Matar a un Hombre (2014)

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La anticipada película de Alejandro Fernández Almendras, próxima candidata por Chile al Óscar, hace su estreno masivo en salas, tras pasar por el circuito de festivales, en los que ganó reconocimiento, entre otros, en Sundance y Rotterdam. Lea nuestro comentario.

Jorge (Daniel Candia), un trabajador forestal que una mala noche en la que se celebraba el cumpleaños de su hijo Jorgito (Ariel Mateluna) es asaltado por “El Kalule” (Daniel Antivilo), quien entre el botín que obtiene del asalto, le quita un instrumento con el que se inyecta insulina para tratar su diabetes. Este acto motiva a su hijo para intentar recuperar dicho objeto, tras lo cual recibe un balazo del hampón, el que en el momento se auto-infiere una herida para confundir a la persecución penal y obtener una sentencia favorable, al no haber testigos en la escena del crimen.

Tras cumplir su condena, el maleante, cuyo pseudónimo nos recordará a un muy buen volante central del fútbol chileno, sigue hostigando de forma violenta a la familia, que acude a la policía y la Fiscal a cargo del caso para intentar detener a este sujeto, el cual llega a puntos muy oscuros buscando amedrentar a estas personas. Las instituciones funcionan, pero no con la celeridad que Jorge esperaría, lo cual lo lleva a resolver el problema él mismo.

Como bien señala el título, Matar a un Hombre trata sobre eso. Pero en verdad trata de sobre “matar” a dos hombres. Una figura muy bien utilizada por la forma en que es retratada creativa y técnicamente la película, contraponiendo tomas llenas de un verde vivo, y el rostro de un hombre, Jorge, que parece muerto en vida. Tomas largas y guión mínimo, porque la desesperación rara vez se expresa en palabras, sino en silencios.

Hay una escena en el desenlace de la película, mostrando una playa, en la que la motivación del filme se expone por completo. Los puntos a favor están en la construcción del personaje principal, y el relato que se genera en la actuación de Candia, que personifica de forma sincera al hombre común, y es responsable de que el camino del protagonista sea intrigante, trazado entre la angustiante expectativa de cuál será su siguiente movimiento, al verse perdido en la soledad.

El thriller policial a menudo es usado para denunciar sensaciones sociales. En este caso, el director y guionista se encarga de fotografiar de forma certera la impunidad, sufrida por las clases más bajas, y muchas veces caricaturizada por los propios actores políticos (no deja de llamar la atención la fotografía del Presidente que prometió que se acabaría la fiesta a los delincuente durante su mandato, en el fondo de las escenas en la comisaría). Lo que hace la película tan interesante y angustiante a la vez, es su minimalismo bien entendido, utilizado a favor, para intentar retratar sin caer en lo común a un sector de la población. Y no hay que dejar de aplaudir el uso genial de sus recursos principales: los actores. En especial, Daniel Candia. Él es la película.

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