Locke (2013)

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En esta película, Tom Hardy nos invita al viaje en el que su vida completa está en juego.

Ivan Locke (Tom Hardy) se sube a su auto, conecta el teléfono a bluetooth (porque si va a manejar, no lo haga con el teléfono en la mano), y empieza a resolver uno a uno sus problemas. Primero, abandona su trabajo en una construcción de un edificio como supervisor de la obra en concreto, por lo que debe coordinar con Donal (Andrew Scott) la descarga de la mayor cantidad de material en una obra civil, en Europa. Esta inversión de muchísimos millones de dólares enfurece a Gareth (Ben Daniels), su jefe, pues Ivan fue siempre el mejor supervisor, y no esperaba una irresponsabilidad de esta magnitud de su parte. Luego, llama a Katrina (Ruth Wilson), su pareja con la que tiene dos hijos, para contarle el porqué no llegará a casa a ver un importante partido de fútbol: en Londres, a una hora y media de distancia, está naciendo un hijo suyo, fruto de una relación extramarital.

Escrita y dirigida por Steve Knight, la película es lo que tradicionalmente se conoce como un “one-man show”: es Tom Hardy el único actor que se ve en pantalla, y su comunicación con el resto de los personajes ocurre por teléfono. La película fue filmada en tiempo real por la carretera M1 de Inglaterra, y las tomas principalmente se enfocan en el rostro del actor, aunque también se ven algunas de los caminos que recorre.

A medida que avanza la película, los problemas aumentan: los permisos de la obra son revocados, su pareja no puede creer que Ivan le fuese infiel, y Bethan (Olivia Colman) tiene problemas durante el parto. El viaje progresivamente va cambiando físicamente el rostro de Locke: está cada vez más cansado, y más oprimido por las llamadas que recibe. En definitiva, es un progresivo viaje al infierno por una hora y media. El tono de voz de Hardy caracteriza al personaje como un hombre calmado, en busca de resolver problemas, con una sinceridad y jerarquía que nos obliga a estar de su parte. En paralelo, Locke verdaderamente combate contra el fantasma de quién no quiere ser, y es la motivación para que tome la ruta directamente a la boca del lobo.

Locke es de esas historias que conectan con la esencia humana. Personajes que cometen errores. Historias simples, conversaciones creíbles, con tomas que hacen sentir al espectador en el asiento del copiloto. Es una hora en la que la vida de un personaje cambia, sin grandes pirotecnias, sólo armada con un gran actor, y un guión excelente, suficientemente dinámico, complejo e interesante. No podemos dejar de recomendarla. Súbase al automóvil de Tom Hardy, que lo hará recorrer una experiencia que nos recuerda porqué nos gustan las películas.

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