High Fidelity (2000)

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Basada en el libro homónimo de Nick Hornby, esta semana revisitamos “High Fidelity”, el “life project” de John Cusack y usamos (y abusamos) del formato lista para cumplir con aquello.

Top 5 motivos para ver “High Fidelity”

  1. No bien realiza algunos cambios a su material de origen -como el apellido del protagonista, o la modificación de locación de Londres a Chicago-, “High Fidelity” es fiel en contar la historia de Rob (John Cusack), quien atraviesa por la crisis de los 25-30 años de la peor manera: atascado en un trabajo que parece no llenarlo, a la vez que sólo acumula problemas económicos, y con el agregado de haber terminado recientemente con Laura (Iben Hjejle), por lo cual nuestro protagonista, melómano y “culturapopista” (?) empedernido, nos guía mediante la compilación de listas a lo largo de sus rupturas sentimentales más grandes, para tratar de darle sentido a su vida y ver cómo darle vuelta a su situación con Laura.
  2. La película es algo así como el “proyecto de vida” de John Cusack, considerando que el hombre no sólo es fan del libro de Nick Hornby, sino que se encargó de protagonizar, producir y escribir esta adaptación, junto a sus partners D.V DeVincentis y Steve Pink. Y es algo que se nota particularmente en la ejecución de la película, rebosante de la pasión de las personas que trabajaron en ella.
  3. Porque es una película generacional. No sólo por su relevancia en los últimos años, sino porque además funciona de forma transversal tanto para aquellos que pasaban por la “crisis del cuarto de siglo” durante el cambio de milenio, como para aquellos que atravesamos por dicho período en este momento, ya que de alguna forma esa generación y la nuestra tiene muchos puntos en común, y sólo por mencionar uno que salta más fácilmente a la vista, el cambio cultural y musical que significó el advenimiento del mp3 y la “muerte” del cd y el vinilo a fines de los 90’s es un buen punto de contrapartida con lo que se experimenta actualmente donde el estancamiento de la industria musical y la masificación de las formas de promoción, distribución y comunicación ha llevado a que se generan importantes movimientos de música independiente, lo que corresponde con el segundo aire que el vinilo ha alcanzado últimamente.
  4. Porque si ud. es de esas personas con prejuicios fílmicos y cree, erróneamente, que las comedias románticas son patrimonio destinado a algunos tipos de público, entonces justamente debería ver “High Fidelity” para enmendar su error perceptivo.
  5. Porque además de un gran material de origen y un excelente elenco, la película está dirigida por Stephen Frears, un tipo que tiene un historial manejando grandes historias humana y presentándolas de una forma especial que logra la mezcla exacta de emoción en el espectador, además de lograr conectarlo con sus protagonistas. Películas como “Philomena”, “The Queen”, “Dangerous Liaisons” o “Dirty Little Things” dan cuenta de aquello.

 

