Let the Right One In (2008)

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Continuamos con la cruzada del corazón en Revius. Es el turno del romance y horror de “Let the right one in”. Niños, vampiros y muchas sangre en estas #27HorasdeAmor en Revius.

El frondoso cine sueco históricamente se ha destacado a nivel mundial. Sin ir mas lejos se trata de la cuna de un tal Ingmar Bergman, y si bien la edad dorada del cine sueco tuvo su explosión entre las decadas del 50 y 60, existe una nueva camada de directores herederos de la técnica y preciosismo de las obras pasadas del país escandinavo, liderados por el gran Tomas Alfredson, y que irrumpió en el concierto mundial el 2008 de la mano de un trabajo notable que mezcla de gran forma el drama romántico con el horror: “Låt den rätte komma in”, traducida al ingles como “Let the Right One In” (“Déjame Entrar”).

El mismo año en que la saga Crepúsculo saltaba a la pantalla grande con la moda de los vampiros, en Suecia se estrena la adaptación cinematográfica de la novela homónima del autor y guionista del film, John Ajvide Lidqvist. Mientras Crepúsculo es un trabajo eminentemente adolescente, “Déjame Entrar” desde el relato infantil, inocente, puro y genuino, nos cuenta una historia universal sobre el amor, la amistad y la aceptación, bajo el frío y crudeza de los parajes suecos y el calor de la sangre.

La historia ambientada en la localidad de Blackeberg, durante los 80, nos cuenta sobre Oskar, un niño de 12 años que sufre el acoso de sus compañeros en el colegio. El chico, abrumado con las golpizas que recibe a diario, alucina con matar a sus compañeros de clase, jugando con una cuchilla. Una noche cualquiera mientras Oskar jugaba fuera de su casa, aparece una niña llamada Eli, recientemente llegada al edificio junto a un hombre mayor llamado Hakan. La chica, que en un principio se muestra arisca, se convierte de a poco en la mejor y única amiga de Oskar, aun cuando la muchacha presentaba ciertas particularidades, como solo aparecer durante las noches y sin ningún abrigo, a pesar de lo inclemente del clima.

La llegada de Hakan y Eli trae consigo una serie de crímenes en el barrio. En la película nunca se explica la naturaleza de la relación entre Hakan y Eli, pero del libro se sigue que Hakan es un pedófilo perseguido por la justicia, y que Eli lo encubre a cambio que le consiga sangre fresca humana ¿La razón? Bueno… Eli es un vampiro. Lamentablemente, Hakan fracasa en sus intentos por conseguir sangre y es atrapado por la policía, por lo cual decide quitarse la vida (con la ayuda de Eli) y la pequeña vampiro debe arreglárselas por si misma.

Oskar, lentamente y en la medida que la falta de sangre va debilitando a la muchacha, va descubriendo la verdadera naturaleza de Eli, sin reparar en esos detalles menores para caer perdidamente enamorado de ella, incluso cuando le revela sobre su dudosa condición sexual (en el libro se señala que Eli en realidad es un niño castrado). Eli ayuda a Oskar para que enfrente a sus agresores y Oskar por su lado hace parte a Eli del mundo normal, aun cuando la luz del día, los alimentos y el no poder ingresar a lugares en donde no es invitada a entrar (de ahí “Dejame entrar”) sean un límite para ello.

Todo el dulzor e ingenuidad con que los muchachos viven su incipiente amor es adornado por una fotografía hermosa, en donde resalta la luz opaca y los tonos oscuros, acorde al frío escandinavo y la crudeza del paisaje. Pero en una película de vampiros no puede estar ausente el horror, y es ahí en donde la cinta se la juega, ya que no escatima en utilizar el suspenso y la sangre a lo largo del desarrollo de la trama. Eli, mas allá de su fragilidad aparente, es una feroz vampiro, que no duda en degollar a quien sea con tal de defender a Oskar. El shock visual es parte de la propuesta del film, y nos recuerda que por mucho amor que exista en un vampiro enamorado, no deja de beber sangre.

La película es atractiva en todos sus aspectos, pero destaca por sobre todo la versatilidad de su guión que trata de forma transversal una serie de temáticas contingentes como el abuso escolar, el maltrato infantil, la pedofilia, la violencia, y obviamente el amor, fuera de los marcos heteronormativos del género. Si bien existe un remake norteamericano muy bien logrado de esta cinta (“Let me in”) nos quedamos con la versión original que se apega de mejor forma al espíritu del libro y a las problemáticas planteadas en él, además de ofrecernos una muestra de lo mas íntimo, templado y crudo del paisaje sueco.

Y si de amor se trata, la película nos muestra como a pesar de las diversas condiciones y opciones que la vida humana ofrece; a pesar de las múltiples diferencias y dificultades en la comunicación intersubjetiva,  siempre existe la posibilidad de encontrarnos y reconocernos el uno en el otro, sin prejuicios ni caretas. Solo en la intemperie, bajo el frío que embarga nuestra desnudez, es posible hallarnos en un otro, y entregarnos al viaje interestelar por las rutas de lo desconocido, teniendo la confianza que, al menos, ya no estamos solos. Oskar y Eli, finalmente, se hallan y se aceptan, tal y como son, iniciando un viaje sin destino predeterminado, pero juntos.

Nota: El disco “Vampiros” (2011) del gran Angelo Pierattini se inspira en la película. Una joya del rock nacional de los últimos años.

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