Los 80 S07E10: “Ahora nos toca ser felices”

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Fiesta en “Los 80”: Ezequiel celebra a su hijo; Juan empieza a darle una oportunidad a la felicidad, vendiendo la casa , y Ana toma una drástica decisión, mientras en el 2014, Félix y Sybilla encienden la pantalla. 

DE LADRILLOS Y RECUERDOS

Sin preámbulos revisemos lo que pasó esta semana. En el episodio anterior quedamos con Félix tratando de comunicarse con Sybilla vía email. La cita tiene lugar en una marcha a favor de la educación pública, gratuita y de calidad, cosa que claramente no deja del todo cómodo a Félix (medio DC para sus cosas) pero de todas formas no esconde la alegría de volver a ver a su antigua amiga, con una cámara fotográfica retratanto el momento como en antaño.

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Mientras en el 89 importantes eventos ocurren. Juan luego de acordar con Ana arrendar la casa que albergó a la familia por largos años, recibe ya a los primeros interesados, no sin tener algo de aprensión con la idea; como si no estuviese del todo seguro. Mas aun, para ponerle complicado el panorama, un vecino muy interesado en la casa le ofrece comprarla por una buena cantidad de dinero. Sopesar toda una vida de recuerdos grabados en las murallas y rincones de esa casa versus la tentadora suma ofrecida es una tarea complicada para Juan, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos. Pero Félix, en un arranque inusitado de sabiduría se despacha tamaño pensamiento: “La casa es un pedazo de tierra con ladrillos encima, hay que seguir adelante”. Ahora Juanito toma como una posibilidad la venta, pero de todas formas tiene que conversarlo con Ana, que aun no desocupa su antiguo hogar ante la dificultad de encontrar un lugar con Mateo que los deje satisfechos a los dos.

ALEGRÍA, ALEGRÍA: EL ENCUENTRO ANA-ALEJANDRA

Pero el motivo central de este capítulo es Ezequiel y el bautizo de su hijo Gonzalo, en una celebración que reunirá buena parte del mundo de “Los 80” al ritmo de la cumbia y la lambada. Ezequiel no escatima tratandose del bautizo de su hijo. Tremenda fiestoca se mando el hombre, invitando a todo mundo (menos a Nancy, claramente) incluso a sus compadres, Ana y Juan, con sus respectivas parejas ¿Qué tal? En buenas cuentas, ambos han dado vuelta la página y han asumido sus relaciones de forma abierta y honesta…al menos en el papel. Convenidos todos lo detalles solo queda esperar el encuentro glorioso entre las mujeres de Juan Herrera…

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El bautismo como sacramento religioso es una institución que se encuentra en retirada, considerando que nuestra sociedad camina a pasos pequeños pero constantes hacia la secularización de sus costumbres sociales, pero hace 25 años seguía siendo una tradición arraigada en lo mas profundo de nuestra idiosincrasia, no solo por el enraizado catolicismo en nuestra cultura sino por ser una instancia en que la familia y amigos se reúnen para compartir y celebrar a lo grande, un poco en la lógica campesina. Es por ello mismo que Ezequiel se preocupa de invitar a todo el mundo y además realizar una fiesta a todo trapo sin escatimar en gastos. Con percha nueva, a la medida como su hijo y Bruno (que para todos los efectos, también lo es), y look “a lo Fernando Cliche”, el compadre de Juan llega encima a la ceremonia mientras su compadre oficiaba de anfitrión. Justo cuando los invitados entraban a la iglesia invitados por Juan, llega Ana y Mateo, junto con Anita. Saludo cordial de todos con todos, como adultos que son. Conversación trivial, un poco incomoda, pero soportable…hasta que aparece en medio Alejandra, secundada por los hijos de Juan (encantados con la polola del papá). Ana queda de una sola pieza, seguramente impactada por la belleza de la mujer que conquistó a Juan, pero por sobre todo, por ver que su antiguo marido ya definitivamente la había superado; no tenía razones para seguir pensando en ella. Juan de todas formas acusa la incomodidad del momento y no atina mas que a presentarlas torpemente: “Ana, ella es mi…eeh…Ana; Alejandra, ella es mi…ehh… Alejandra”. Mientras Ana moría en tragedia, Alejandra no dejaba de reír ante la evidente incomodidad de Juan.

