico de Disidencia Sexual y el Centro Cultural Matucana 100 tuvieron el agrado de invitarnos a una función especial este lunes. En pocas palabras, “Naomi Campbel” estuvo a la altura de todas las expectativas que teníamos. Los invitamos a leer por qué.

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El momento para hablar de “Naomi Campbel” no puede ser más oportuno ni simbólico. Ayer, Laverne Cox fue la primer artista transgénero nominada a un Premio Emmy, por su papel en la serie “Orange is the new black”. Alejada del glamour hollywoodense, en “Naomi Campbel”, el género es el eje, tanto así que su “personaje” principal es transexual. Hablamos de Paula Yermén Dinamarca (o simplemente Yermén), quien desde este pequeño país al final del continente, quiere aportar en la discusión de la sexualidad, con un discurso que como dijimos antes, ha recorrido el mundo entero. Dirigida por Camila José Donoso y Nicolás Videla, la película está estructurada en 2 formas de entregar la información, que le dan un color que consiste en la mezcla entre ficción y documental. Esto, según los directores, fue buscado, asimilándolo esta incertidumbre entre géneros cinematográficos con la pugna interna que vive el personaje principal respecto a su género desde un punto de vista sexual.

La primera forma del relato, más técnica y limpia, es la ficción. Yermén, como protagonista, podríamos decir que es el prototipo mismo de la discriminación en nuestro país. En ella se juntan 3 factores que en la sociedad chilena pesan: es transexual, tiene ascendencia mapuche, y vive en una de las poblaciones más conocidas de Chile, La Bandera (un Chile que no es “Chile”). Hablamos de lo marginal de lo marginal. En esta vida, Yermén es tarotista. Vive de eso (lo que le ha servido para ganarse reputación de bruja junto a su culto por la Santa Sara), y su sueño es obtener una operación de cambio de sexo, por lo que debe recurrir a un programa de televisión a falta de recursos. Es en la sala de espera que conoce a una inmigrante colombiana, quizás tan marginal para la sociedad chilena como ella. Es de color, lo que para muchos chilenos es “maraquismo”, y acude al casting con el sueño de ganar una operación estética que le permite parecerse cada día más a su referente, Naomi Campbel(l). En esta parte de la historia es que se privilegian los planos amplios y fijos, para poder así centrarnos en Yermén, su vida, y lo que ella misma improvisa frente a las cámaras, con un trabajo visual de Matías Illanes (foto) y Nicolás Oyarce (arte).

La segunda forma, la documental, tiene lugar precisamente en La Bandera. Los directores dieron una cámara a Yermén para que grabara su vida íntima, lo que significaba adoptar el punto de vista subjetivo de una mujer excluida en una población que pocas veces se ha visto desde adentro. Acá podemos ver a una Yermén mucho más afectada, más íntima, que busca en el alcohol evitar sus problemas, y que reconoce el sufrimiento que le significa ser discriminada, en un memorable monólogo con los perros y su triste analogía con los hombres. De esta forma, Yermén pasa a ser co-realizadora con los directores, pero manteniendo un hilo dramático que demuestra la horizontalidad con que se desarrolló el proyecto (ella reconocería en la ronda de preguntas posterior ser amiga de Nicolás). Acá. lo que falta en técnica, por motivos lógicos, abunda en contenido. El que no se conmueve con el discurso de Yermén, puede conmoverse con pocas cosas.

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Sin dudas “Naomi Campbel” es un aporte en muchos sentidos. Primero, desmitifica al transexual, que constantemente ha sido caricaturizado en el cine . No busca redimir su figura, ni el final feliz con la transexual operada y niños adoptados. No. El final es triste, emotividad que se centra en la escena en que Yermén grita extrañando a su madre al enterarse que fue rechazada por el programa. Por eso, la honestidad es lo que prima en el relato, honestidad que simbólicamente representa la cámara de Yermén, que prescinde de todo eufemismo. Es a través de ella que se muestra a La Bandera como un territorio “trans”, donde Yermén es una sobreviviente que debe valerse de la compasión (con las amigas vecinas) y de la ignorancia (con los que la señalan como bruja) para sobrevivir. Pero ante todo, la vida de Paula (Yermén) trasciende. Ella es más que una tarotista, es más que un transexual, y es más una vecina de La Bandera. Ella es y será Yermén.

Otro aspecto que merece ser destacado es la bondad que Yermén refleja al poner en el mismo nivel sus deseos que los de Naomi en la sala de espera. Mientras lo de ella es una operación que la define sexualmente (está atrapada en un cuerpo de hombre), Naomi sólo quiere parecerse a los estándares. No obstante eso, ambas posiciones son igual de legítimas para Yermén. La disconformidad con el cuerpo se muestra de varias maneras (el gordo, el discapacitado, el transexual, el “feo”, etc.), y Videla con Donoso, a través de Yermén, prescinden de cualquier presentación paternalista al respecto.  Es más, se centran en la percepción que tiene Yermén de la vaginoplastía, sin querer por ello extrapolarla a todos. En ese sentido, la película es muy medida, pero con una crítica potente a la sociedad chilena que les impone cambios a ambas para salir de la marginalidad.

Si hay algo que muchas veces he criticado de ciertas películas, es que sean “propagandísticas”. Bueno. En “Naomi Campbel” el sentido es el contrario. ¡Ojalá se vuelva una propaganda, que se utilice como discurso de igualdad! Los directores presentan una descarnada crítica al sistema de salud nacional, basado en el dinero. Como le enrostra el médico que primero la atiende, en Chile nada es gratis, y nuestros ciudadanos se han acostumbrado (malamente) a ello. Por eso, sería muy útil que películas como esta logren que el ojo del debate de salud se pose en todas aquellas intervenciones quirúrgicas que deben ser prioritarias, incorporándose como una garantía más en el sistema de salud. ¿Qué puede ser más trascendente para una persona, para su psiquis, que una vaginoplastía?

Yo la verdad le doy las gracias a Donoso y Videla. El discurso de aceptación de la Yermén es hermoso, al reconocerse trascendente en las escenas finales. La pregunte que muy bien planteaba Yermén luego de la función es clara al respecto: ¿Qué define a una mujer y a un hombre, un pene y una vagina? Cada uno debe entenderse bello como es, y Yermén lo entiende luego de su periplo. Cómo dice el título, no es fácil convertirse en otra persona. Y a lo largo de “Naomi Campbel”, vemos como Yermén (Paula) lo descubre de una forma dolorosa pero que derrocha humanidad.

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