Nightcrawler (2014)

nightcrawler

Una cinta oscura, morbosa y visualmente cautivadora. El debut como director de Dan Gilroy impulsado por una excelente actuación de Jake Gyllenhaal, reseñado a continuación en Revius después del corte. 

Think of our newscast as a screaming woman, running down the street with her throat cut.”

Mientras la noche reina en Los Angeles, un joven llamado Louis Bloom (Jake Gyllenhaal) patrulla sus calles en busca de violentos crímenes y accidentes recién ocurridos. No para hacer justicia por sus propias manos, como alguna suerte de vigilante enmascarado, o para ayudar a las víctimas, o colaborar con la policía. No, Bloom busca los crímenes para grabarlos con su cámara y luego vender las grabaciones a una estación de televisión por una buena cantidad de dinero.

Nightcrawler es una cinta oscura (lo que se desprende de su propio nombre) e implacable, que no escatima en recursos para mostrar lo sórdido que puede llegar a ser la naturaleza humana. Bloom es un sociópata absoluto cuya apariencia esquelética y trasnochada, su existencia solitaria y dependencia/obsesión con la televisión es un reflejo de su falta de humanidad. La forma en cómo se comunica con otras personas es ridícula y atrapante a la vez: un constante parloteo de frases prefabricadas sacadas de algún manual de autoayuda o de cursos de negocios online, una suerte de poster motivacional viviente con un tinte psicopático. Detrás de la mirada vacía, la sonrisa fácil pero falsa y las palabras de buena crianza (mezcladas con conceptos como “trabajo en equipo”, “poder de negociación” y “la comunicación es la llave del éxito”) se esconde un sujeto completamente amoral, incapaz de una verdadera conexión con algún otro ser humano más allá de el beneficio económico/material que éste pueda ofrecerle. En cierto sentido, Bloom es la encarnación del neoliberalismo desatado (bajo la óptica del “self-made man“) – exaltación de la competencia, desinterés por el prójimo más allá de su utilidad, frases de marketing para encantar, la meritocracia como vaga virtud. La versión trastornada del sueño americano.

En nuestro primer acercamiento a Bloom lo encontramos intentando abrir una reja en un sitio de construcción para robarse materiales. Es interrumpido por un guardia de seguridad innominado e indeterminado. Bloom se fija en el reloj del guardia y ataca.
Acto seguido, Bloom tiene nuevo reloj y una serie de materiales de construcción que intenta venderle al encargado de un depósito de chatarra utilizando sus “técnicas de negociación” y, cuando éstas fallan, intenta ser contratado por dicho encargado aduciendo su “buena ética de trabajo” y que “aprende rápido”.
La esencia de Louis Bloom es retratada y capturada a la perfección en tan solo la primera escena de la película.

Las cosas comienzan a cambiar cuando es testigo de un accidente en la carretera y, en particular, de cómo un camarógrafo independiente capta casi al instante los momentos posteriores al accidente para luego venderlos a la estación que más le pague por lo filmado. Es allí cuando a Louis le surge la idea de introducirse en ese mundo a como dé lugar: una mezcla de su obsesión por la televisión en sí y una suerte de manifestación de su “ética de trabajo”. Como él mismo lo dice en otro momento de la cinta, algo que ama y para lo que resulta ser bueno.

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Encuentra su complemento perfecto en Nina (Renee Russo), la directora del noticiario con menor sintonía de Los Ángeles. El rating de la estación es bajo, el trabajo de Nina peligra y Bloom tiene justo lo que ella necesita: imágenes morbosas de crímenes violentos para que el público se horrorice pero quiera saber más. Para Louis Bloom, a su vez, Nina es su pasaporte de entrada al mundo de la televisión y, al mismo tiempo, un objeto de deseo. Se inicia una relación simbiótica entre dos seres desagradables, motivados por la ambición y que se potencian mutuamente: a medida que Nina requiera imágenes más fuertes y chocantes, Louis irá cometiendo actos cada vez más viles para poder obtener la primicia… pero, por supuesto, el precio que deberá ir pagando Nina será cada vez mayor. Y ni siquiera es que Nina obligue a Louis a conseguir esas imágenes: Louis comienza a caminar por ese camino cada vez más oscuro por su propia voluntad.