Top 5 razones que hacen de “High Fidelity” una gran película

  1. Porque todos en algún momento nos hemos sentido como Rob Gordon. Y no se trata sólo de una crisis de vocación al no saber a qué dedicarse el resto de su vida (o si acaso dicha elección fue la correcta), sino que además es el hecho de que, cuando hemos pasado por relaciones sentimentales y que han llegado a su término por variados motivos, siempre uno hace el doloroso -pero necesario- ejercicio de rememorar, no sólo los buenos momentos, pero más que nada los malos (y en todas las relaciones, no sólo en la más reciente), y en tratar de comprender no sólo por qué las cosas terminaron como lo hicieron, sino además para buscar culpables y aprender de los errores. Y si bien probablemente ninguno sea tan ególatra y, a la vez, autodestructivo como Rob, en cuanto a la forma de sentirse una basura, pero al mismo tiempo sentir que uno merece algo más, sí es una sensación que a más de alguno le parecerá familiar, así como el preguntarse, en forma positiva y negativa, ¿Qué pasa conmigo?
  2. En relación con el n° 1, porque como pocas veces ocurre en esta clase de películas, nuestro protagonista realmente pasa por una transformación y un cambio que lo hace crecer -al menos de cierta manera, sin cambiar su personalidad-, y que logra que esta película no sólo sea una gran comedia romántica, pero que además sea una tremenda “coming of age movie”. El Rob del comienzo del filme, en plena post-ruptura con Laura podrá tener la misma personalidad del Rob del final de la película, realizado física y mentalmente, y comprometido con la chica cuya ruptura motiva el comienzo del filme; pero son justamente estos cambios los que denotan el crecimiento del personaje, el sobreponerse al miedo al compromiso, al dejo de resentimiento y, tras haber pasado por su viaje personal de tratar de reconectarse con sus ex-novias para saber por qué fracasaban sus relaciones, se dio cuenta que gran parte del problema era justamente él, y no ellas (aún cuando en algunos casos la culpa fuera de ellas, o fuera mutua).
  3. Por su uso de la cultura pop. Obviamente en una página como la nuestra, dedicada a este tema, este era un punto que nos llamaría la atención; pero lo que de verdad vale la pena sacar a colación es el hecho de que esta película perfectamente se puede sentar a la misma mesa con “Pulp Fiction” o con algún capítulo de “Community” debido a la forma en que utiliza -y subvierte- ciertos tropes de las comedias románticas, y también por la forma en que los personajes exhiben conocimiento casi académico, no sólo sobre música (uno de los hilos conductores del filme), sino además sobre cine -cosa de recordar las menciones que realiza Barry (un Jack Black que se roba cada escena en la que está, en la que debe ser probablemente -junto a “School of Rock”- su mejor película) a “Evil Dead II”-, y en general la forma en como las referencias quedan establecidas en función de la película, y no al revés, o como un recurso barato para tratar de generar conexión o risas del público.
  4. Su banda sonora. A estas alturas hablar de la música en High Fidelity es casi como mencionar un hecho de público y notorio conocimiento, debido no sólo a lo icónico de su soundtrack y a lo bien construido de éste -mal que mal, hacer mixtapes es un arte-; sino que además porque la música verdaderamente es un personaje más, lo que es un detalle que normalmente ocurre en las películas que usan música de otros artistas más que una banda sonora incidental para lograrlo. De la misma forma como ocurre en la más reciente exponente de este fenómeno -nos referimos a “Guardians of the Galaxy”-, el uso de la música de otros artistas se utiliza para generar empatía y conexión con el espectador, lo que crea la sensación de ser un personaje más al servicio del film, y la de “High Fidelity” cumple de la misma manera. Además, objetivamente, es una gran banda sonora, capaz de pasar de The Kinks a Velvet Underground, de Queen a Marvin Gaye, o de Elton John a The Chemical Brothers con la misma facilidad y funcionar en el intento.
  5. Si bien el Rob de John Cusack es quien se lleva el peso de la película y es un gran personaje protagónico (que funciona casi como una subversión de su personaje en “Say Anything”), la película está plagada de grandes personajes que tienen variados momentos para brillar. No es sólo Laura, interpretada de gran manera por la actriz danesa Iben Hjejle, pero también están Dick (Todd Louiso) y Barry (Jack Black), los empleados de Rob en su tienda de discos, constantemente discutiendo por pequeñeces, pero con personalidades y formas de ver la vida que de alguna forma se complementan no sólo entre sí, sino que además a Rob. También lucen Joan Cusack (la hermana de John) como Liz, la mejor amiga de Laura; Tim Robbins como Ray, el extraño “solucionador de conflictos” pasado a filosofía new wave y a colonia patchouli; y el variopinto grupo de ex-novias de Rob, donde destacan especialmente Charlie (Catherine Z. Jones) y Sarah (Lili Taylor).

