Mateo (2014)

Matthew Stoneman es un gringo que busca su camino en la música. Decidido a ser una estrella, y tras un breve paso por la cárcel, ha reinventado su carrera cantando música cubana. Un gringo con tintes latinos es lo que nos entrega “Mateo” de Aaron I. Naar.

10294336_379071708900437_232505913591775668_nPuede no ser fácil, pero estamos acostumbrados a ver latinos triunfar en el mundo norteamericano de la música. La operación en inverso es mucho más difícil de imaginar. Matthew Stoneman buscará demostrar que no es imposible, en todo caso. Estamos ante un gringo mariachi, una especie de construcción moderna moldeada por las circunstancias. Matthew ha estado obsesionado desde su niñez con ser un artista famoso, la música es su vida, tanto así que hace no mucho tiempo fue condenado por robar cosas que luego vendería para seguir financiado su carrera. Fue en la prisión estatal que se acercó al mundo latino. Aprendió español, se enamoró de nuestras canciones, y se terminó convirtiendo en esta especie de pájaro loco (aunque muy agradable) artista. Esta dualidad es la que le significó pasar a ser reconocido como Mateo en desmedro de su nombre original, Matthew. En síntesis, hablamos de un gringo, rubio y delgado, que se dedica a cantar canciones en español por la ciudad de Los Ángeles.

Mateo hace algún tiempo se encuentra ahorrado para grabar su nuevo disco en Cuba. Se trata de un país que ha visitado más de 30 veces, y donde ya tiene echadas raíces, aunque éstas se encuentren muy jóvenes. Todo lo contrario sucede con su familia en Estados Unidos. Las imágenes indican que desde el incidente del robo, Matthew no ha vuelto a retomar relación con sus padres, quienes son entrevistados por el director pero con quienes nunca se reencuentra. Esto hace que interpretemos las visitas al país de Fidel no sólo como un viaje de inspiración artística y disminución de costos, sino también como una especie de fuga o evasión a los problemas personales. Ya en la isla, y luego de 6 años de trabajo y 350 mil dólares invertidos, terminará su nuevo disco (“Una Historia de Cuba”), el cuál lo llevará sorpresivamente a capturar parte del mercado japonés (lo que desde cierto punto de vista no es extraño, pues ellos no pueden captar lo molesto que por momentos se siente escuchar cantar a un nortamericano en español).

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Por momentos no queda claro si estamos ante un documental 100% realidad, o si se incluyen notas de ficción. Ya al final del documental los antecedentes parecen indicar que estamos más cerca de lo primero, aunque no puede descartarse la segunda hipótesis. Esto porque su pasado cercano a los robos, su debilidad por las mujeres cubanas, y las heridas no cerradas con su familia, impedirán que Matthew progrese. A estos fenómenos debe sumarse una clara incapacidad por parte de Mateo de controlar su éxito en Japón. Parece que lo que esperó por tanto tiempo no le agradó tanto en definitiva,porque el éxito temporal no era lo que necesitaba para llenar todas las carencias emotivas que tiene, y esto es algo que se lo refleja desde su madre putativa en Cuba hasta el taxista que lo mueve desde el aeropuerto al centro de La Habana. Así, eternamente, está destinado a apilar cientos y cientos de triunfos pequeños en una bodega que ni él mismo sabe cómo se estructura.

Dos críticas podríamos hacer a “Mateo”. La primera apunta al mercado al que está pensada. Para un latino, la primera imagen que tenemos de Matthew músico es la de un artista muy menor, a nivel callejero, con shows de muy poca monta, construcción que me parece sería distinta a los ojos de un norteamericano. Con el transcurso de los minutos nos convencemos que se trata de un compositor integral, con mucha capacidad creativa, una voz al menos interesante, y que tiene muy claro lo que quiere. Así, más que una evolución deliberad del guión, nos parece una mala presentación de Mateo como artista. Lo segundo que nos dejó con un sabor amargo es el ritmo del documental. Si bien son sólo 90 minutos, por momentos el relato se vuelve lento y agotador, repitiéndose constantemente las mismas conversaciones (lo que en el contexto de una obsesión por la mujer cubana, no parece tan mal, en todo caso). En todo lo demás “Mateo” es una grata sorpresa a las cuales nos tiene acostumbrado la categoría “panorama latinoamericano” del Festival In-Edit Nescafé. Recuerden leer todas nuestras críticas de esta, la 11° edición del festival, en el siguiente enlace.

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