Luego de la emotiva ceremonia comienza el fiestón bajo la supervisión acuciosa de Ezequiel, preocupado por cada detalle, desde la música hasta la comida y bebida. Pero las miradas se las robaba Alejandra, que con su belleza y simpatía encantó rapidamente a los hombres de la familia Herrera, causando la envidia tanto de Ana como de Claudia. “Un crack mi suegro” piensa en voz alta Luciano, pololo de Claudia.

FELIX…MADURA!!!

Entre tanta vorágine, Ana (pisco sour en mano, de acuerdo a sus nuevos gustos) trata de hablar un momento con Félix, que luego de abandonar el hogar familiar poco y nada ha visto a su mamá. La falta de cariño se deja notar y aunque Ana realiza todos los intentos para poder acercase a su conchito, éste no se encuentra muy interesado. Al contrario, se encarga de sacarle en cara de una forma bastante penosa lo chora que es Alejandra, mientras su madre, aburrida y latosa, al querer indagar en su vida, sus deberes escolares, etc. El cabrito se olvida que Ana por sobre todas las cosas es su madre, y su deber es preocuparse por él, no andar encantandolo con atracciones. Tonta sacada de cresta se merece hace rato el pendejo. Además…el mechón de pelo que cubre la mitad de su cara ya es como mucho; ningún colegio de la época lo habría soportado así. Disciplina para el joven Félix por favor!!!

En medio del bailoteo (“Galeón Español” amenizando fiestas desde los inicios de la República), Mateo encuentra a Félix en el baño. Luego de abrirle las puertas de su futuro hogar con Ana de buena forma, y recibir solo ironías como respuesta, encara de tu a tu al adolescente malcriado. Con dureza el pololo de Ana le dice en buen chileno a Félix que madure, y que deje de tratar mal a su madre. Algo de respeto se ganó el hombre, aun cuando no es de los nuestros, ya que hace rato Félix necesita un parelé. De todas formas, Slash no esta ni ahí con el profesor, y lo ignora no sin aumentar su rabia contra él.

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Al son de la lambada, ese ritmo del norte de Brasil que de la mano de un One Hit Wonder (“Chorando se foi” de Kaoma) tuvo a medio Chile bailando durante buena parte de los 90, la fiesta se ponía cada vez mejor. Todos los invitados felices, salvo Don Genaro que trataba por todos lo medios de recuperar a Petita: aumento de sueldo y descuentos en mercadería (?!), pero tal y como dice nuestro buen cabro, “la dignidad no se compra”. Petita se encuentra feliz con Don Milton en el salón de belleza, quien lo acogió como un hijo. Y eso es lo que no logra entender el caballero cascarrabias, que en un intento desesperado le ofrece dinero a Don Milton para que deje de molestar a su Petita, y no lo haga “pisar el palito”. Maricón no es solo el que le pega a las mujeres, sino también el que no reconoce a los hijos. Don Milton choreado ante las insinuaciones de Don Genaro toca un tema sensible en la vida del almacenero, y que nunca ha quedado del todo claro. Si bien no fue de lo mas lindo el gesto de Don Genaro tratando de recuperar a Petita, no podemos culpar al pobre viejo que se ha quedado solo en la vida, aun cuando sea su culpa.

La música para un momento y hay espacio para la conversación. Por un lado y muy formalmente Juan y Mateo, copa de vino en la mano, parlan sobre los arriendos de casas y cosas por el estilo. En otro rincón Alejandra intenta acercarse a Ana, incómoda en todo momento ante la simpatía de la nueva pareja de Juan; como sintiéndose menos ante tanta maravilla, cuando (nobleza obliga) Ana se encontraba radiante con un traje rojo. Y quien mas que Anita para romper el hielo: “Mamá ¿Sabes quién es ella? Es la polola de mi papá”. Yo que Ana, le hubiese dado ritalin hace rato a la cabra esa…en fin. Brindis por aquí y brindis por allá. Juan para variar se manda un bello discurso como padrino de Gonzalito para engalanar la fiesta y llenar de emoción a Ezequiel, su gran amigo, y a todos los invitados.

