Gone with the Wind (1939)

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Amor de niña, de mujer, a la tierra, a los hijos, a la familia y sobre todo, amor propio es lo que veremos junto a esta reseña del clásico de los años 30.

And you, Miss, are no lady

Es la segunda mitad del siglo XIX y en el hoy país de la (reprochable) libertad se enfrentaban las industrias abolicionistas del Norte contra los agrarios esclavistas del Sur, La Unión versus la Confederación. Del lado confederado está la familia O’Hara, formada por Gerald y Ellen O’Hara y sus tres hijas: Suellen, Scarlett y Carreen. Nuestra historia se centra en la segunda hija de los O’Hara: Scarlett.

A sus dieciséis años, Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) es una aristócrata joven sureña, de personalidad altamente caprichosa quien es cortejada por todos los jóvenes de la región, pues es conocida por su belleza, elegancia y fortuna familiar. Sin embargo, y a pesar de seguir el juego de sus pretendientes a punta de la más evidente coquetería, el corazón de Scarlett no hace más que latir por Ashley Wilkes (Leslie Howard), un joven hacendado que mantiene muy buenas relaciones con su familia. Cuando la joven se entera que en la próxima fiesta de los Wilkes se anunciará el matrimonio de Ashley con Melanie Hamilton (Olivia de Havilland), Scarlett sacará todas las armas a su haber para intentar impedirlo, incluso confesar su amor, algo no muy bien visto para las señoritas de la época. Luego de fracasar y de verse rechazada por Ashley, Scarlett vive un encuentro que cambiará el rumbo de toda su vida, pues conoce a Rhett Butler (Clark Gable), uno de los invitados a la fiesta y que no esconde su personalidad descarada hacia la joven. A pesar de conocer el secreto del amor de Scarlett, Rhett promete su silencio, lo que poco le importa a la caprichosa niña.

En medio de la fiesta, la tan inminente guerra estalla y todos los jóvenes felices por defender su causa, se dirigen raudos a enlistarse. Entre ellos está Charles Hamilton, fiel pretendiente de Scarlett y hermano de Melanie, quien entre en medio del furor de la guerra, le pide matrimonio a Scarlett, la que ve en él la oportunidad de “vengarse” de Ashley al casarse con su cuñado. Así, a sus cortos 16 años (no tan cortos para la época), Scarlett “gana” a su primer marido, quien morirá pronto en la guerra por culpa de una neumonía.

Convertida en una joven viuda de guerra, Scarlett decide abandonar el nido familiar en la hacienda de Tara, para dirigirse a Atlanta junto a su cuñada Melanie, quien sin saberlo, encarna a la principal enemiga y obstáculo para la felicidad de Scarlett junto a Ashley. Melanie es una mujer genuinamente buena e inocente, quien vela siempre por el resto antes que ella, otra cosa que los caprichos de Scarlett están lejos de comprender; a pesar de esto, Scarlett promete a Ashley el cuidar a su esposa, promesa que cumplirá sólo motivada por su amor y no por consideración a Melanie.

En Atlanta, ambas trabajan como voluntarias en los improvisados hospitales, donde ven todo el horror de la guerra y de como esta está desmembrando a todo un país y no solo los cuerpos de sus hombres. En medio de la más sangrienta de los contextos, Scarlett debe cuidar a Melanie, debilitada por su avanzado embarazo; al no haber doctores disponibles, es ella quien debe hacerse cargo del parto y de traer al mundo al hijo del hombre que más ama. Pero la ciudad está colapsada y todos y cada uno de sus habitantes se han visto obligados a evacuar y huir, la situación está al límite para ambas mujeres quienes con la ayuda de Rhett Buttler deben dejar todo atrás y subir a una débil carreta, que por unas horas se convertirá en su pequeño mundo donde quien llevará las riendas serán Rhett y Scarlett, cuidando a la débil Melanie, a su recién nacido hijo y a Prissy, una de sus esclavas.

