We Don’t Wanna Make You Dance (2013)

we don't wanna make you dance

Nuestra revisión del Festival In-Edit Nescafé continúa con un documental acerca de una particular banda neoyorquina que tuvo la fama al alcance de la mano pero aún lo suficientemente lejos.

¿Conocen a Miller Miller Miller & Sloan? ¿Banda oriunda de New York (en particular del “Upper West Side”), compuesta por tres hermanos y un amigo de la infancia, todos ellos blancos casi al punto de la palidez, tocando una mezcla de funk, R&B y pop? ¿No les suena?
A menos que sean conocedores exhaustivos de la escena musical underground de NYC de principios de la década de los ochentas, lo más probable es que jamás hayan escuchado el nombre (ni mucho menos una canción) de la banda – nombre que, por lo de más, parece más adecuado para un estudio de abogados que para un grupo dispuesto a desafiar las categorizaciones musicales y hasta sociales de la época.

Dan Miller (hermano mayor; guitarra y voces), C.B. Miller (también conocido como “Barney”; hermano de enmedio; guitarra, voces y ocasionalmente batería) y Mike Miller (hermano menor; voces y batería) fundaron MMM&S en 1979 junto a Blake Sloan (bajo y voces ocasionales), amigo de la infancia que vivía en el mismo edificio. Lo que nació como un hobby después de escuchar canciones de los Beatles, Beach Boys y Black Sabbath además de Parliament y Wild Cherry, empezó a convertirse en algo más serio con el paso del tiempo: su primera aparición en público fue en un evento comunitario, de allí saltaron a pequeños shows en bares igualmente pequeños y de a poco fueron comenzando a ganar fans. Cuatro jóvenes blancos tocando funk con ritmos pegajosos y letras cargadas de humor no era algo que se viera cotidianamente en esa época. Antes de los Red Hot Chili Peppers, y antes de que los Beastie Boys hicieran su salto del punk al rap, Miller Miller Miller & Sloan ya estaban haciéndose un nombre en el circuito underground de su ciudad natal. De hecho, varios recortes de prensa de la época los apuntaban como una banda para prestar atención en los años siguientes, presta a dar el gran salto y convertirse en pioneros de una suerte de revolución musical.

La cinta, dirigida por Lucy Kostelanetz, comenzó a grabarse en 1983 gracias a la insistencia del hijastro de la directora: amigo de la banda, estaba convencido de que serían “the next big thing“. Así obtenemos nuestra primera impresión de MMM&S en un punto de sus carreras que, en ese entonces, parecía crucial – su reputación cada vez más afianzada, un boca a boca cada vez más favorable, todo parecía listo para el siguiente paso. La entrevista a los miembros de la banda así lo refleja.
Conocemos a Dan, una suerte de tejido conectivo del grupo debido a su status de hermano mayor (y el amigo más cercano de Blake), un tanto más serio y menos hablador que el resto pero igualmente con capacidad para encontrar el humor a las cosas; Barney, bromista y con alma de artista más allá de lo estrictamente musical; Mike, el más joven de todos, el encargado de las voces más altas y el galán con ansias de conquistar el mundo; Blake, parlanchín y con un look casi nervioso-hiperkinético a lo David Byrne, con su mente puesta en desarmar y reconstruir cosas como sus propios instrumentos. Todos ellos retratados en su exuberante y vivaz juventud, ojos llenos de estrellas, llenos de humor y encanto, ansiosos y temblorosos de poder lograr ese gran salto.

¿Y qué sucedió?

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Corre el año 1988 y la banda sigue allí, sin darlo. Lucy Kostelanetz los entrevista nuevamente para ver cómo han cambiado las cosas. El sueño parece haberse apagado un poco, contenido por la realidad de sus trabajos diarios – pero hay una chispa que sigue encendida. Dan y Blake crearon un instrumento nuevo (el “bass-o-matic” o “basstulator”) mezclando la habilidad manual de este último con el intelecto y genialidad tecnológica del primero. Barney está enfocándose en el área visual de la banda, encontrando su pasión en lo cinematográfico. Mike, el pequeño e inicialmente más manipulable, se ha convertido en el principal compositor y vocalista de la banda: dotado de una voz sedosa y emotiva, parece llevar a MMM&S hacia terrenos pop más fértiles sin dejar de lado la energía funk que los potenciaba en un principio.
Más shows en locales de Nueva York, el cambio hacia instrumentos electrónicos (en su mayoría), una sofisticación de su sonido hacia el synthpop – MMM&S parecían, otra vez, y luego de una suerte de reinvención, listos para dar el salto. Un poco más maduros, pero conservando el “self-deprecating humor” que los caracterizaba desde sus inicios. Con trabajos y novias. Solo faltaba un contrato discográfico.

¿Y qué sucedió?

La banda se disolvió en 1993.

La última sección del documental reúne a Dan, Barney, Mike y Blake en el 2009, después de 15 años desde que dejaron de existir como agrupación musical, con un suspiro en vez de un estallido. Una nota al pie dentro de la historia de la música occidental contemporánea.
Los protagonistas son ahora adultos, con algo más de peso y menos cabello. El sueño de ser rockstars quedó atrás (para casi todos excepto uno), dando paso a la cotidianeidad de una vida estable con familias a las que mantener. Nada glamoroso. Ni muertes, ni peleas amargas, ni adicción a drogas, ni conversión al cristianismo: simplemente una vida relativamente normal. ¿Es eso algo tan malo? Y sin embargo, hay cierto dejo de tristeza en las palabras de MMM&S cuando hablan de lo que son y de lo que podrían haber sido y no fueron. Quizás no arrepentimiento, pero sí la ineludible cuestión del “qué habría pasado si es que…”

El mayor triunfo de “We Don’t Wanna Make You Dance” es la habilidad de Lucy Kostelanetz de ofrecer un relato honesto, gracioso y emotivo (pero nunca excesivamente dramático) de una banda que no alcanzó el estrellato cuando pudieron haberlo hecho. Quizás su inhabilidad para ser una unidad verdaderamente cohesionada les pasó la cuenta. Quizás tardaron demasiado y el paisaje musical que en un momento parecían llamados a cambiar, se había transformado sin que se hayan dado cuenta. Quizás priorizaron el trabajo en vivo en shows pequeños en vez de priorizar el trabajo en estudios. O quizás simplemente tuvieron la simple mala suerte de que ninguna compañía discográfica se haya verdaderamente interesado en ellos. Pero uno puede plantearse y replantearse las preguntas al final de la cinta y quizás descubrir que, en ciertos casos, llegar a ser una estrella de rock no es lo más importante. Y que no hay nada de malo en ello.

We Don’t Wanna Make You Dance es parte de la Competencia Oficial Internacional del Festival In-Edit. La próxima función es el Sábado 13 de Diciembre a las 20 horas en el Centro Arte Alameda. Es recomendable quedarse hasta después de los créditos para una pequeña escena. Pueden visitar el sitio oficial de la película, en donde encontrarán un link a Soundcloud con las canciones de la banda.

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