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(RE)ENCUENTROS Y DESENCUENTROS: SYBILLA Y FÉLIX / ANA Y MATEO

De la alegría de la fiesta saltamos al 2014, con Felix y Sybilla, empapados luego de la marcha al ser mojados por un “guanaco” de fuerzas especiales. Como adolescentes los amigos disfrutan del momento, aun cuando el Félix versión sociólogo-zorrón no simpatice del todo con los movimientos sociales en su postmodernidad tan realista y complicada. Llegan al hotel donde la muchacha se hospeda, y ésta lo invita a la habitación para que se pueda secar. Cruce de miradas, coqueteo… y el beso. Si bien la escena es algo artificial, no del todo lograda, luego viene un momento lleno de nostalgia. Félix y Sybilla se encuentran nuevamente solos en una habitación, tal y como lo estuvieron hace 25 años, cuando se escaparon a escondidas para dar la gran prueba de amorssssh, que finalmente no ocurrió. Las escenas del presente y el pasado se mimetizan y construyen un emotivo cuadro en donde pareciera que el tiempo se congeló, ya que la esencia del momento vivido hace varias décadas reflota en este nuevo encuentro. Pero claramente, ya grandes y peludos, el desenlace en esta oportunidad sería otro, transformando la ternura e ingenuidad del pasado en pasión y deseo. Justicia divina para los otrora enamorados. Suecia empata al minuto 90.

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Ya finalizando el episodio volvemos al pasado, y nos encontramos con Juan y Ana en una conversación sincera y abierta, en medio de la fiesta. Recordemos que Juan recibió la oferta de compra de la casa en la no despreciable suma de 8 millones y esto se lo hace saber a Ana. Juanito le plantea una cuestión bastante cierta: deben empezar a ser felices, después de pasar periodos bastante oscuros. Por eso mismo la venta de la casa sería una excelente oportunidad para empezar a construir sus caminos de mejor forma, dejando atrás el pasado y dando paso al futuro. Ana de forma poco convincente declara estar bien, que es feliz. Juan, un poco mas convencido, también. De esta forma acuerdan aceptar la oferta y vender el hogar Herrera-Lopez, dejando todos sus recuerdos en el pasado.

Convenidos los términos de la venta y faltando solo la firma ante notario para sellar al trato, Juan y el comprador esperan a Ana en una notaría para realizar el tramite, sin embargo ella nunca aparece. Las escenas dan cuenta de una mujer angustiada ante la inminente pérdida total de una parte importante de sus vidas. Mientra el Muro de Berlin es derribado, Ana llega a su trabajo para encontrar a Mateo, lanzando el terrible…”tenemos que hablar”.

Lo que tarde o temprano creíamos iba a ocurrir ante los últimos eventos acaecidos en los capítulos anteriores, ocurrió. Ana no puede seguir mintiéndose a sí misma, tal y como le dice a Mateo, y decide poner termino a la relación, dejando al profesor totalmente destrozado ante la sorpresiva e intempestiva decisión de Ana.

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Los alcances de la frase de Ana claramente hacen alusión a la casa familiar, a su familia y por supuesto a Juan. Mientras Juan después de mucho tiempo empieza a ser feliz nuevamente, Ana cae en cuenta de su situación y decide dar pie atrás al proceso de dar vuelta la página. El desenlace esta a la vuelta de la esquina y aún quedan muchas preguntas por contestar. Ana pareciera entrar a la pelea y Juan tendrá que decidir en algún momento, cuando se le plantee la disyuntiva. Por otro lado, algo ocurrirá con el Felix adolescente, descarriado por la vida. Y finalmente, Félix y Sybilla hoy, redescubriendo el amor, en medio de los traumas y dolores del sociólogo.

Imperdibles capítulos se vienen las semanas venideras. Nos leemos la próxima.

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