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Tras la huida de Atlanta, los caminos de Scarlett y Rhett se vuelven a separar, no sin antes escuchar la apasionada confesión del amor que este hombre profesa hacia la joven. Ella no quiere oírlo, pues solo sabe reprocharle el estar abandonando a tres desamparadas mujeres, mas Rhett confía en la fuerza de Scarlett y se dirige a enlistar, pues se siente avergonzado de ver como el mundo que conocía se ha caído a pedazos y no haber hecho nada para impedirlo.

Lo que no sabe Scarlett es que al regresar a Tara, todo el mundo que alguna vez conoció, su lujosa y acaudalada hacienda está en ruinas, al ser atacada una y otra vez por las tropas de la Unión. Asimismo, encuentra a su familia completamente destrozada, su padre se ha vuelto demente, su madre ha muerto el día anterior a su llegada, sus hermanas están enfermas y los únicos que sostienen Tara, dentro de sus poquísimas y limitadas posibilidades, son los fieles sirvientes de la casa: Pork y la incondicional Mammy (Hattie McDaniels). No hay nada para alimentar las bocas de la familia y Scarlett sobreponerse ante toda adversidad y jurar ante Dios que hará cualquier cosa -ya sea mentir, robar, engañar o matar- para que ni ella ni su familia vuelva a pasar hambre, marcando el punto de quiebre en su vida, dejando atrás todos sus caprichos de niña para dejar la puerta abierta a su nueva vida de madurez.

As God as my witness

Luego del juramento de jamás volver a pasar hambre y de poner a Dios como su testigo, la ambición de Scarlett crece día a día al intentar hacer resurgir a Tara de la miseria, enfrentándose a viejos enemigos hoy aliados con los yankees y como si eso fuera poco, debe sufrir otro golpe más dentro de la precaria situación en que vive: Gerald, su padre, muere en un accidente mientras montaba su caballo buscando enfrentar a un ex-empleado. Luego del impacto de su muerte, también vuelve Ashley, solo para caer a los brazos de Melanie, ante la mirada llena de envidia de Scarlett.

Con todo el peso de Tara encima y de tener que hacerse cargo de su familia, Scarlett va a la ciudad a reunirse con un preso Rhett Buttler con tal de conseguir el dinero que no tiene, pero el hombre es mucho más astuto que ella y pronto se da cuenta de sus interesadas intenciones, solo para burlarse de ella confesándole que la guerra lo dejó sin un peso. Frustrada, Scarlett arropada en un bello vestido confeccionado a partir de las cortinas de la casa de Tara, cruza su camino con Frank Kennedy, un maduro y emprendedor hombre que siempre cortejó a Suellen, la mayor de las O’Hara. A punta de mentiras y engaños, Scarlett le hace creer al hombre que su hermana se ha comprometido con otro, lo que da como resultado tener a Frank Kennedy como el segundo marido de la ambiciosa Scarlett, mejorando inmediatamente la situación económica de su familia, a partir de los negocios de Frank.

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La situación cambia para todos, al verse los Hamilton asociados con los Kennedy-O’Hara, mas la codicia de Scarlett solo crece y crece. Tras un confuso incidente, donde Scarlett se ve atacada por un grupo de ex-esclavos negros, la joven vuelve a conocer la viudez, solo para volver a casarse en poco tiempo, esta vez con Rhett Buttler, quien le ofrece un matrimonio distinto y menos aburrido que el de los demás. Al conocerse ambos tan bien, Scarlett no se preocupa por fingir lo que no es, lo mismo con Rhett; la única diferencia es que con los años Rhett ha desarrollado amor hacia Scarlett, el que no se ve correspondido puesto que, a pesar de todo lo que ha pasado en sus vidas, la otrora joven más codiciada de la región, aún sigue encaprichada con Ashley.

De su tercer matrimonio nace una hija, la que llevará por nombre Bonnie Blue Buttler. La niña se convertirá en el foco de un protector amor de padre por parte de Rhett, pues Scarlett ha decidido no volver a estar con su marido, ante esto, el hombre reacciona de manera violenta pues no le gusta perder ante el duradero amor que su esposa siente por Ashley, un hombre al que admira por la calidad humana que no se siente capaz de tener el mismo.

