Boogie Nights (1997)

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 Seguimos con el especial sobre Paul Thomas Anderson, para continuar con aquella que se considera por la mayoría, su primera película. O la que podemos contar como la película que llevó a un joven Paul Thomas a llamar la atención en la industria del cine. Diez años y 15 millones de dólares después, nuestro querido director retoma la historia de Dirk Diggler para llevarla a la pantalla en la forma de la aclamada Boogie Nights.

Año 1977 en el valle de San Fernando en la ciudad de Los Angeles. La onda disco no podía ser más popular y todo quien dice ser alguien se encuentra disfrutando de las movidas y luminosas noches en el valle. Es aquí donde nos encontramos al joven Eddie Adams (Mark Wahlberg), quien aspira a ser uno de esos “alguien”, pero que mientras espera su momento, se encuentra trabajando en uno de los clubes más populares: Boogie Nights. Entre los clientes frecuentes de Boogie Nights también se encuentra Jack Horner (Burt Reynolds), reconocido director de cine pornográfico y quien ha visto en Eddie a un diamante en bruto, perfecto para protagonizar sus películas y convertirlo en una estrella. Aquí es donde entra la carismática y adolescente Rollergirl (Heather Graham), quien por órdenes de Jack es la encargada de conocer y probar los amplios atributos que Eddie esconde dentro de su ropa interior.

Entre esas jugarretas del destino, Eddie se ve despojado del lugar donde reside y nada más que con lo puesto, recurre a la ayuda de Jack, quien con los brazos abiertos y la esperanza de llenar sus bolsillos con el talento del joven desválido, lo recibe en su mansión. Una mansión que parece nunca dormir y donde se desenvuelve un arcoiris de personajes en el mundo de la pornografía; entre ellos está Amber (Julianne Moore), protagonista de las principales películas de Jack y conocida por comportarse como una madre con todo aquel que pasa por la mansión, todo intentando de llenar el vacío de la pérdida de la custodia de sus propios retoños al preferir trabajar en la pornografía y no dejar de lado sus vicios, como la cocaína. Reed Rothchild (John C. Reilly) es otro de los actores, quien en poco tiempo se convertirá en el mejor amigo de Eddie, quien aún se encuentra un poco desorientado en el ambiente siempre soleado del porno.

Luego de conocer y de ser aprobado por “el Coronel” -principal financiador de las películas de Jack-, se produce un punto de quiebre tanto en la película como en la vida del personaje encarnado por Marky Mark: el cambio de nombre, con el cual se producirá un cambio en la personalidad y en la forma de desenvolverse de la nueva estrella porno. Del común y desamparado Eddie Adams, pasaremos -junto con él- a la estrella que será Dirk Diggler. Con el estrellato vienen las múltiples ventajas, sobre todo aquellas que el dinero puede comprar, las que además, son todas las cosas a las que Diggler como Eddie Adams nunca pudo acceder.

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Pero con todo ascenso rápido como el de Dirk, viene una caída, la que comenzará con el inicio de la década de los 80. Acompañado de su reciente consumo de cocaína (incitado por Amber), Dirk comienza a perder el control de su vida y al mismo tiempo de su cuerpo, lo que no le permite rendir como antaño frente a las cámaras. La arrogancia que lo comienza a dominar lo lleva a renunciar a su trabajo, quedando nuevamente en la calle y teniendo como único refugio a las drogas, regresando incluso a la prostitución, actividad que frecuentaba en sus días como Eddie Adams.

La decadencia y caída no es sólo para Dirk. Amber nuevamente no es capaz de recuperar la custodia de sus hijos, Scotty J. (Philip Seymour Hoffman) un tímido asistente de sonido recibe nada más que el rechazo de Dirk ante la confesión de su amor, Buck Swope (Don Cheadle) y su esposa Jessie St. Vincent (Melora Walters) no consiguen los préstamos necesarios para su futuro negocio por haber pertenecido a la industria del porno; mientras que Jack se ve afectado por el cambio de la industria que significa empezar a producir películas en formato video y no para la pantalla grande.

Muy contrario con lo realizado con Hard Eight, Boogie Nights forma parte de esta primera etapa de Paul Thomas Anderson, enfocada a contar múltiples historias (formato que repetiría y que veremos comentado en este especial la próxima semana, con Magnolia). A pesar de que la figura e historia principal siempre termina siendo el ascenso y caída de Dirk Diggler, la narración de las historias satélites a la estrella porno se hacen necesarias para tener una imagen más descarnada y menos fantasiosa de la industria pornográfica a fines de los 70 y comienzo de los 80.

Sexo, vicios, dinero rápido y carreras que caen tan fácil como subieron, son parte de la columna vertebral de Boogie Nights, producción que comenzó a consolidar la trayectoria de Paul Thomas Anderson como uno de los directores más destacados e intensos a la hora de contar historias de esta generación. Porque a pesar de la premisa de la película -“es la historia de un actor porno en los 70’s”- hay que ir preparados para ver la parte más difícil, dramática y, muchas veces, decadente de aquella industria que tanta satisfacción le ha dado a tantos y tantas.

El famoso plano secuencia inicial de Boogie Nights(recurso bastante utilizado por PTA), donde como espectadores podemos conocer a gran parte de los personajes que nos acompañarán en las próximas dos horas y media.

 

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