 Top 5 mejores escenas de la película

  1. Si bien es una sucesión de escenas estructuradas en un gran montaje más que una sola, la primera -y más importante- lista que recopila Rob a lo largo de la película, aquella sobre sus 5 peores rupturas sentimentales ciertamente amerita un número propio, mientras conocemos cómo Alison, Penny, Charlie, Sarah y -a regañadientes en un comienzo- Laura forjaron de alguna forma a Rob, o más bien, la forma en que él interpreta que lo hicieron -misma realización que, hacia el final de la película, sabremos que no era del todo tan así-. Además, no creo que nadie no hiciera el ejercicio mental de compilar su propia lista de los peores términos de relaciones, al menos sé que yo lo hice.
  2. Uno sabe que experimenta un punto bajo luego de una ruptura cuando recae en el típico acto de reordenar cosas, como una forma de tratar de seguir adelante y de volver a hallarle un sentido a la vida, mediante el reacomodo de elementos. Y es en el momento en que Rob realiza esto con su enorme colección de vinilos que la aparición de Dick para invitarlo a un show en un bar local le cambiaría la vida, ya que le presentaría a Marie DeSalle (Lisa Bonet). De alguna forma Marie sería una luz en aquellos tiempos oscuros, no sólo porque le permitiría a Rob olvidar momentáneamente a Laura sino porque, de un encuentro sexual casual con ella que termina siendo casi un acto de iluminación, terminaría marcando uno de los giros para Rob en su camino por enmendar las cosas. Además, es interesante por cuanto es su interpretación de “Baby, I love your way” de Peter Frampton -artista que Rob detestaba hasta antes de escuchar a Marie-, algo que nos ilustra una ocurrencia bastante común, que es la forma como nuestra percepción musical puede cambiar de un momento a otro motivada por una persona o un hecho en particular.
  3. El reencuentro con Charlie. No se relaciona sólo con el hecho de que es un punto cúlmine en el extraño viaje de Rob por reencontrarse con sus ex y tratar de aprender el por qué estaban fallando sus relaciones, pero de paso es una escena interesante, primero, por la alienación que siente Rob estando en un espacio y rodeado de gente que, en su juventud era, en parte, el futuro que deseaba; pero además porque es una escena importante que deconstruye tanto la forma en que uno a veces suele romantizar ciertos elementos del pasado y, como la forma en que todos normalmente fijamos una serie de expectativas al momento de conocer una persona, mismas que muchas veces tiñen nuestros recuerdos y nos vuelven ciegos al hecho de que, como le pasó a Rob, fue incapaz de ver lo mala persona que era Charlie. En el fondo, es una deconstrucción y destrucción del concepto de la “manic pixie dream girl” que, en apenas unos pocos minutos, funciona mucho mejor que en otras películas que lo han intentado (te estoy mirando a ti, “500 Days of Summer”)
  4. Bajo la torrencial lluvia de Chicago, un obsesionado Rob sigue tratando de enmendar las cosas con Laura (tratando de aprovechar ese 9% de probabilidades que tenían de volver), y no se le ocurre mejor forma que conseguir el teléfono y dirección de Ray para, acto seguido, ir a aquel lugar, y pararse en un teléfono público en las afueras, para tratar de recuperar a su amor perdido. Es una escena tétrica, patética y el punto más bajo de nuestro protagonista en el filme, que además sirve un ejemplo más de la perversión que es, en contraste, con el personaje de John Cusack en “Say Anything”, así como de su escena más trascendental.
  5. La escena final, en la cual no sólo vemos que los cambios experimentados hacia la última parte de la película por Rob, desde su extraña reconciliación con Laura luego de la muerte del padre de ésta; sino que su vida realmente ha mejorado, añadiendo a ésto la “expansión de giro” de su tienda a ser una productora musical, tras el descubrimiento fortuito del dúo musical de Vince (Chris Rehmann) y Justin (Ben Carr). Para terminar, una fiesta donde se pone a prueba no sólo la ansiedad de Rob, sino que su relación con Laura -pensando en el matrimonio-, en un momento de victoria para Rob, no sólo por su retorno a las tornamesas como DJ, sino al lanzamiento del disco que produce, y la presentación de Barry y su grupo, tocando “Let’s Get it On” de Marvin Gaye, no sólo todo un clásico -tanto del R&B como de la música cachonda-, pero con el agregado de que era LA canción de Rob y Laura, y un buen broche de oro tanto para la película, como para esta lista.
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