Fulano, Animal en Extinción (2014)

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La longeva e influyente, aunque también infravalorada, banda experimental chilena se apresta a grabar su nuevo disco con una alineación novedosa. Una mirada íntima al proceso creativo de Fulano, a continuación.

La historia de Fulano es la historia de la música en rebelión – rebelión hacia el sistema, hacia las convenciones, hacia las modas. Fulano es, en cierto sentido, más que una simple banda o agrupación de personas. Parece ser más una forma de comportamiento, un ethos que importa ir por un camino paralelo al usual. Desde su propia formación (un “derivado” de la banda de nueva canción chilena Santiago del Nuevo Extremo) en una época marcada por la predominancia del rock latino y del pop en los rankings de popularidad y en las radios nacionales, Fulano es música-en-oposición. En vez de las estructuras comunes de composición, Fulano privilegia el trabajo en grupo y la improvisación (en un principio); en vez de letras simples que hablen de amor, Fulano apuesta por criticar sin tapujos a la dictadura y al sistema en general, utilizando principalmente la sátira como arma.

30 años desde su formación, Fulano se encuentra grabando su nuevo disco. De los miembros originales, tan solo quedan dos: Jorge Campos (bajo) y Cristián Crisosto (vientos). ¿Cuánto de Fulano hay realmente en la nueva alineación?

Fulano, Animal en Extinción es un retrato breve pero íntimo del proceso creativo de la banda. Abundan las tomas cercanas a los miembros mientras discuten y graban las canciones. Abundan los conceptos técnicos musicales que la mayoría de la gente desconoce (terceras menores; frases; síncopes, etc.) al practicar. Pero también abundan las anécdotas en los relatos, las risas, la candidez.

El documental está estructurado en base a los tres grandes compositores de la banda: la primera sección se enfoca más en Jorge Campos, sus composiciones actuales y la forma en cómo se relaciona con los demás miembros. La segunda sección mira hacia el pasado: la importancia de Jaime Vivanco (tecladista original de la banda, fallecido el 2003) no solo como uno de los motores musicales de Fulano, sino que en su dimensión humana. La sección final se centra en Cristián Crisosto y la esencia de Fulano. La grabación del nuevo disco (el primero del Siglo XXI para la banda) es el hilo conductor de las secciones y cómo Campos y Crisosto son, de forma comprensible, quienes se encuentran en la cima de la pirámide dentro de la banda. Las composiciones provienen de ellos (juntos o por separado) y el resto de la banda se las aprende, pero siempre existiendo espacio para la discusión y el pulido de las ideas. El mismo tecladista Felipe Muñoz lo menciona en su momento: él estaba acostumbrado a simplemente leer partituras y tocar lo que en ellas se contenía; en Fulano existen las partituras, pero se espera que sea parte del proceso creativo.

La dirección de Rodrigo Ugarte y Rafael Albarrán brilla en los momentos más “libres” de la cinta: acompañan fragmentos de canciones de Fulano (como Suite Recoleta, Ciego y Perdido en una Ciudad Extraña, entre otras) junto a imágenes que interpretan a la perfección la música. Ugarte y Albarrán lograron captar muy bien ese núcleo enérgico, rabioso y urbano de la banda y plasmarlo en imágenes. Además, estos videoclips en miniatura -por llamarlos de alguna manera- sirven como momentos de variación entre las constantes entrevistas que forman la sustancia del documental, lo que se agradece: mantienen la atención, cambian el ritmo.

Si la cinta tiene un punto débil es, a mi juicio, la escasa participación en ella que tienen los nuevos integrantes de la banda. Para ser un documental (en su mayoría) sobre el estado de Fulano luego de los masivos cambios en su alineación, es curioso el poco tiempo que se le entrega a quienes vienen a aportar con lo suyo a la cada vez más grande historia de la agrupación. De los nuevos, tan solo Felipe Muñoz es entrevistado; a los demás, entre quienes se encuentran Francisca Rivera (nueva vocalista), Cristóbal Dahm (saxofón y clarinete) y Christopher Schönffeldt (batería), solo los conocemos por sus performances sobre el escenario que aparecen en la cinta. Tal vez haya sido intencional, demostrando que el Fulano sigue siendo el Fulano más allá de quiénes lo integren, pero le resta fuerza al sentido de “banda” que debiera tener.

Lo otro criticable es, por supuesto, su corta duración. Aunque como dicen por allí, de lo bueno, poco.

Más allá de los ripios que pueden encontrársele al documental, resulta una experiencia casi necesaria para quienes estén interesados en aprender más sobre una de las bandas más extravagantes de nuestra cultura musical, un verdadero animal en extinción cuya dinámica, creatividad y, por sobre todo, consecuencia, son difíciles de descubrir en estos días. Para quienes ya son fans de la banda, resulta indispensable.

30 años de Fulano y la llama que los enciende sigue ardiendo: “poco, o cero respeto al sistema

Fulano, Animal en Extinción está dentro de la Competencia Nacional del 11° Festival In-Edit Nescafé. Su próxima función es el viernes 12 de Diciembre a las 18 horas en el Cine UC.

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