Serán dos golpes los que terminarán por golpear a la vida de Scarlett O’Hara: al igual que su padre, en un accidente mientras galopaba, su pequeña y única hija Bonnie fallece, dejando al matrimonio Buttler-O’Hara hecho pedazos, pues en la niña ambos veían la oportunidad de mantenerse juntos, a pesar de no sincerar su auténticos sentimientos. Por otra parte, los años han pasado y la débil salud de Melanie termina por acabar con su vida, dedicando sentidas palabras a sus seres queridos, especialmente a Scarlett, a quien siempre vio como una verdadera hermana.

Pronto, todo se aclara para O’Hara cuando termina por reconocer que todos estos años amó a algo y a alguien que nunca en verdad existió, al pensar en Ashley. Aquello jamás fue real y lo único verdadero fue el amor que, sin darse cuenta, comenzó a sentir por Rhett; sin embargo a él ya nada le importa y siente que nada más lo puede atar a su esposa, dejándola sumida en el más completo arrepentimiento.

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After all tomorrow is another day

Para cuatro horas de película, aquel fue un resumen bastante general. Ahora, a lo que nos convoca: el amor. Decíamos que durante la titánica misión que es ver esta película de principio a fin, somos capaces de reconocer diversos tipos de amor en la figura de Scarlett O’Hara, nuestra protagonista.

El amor caprichoso e infantil de niña mimada, lo que la acostumbró a sentirse siempre complacida por sus numerosos pretendientes, pero que finalmente conoce la más pura frustración al ver que el hombre en realidad ama y con el que quiere casarse, no corresponde por completo su amor; cuando en realidad es la poca motivación y, porque no decirlo, cobardía de Ashley de no afrontarse ante una mujer tan decidida como Scarlett, es que prefiere lo que le es más tradicional y más cómodo al casarse con Melanie, cuando si tiene sentimientos por la joven.

El amor maternal, a pesar de no desarrollarse tanto, también está presente en la vida de Scarlett. En la película solo es madre de la pequeña Bonnie Blue, mientras que en el libro tiene hijos de sus tres matrimonios, sin embargo esto no se concibe como un terrible error de adaptación, pues en la novela de Margaret Mitchell, Scarlett solo tiene consideración y verdadero amor por Bonnie, mientras que a los hijos de Charles Hamilton y Frank Kennedy practicamente los ignora; como no se dio cuenta Scarlett que ese era un signo hacia el hombre que verdaderamente amaba, Rhett. Asimismo, el incondicional y dependiente amor que Scarlett profesa hacia su madre, al necesitar infantilmente muchas veces de su presencia.

Para la época, hablamos de una película del año 1939, no era común encontrar una película donde el hilo conductor de la historia fuese llevado en su totalidad por una mujer, menos aún donde el principal objetivo de la protagonista no fuese llegar al matrimonio. Una mujer que utiliza a su beneficio económico la “sagrada” institución, al contrario de sus congéneres cuyo fin último era el matrimonio como “consolidación” del amor o la atracción, así se nos muestra a Scarlett O’Harra, quien a partir de su fuerte juramento y las malas experiencias vividas gracias a la guerra se posiciona como una de las mujeres más poderosas del cine; a través de ella vemos la evolución certera de un personaje, el que cultiva un amor propio que no conoce límites.

Finalmente, el sentido de pertenencia de Scarlett hacia Tara se refleja en un amor hacia su lugar de origen, hacia su tierra, que sale de los patrones comunes. Capaz de hacer hasta lo políticamente incorrecto, todo acorde a su juramento en uno de los clímax de la película, para hacer renacer a su alicaída hacienda de las cenizas fue capaz de matar a un soldado yankee, de engañar a Frank Kennedy para casarse con él y hacerse de su incipiente fortuna y de mentir a cuanta persona se le pusiera al frente con tal de conseguir lo conveniente para ella.

Lamentablemente, cuando por fin logra asumir y darse cuenta de que su capricho tan solo era eso y su presente y futuro debe ser con Rhett, cuando por fin consigue salir de la niebla -literal y figurativamente-, al verdadero amor de su vida ella francamente no hace más que importarle un bledo.

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