There Will Be Blood (2007)

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Dinero, religión y familia. Misantropía, fe, ambición y poder. Daniel Plainview, Eli Sunday y la batalla por dominarse el uno al otro en medio del desierto, y el sucio petróleo.

Basada levemente en Oil!, novela de Upton Sinclair, There Will Be Blood narra la historia de Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis), un minero que desde su presentación en 15 minutos de escenas sin diálogo, su “nacimiento” en las oscuras y cerradas dependencias de una veta minera hasta su salida a la luz, con una fractura a cuestas para salvar una pieza de mineral que será vendida, arma el esquema valórico del personaje de inmediato. Cuatro años después de los eventos en dicha mina, en el año 1902 referenciado por la fuente de los números y los títulos de la película que no pueden sino evocar a las escrituras bíblicas, Daniel se encontrará con dos elementos que cambiarán su vida: petróleo, y tras la muerte de uno de sus trabajadores, a un pequeño en una cesta, al que veremos 9 años después bautizado como H. W. Plainview (Dillon Freasier).

Todo este acto de la película resalta la fotografía de Robert Elswit, la música de Jonny Greenwood, y la capacidad de Paul Thomas Anderson de contar una historia sin decir una palabra, con montajes precisos, uso de la luz y dirección de actores, que claramente contó con uno de los grandes en Daniel Day-Lewis encarnando al poderoso e icónico protagonista.

Daniel Day-Lewis There Will be Blood

H.W. acompañará a su padre y socio por los pueblos de la costa oeste norteamericana buscando pozos de petróleo. Pero además de eso, de gente sobre la cual pueda ejercer presión suficiente para que el rédito de la empresa sea el mayor posible. Dichas visitas al comienzo no prosperan, hasta que un muchacho llamado Paul (Paul Dano) le ofrece información sobre un lugar en el cual el petróleo sale a la superficie, a cambio de una comisión. La negociación lleva a Daniel a Little Boston, lugar donde conocerá al resto de los Sunday, incluido el patriarca, el cual es presa de la violencia argumentativa del petrolero. De aquel grupo destacan también el hermano de Paul, Eli Sunday, y la pequeña Mary, la menor del clan. Eli sabe de la existencia de petróleo en la granja, y se lo hace saber a su padre, pero Daniel convence a ambos prometiendo un aporte de 5.000 dólares para la iglesia de la que es pastor Eli.

Sobre la misma incursión en la cual acreditan la existencia del codiciado hidrocarburo, Daniel Plainview busca adquirir la mayor cantidad de cuotas de tierra posible, para lo que, al igual que en el pueblo anterior al que acudió, convoca al pueblo a escuchar la oferta que un petrolero puede hacer: progreso, distribución de las riquezas. Mientras se escuchan las palabras de Plainview que prometían educación, cultivos e infraestructura, las imágenes muestran los escuetos campamentos donde los hombres de la empresa petrolera se instalan, llegando desde el tren como una plaga arrasando con el lugar. La imagen viva del capitalismo, en el que las personas importan mientras sean dóciles, y si la fe ayuda a eso, qué mejor que comprometerse con un cuantioso aporte a la capilla local. Todo eso está presente en el precioso monólogo de Daniel Plainview “I am an oil man“.

Tras haber adquirido casi toda la tierra de la comunidad, la producción comienza, y el opening day llega con la recomendación del joven Eli de bendecir el lugar de trabajo, lo que es desechado de plano por la personalidad egoísta de Daniel, el que recita unas frases sin mucho sentido en las cuales invoca a Dios, dejando completamente en el olvido a Eli. Daniel ganaría el primer round, pero pronto se arrepentiría de aquello, pues un accidente que causó la muerte de uno de los trabajadores empezaría a rondar por la cabeza de Painview, y sus ideas sobre la divinidad. Daniel responde a Eli negándole la donación prometida, y golpeándolo en el barro.

La batalla de Daniel e Eli es otro tópico de la película. El poder de la fe (y más que de la fe, de la influencia en la gente) contra el poder del dinero. El profeta de Dios contra el profeta del lucro. Lavándola de apellidos, la batalla entre dos egos muy parecidos: ambos necesitan el éxito desesperadamente, ambos están tan comprometidos como corrompidos por su misión, necesitan dominar al resto, y con ellos, el uno al otro. El guión permite que se dañen mutuamente, y son las escenas en que dichos personajes se enfrentan, en las que un eclipsado pero extraordinario Paul Dano saca provecho del guión y su calidad actoral, las más recordadas de la película. El bautismo y los milkshakes no son lo mismo después de esta película.