La relación de Louis con otros seres humanos se muestra tanto en su complementación enferma con Nina, como su abuso-disfrazado-de-trabajo-regular dirigido hacia su “asistente” Rick (Riz Ahmed), al cual trata prácticamente como una herramienta utilizable solo para labores peligrosas pero jamás con palabras duras. Un trato amable en la superficie pero completamente despreciable – algo que se va acentuando a medida que las acciones de Louis se vuelvan más reprochables (y la racionalización de su comportamiento se vuelva más ridícula).

No nos engañemos, Nightcrawler es un ataque que no tiene nada de sutil contra el creciente sensacionalismo de los noticiarios. Como mencionamos anteriormente, no escatima recursos en mostrarnos la parte más oscura de la naturaleza humana. Las noticias de la “crónica roja” en televisión controla a las masas. Nina controla el noticiario con feble oposición de su editor (Frank, interpretado por Kevin Rahm). Pero es Louis quien controla, de una manera casi escalofriante, a Nina – y, por extensión, al noticiario y a la opinión pública. Es el hombre detrás de la cámara el que posee el poder para determinar qué es lo que otros verán y comentarán al día siguiente. Un sujeto completamente inmoral manejando la opinión de la masa. Cualquier similitud con la realidad es solo una coincidencia.

El apartado visual de la película es un deleite: tomas nocturnas de una oscuridad apremiante que ni siquiera las pálidas luces del alumbrado público pueden evitar, y que acompaña y realza la oscuridad innata del relato que se cuenta. Escasas escenas a luz diurna y que añaden a la atmósfera sombría imperante. Momentos de tensión y un par de escenas de acción, Dan Gilroy supera las expectativas considerando que ésta es su primera película como director.
Los problemas de la cinta están dados, en menor o mayor medida, por el guión (también escrito por Gilroy) y una banda sonora que ha sido recibida de forma dispar.

En cuanto al guión se refiere, es quizás un punto débil la escasa relevancia de diversos personajes secundarios. Nightcrawler está impulsada en su absoluta mayoría por la actuación brillante de Gyllenhaal – en desmedro, tal vez, de otros personajes que tan solo balbucean un par de líneas en casi dos horas de película. La única profundidad está dada por el abismo al que Bloom se lanza con los brazos abiertos durante la película, sin preocuparle mayormente las consecuencias de su accionar.
Asimismo, se le puede criticar la falta de sutileza en su crítica hacia la devaluación de los medios de comunicación. Nina, como encarnación de esta tendencia sensacionalista en sí, es un personaje sin ninguna característica positiva. Por otro lado, tal vez la intención sea esa: si los noticiarios muestran tragedias de una forma tan burda y grotesca, ¿por qué no atacarlos con su propia medicina?

El trabajo de James Newton Howard, a su vez, ha sido criticado en diversos lugares como “cursi” o un experimento fallido en sátira. A juicio personal, la banda sonora es inconsistente: hay momentos en los que la música potencia de forma precisa lo que se desarrolla en la pantalla, incluso siendo un contrapunto irónico (en particular, momentos en los que los discursos motivacionales de Bloom son acompañados por música ligeramente triunfante y emotiva – excepto que el contexto en el que se enmarcan es despreciable). Otros, en cambio, se quedan en pura intencionalidad y terminan distrayendo. Cuánto de la banda sonora termina funcionando pareciera ser cuestión de gustos.

Así las cosas, Nightcrawler merece ser vista al menos una vez. La transformación física de Jake Gyllenhaal (visiblemente emaciado casi al punto de que la piel cuelgue sobre su esqueleto) es tan solo el sustento para perfeccionar la interpretación de un sujeto completamente detestable, cuyos triunfos son la derrota de nuestra sociedad. Gyllenhaal logra que el presenciar los actos de un tipo como Bloom sea algo no solo digno de ver, sino deseable. Tal es su calidad y quizás sea lo único fuera de debate. El resto, por supuesto, depende del espectador. Como siempre.

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