No bien mientras la batalla contra Eli preocupa a Daniel, cuando otro tópico empieza a tomar cada vez más relevancia: tras otro accidente en la faena, en el que H.W. queda sordo, aparece un tal Henry Plainview, el que dice ser el hermano del hombre. Las relaciones afectivas de Daniel en la película son nulas, o casi nulas. No tiene intereses románticos, y sabemos que H. W. no es precisamente querido por él; pero de existir algo de emotividad en él, dos eventos los cierran por completo: en medio del accidente, Daniel corre al pozo que causó el accidente, y se arrodilla a contemplar que tiene una nueva y profunda fuente de ingresos en él, lo que termina por destruir la ya mala imagen del niño sobre su padre. Esto terminaría con H.W. en un tren, abandonado por Daniel, que después volverá para retomar su lugar en la empresa petrolera.

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El otro evento es la citada aparición de Henry, porque son los primeros minutos en que conocemos algo del backstory de Plainview. Sus intereses, sus gustos, sus motivaciones, su eminente deseo aspiracional. Incluso algo sobre su familia. Su incesante sed competitiva que no le permite disfrutar el éxito ajeno. El desprecio a la gente. Es con Henry y sin H. W. que Daniel pareciera buscar un lazo, más por afianzarse a que pudiese encontrar algo de comprensión en los lazos de sangre, pero aquello no ocurre. Henry, que poco a poco va cayendo en las mentiras que sustentaron su cercanía a Daniel, finalmente confesa que no es hermano de Daniel, que utilizó el diario del verdadero hermano de Plainview, en el cual dicho hermano también describe a Daniel como un extraño. Era el último lazo que conectaba a Daniel con las emociones, y se rompió de la forma más traumática: con un balazo. La familia ha sido siempre un tópico importante en la filmografía de Anderson, y en esta película el director explora a un personaje sin ninguna. Si en Magnolia y Punch Drunk Love es su familia la que agobia a los personaje, en Hard Eight y Boogie Nights es la que los contiene. En There Will Be Blood pudo, en algún punto, salvarlo, pero un hermano que no fue hermano terminó por hundirlo. El Daniel Plainview que años más tarde le confesará a H.W. que sólo es un bastardo en una canasta, es la prueba final de su oscuridad.

La caída al infierno que nunca se detiene en la película, tiene un hito tremendo: para concretar el negocio del acueducto, Daniel debe someterse a Eli y ser bautizado. Eli lo hace confesar el abandono a su hijo, que ha pecado, y recibe las bofetadas de vuelta del joven pastor. Una vez bautizado por su enemigo jurado, la tensión se rompe con un suspiro de alivio por las implicancias económicas de su acto de fe.

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El salto de tiempo lo marca H.W., el que finalmente se casa con Mary, haciendo en el camino cuñados a Daniel e Eli, el que había emprendido el camino de misionero con la victoria final sobre Daniel. En 1927, con la economía a la espera del crash dos años después, Eli visita a Daniel en su mansión, en la que está sumido en el alcoholismo y la demencia “disfrutando” de una vida de trabajo. Quizás es por esa visión sesgada de Daniel que vemos que Eli no ha envejecido cuando se reencuentra con Daniel.

El profeta viene a exigir un negocio por los dominios petroleros que heredó su iglesia de un fiel, además de la nunca concretada donación de 5.000, lo que termina con Daniel nuevamente derrotando a Eli, primero desenmascarándolo y exigiéndole confesar que Dios es una superstición. Luego, además no recibir nada, se entera que su pozo fue drenado por Daniel, y para finalizar su venganza, Eli terminará con la cabeza rota, tras correr por una pista de bowling suplicando por su vida. Daniel, como bien le dijo a Eli, bebió su milKshake, y termina la película contestando al llamado de su mayordomo. “I’m finished”.

Robert Elswit sobresale con su trabajo de fotografía, la banda sonora de Jonny Greenwood brilla con sus melodías industriales, e incluso en los silencios que se toma en algunas escenas. Paul Thomas Anderson escribe una historia tremenda, un verdadero estudio de personaje en que no hay matices en su desarrollo en cuanto al discurso, pero el trato a su naturaleza, y la interpretación soberbia de Daniel Day-Lewis terminan por crear, de forma querida, a un antihéroe.

There Will Be Blood es importante. Es tan importante que ya ha sido seleccionada como una de las mejores películas jamás hechas, y sin duda una de las mejores de la primera década del nuevo milenio. Y es importante porque vivimos en el mundo de Daniel Plainview, donde las riquezas descansan en dichos bolsillos, y la gente es relevante porque es maleable. Porque la fe es un insumo de negociación. Porque los milkshakes siguen siendo bebidos por los Daniel Plainview. Porque el trabajo visual es excelente, las actuaciones grandiosas, y la música impresionante. Porque si nos gusta el cine es por las buenas historias, y esta es excelente.

twbb8

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