The Imitation Game (2014)

Un clima agradable, proyección al aire libre y buen cine caracterizó la primera jornada del Festival Wikén de Vitacura. Los invitamos a conversar sobre “El Código Enigma” (“The Imitation Game”) de Morten Tyldum.

TheImitationGame-BC

Comenzamos nuestra cobertura al Festival Wikén de Vitacura hablando del que debe ser el gran título de su versión de este año. “El Código Enigma” (“The Imitation Game”) de Morten Tyldum y protagonizada por Benedict Cumberbatch se proyectaba semanas antes de su estreno comercial en pantallas nacionales, y con una ola de críticas a su favor que justificaban la asistencia de casi 2000 espectadores en el Parque Bicentenario de Vitacura. Un film articulado en 3 líneas de tiempo, en dos de las cuales Cumberbatch interpreta a Alan Turing, un matemático universitario británico que se integra a la marina con el objeto de descifrar “Enigma”, la máquina y mecanismo de comunicación de los nazis durante la II Guerra Mundial. Se trataba de un método que hasta entonces se entendía inquebrantable. Cada mensaje podía ser cifrado en miles de millones de alternativas, y para peor, se reiniciaba cada 24 horas, lo que hacía que todo esfuerzo de la inteligencia británica fuera en vano. Turing, con una que otra dificultad mas bien ideológica, cambiará el enfoque de fuerzas, esmerándose por inventar una máquina que superase la creación alemana, y entonces inclinara la balanza a favor de los aliados en el momento en que los nazis ocupaban gran parte de las capitales de la Europa continental.

La segunda línea de tiempo, y con la que abre la película, es en 1951. Años después de su paso por Bletchey Park, Alan se ha transformado en un personaje todavía más retraído. Su casa ha sido asaltada por un grupo de desconocidos, y misteriosamente ha rechazado toda ayuda de la policía británica. El detective Nock (Rory Kinnear), a cargo de su caso, está intrigado por el aura de misterio que rodea al personaje de Turing, en especial luego de descubrir que sus expedientes militares han sido eliminados de toda base de datos. Algo esconde Turing, y para quienes no conocen su historia, será una sorpresa por nadie pensada que se descubre claramente a lo largo de la película. Una de las mentes más inteligentes de Reino Unido, y quien fuera, en la práctica, uno de los elementos claves en la victoria sobre los nazis, vivía encerrado en su casa, acompañado sólo por su invención, escondiendo su orientación sexual, que por entonces era considerada delito. Por lo mismo, prefiere dejar impune el delito a exponer su vida ante el público, siendo juzgado por ser quien es. Este, desde el ya, es gran conflicto en “The Imitation Game”. Olviden la guerra, y el desafío intelectual entre nazis y británicos. La pregunta es totalmente otra. ¿Qué secreto es más importante? ¿El gran trabajo de la inteligencia británica descifrando enigma, o el derecho de una persona a mantener en privacidad su orientación sexual por miedo a las consecuencias sociales y legales?

THE IMITATION GAME

Para hablar de “The Imitation Game” es necesario partir de una advertencia. Lo que nos convoca es hablar de la película, no de los hechos ni de la biografía en que remotamente se basa (“Alan Turning: The Enigma”, de Andrew Hodges). Acá pueden encontrar una muy buena lista que destaca las diferencias entre las distintas fuentes. Esta distinciòn se vuelve muy relevante, en especial cuando hablamos de escenas perfectamente logradas donde las interpretaciones parecen estar abiertas al espectador. Pasa en especial cuando un joven Alan (muy bien interpretado por Alex Lawther en la tercera y última línea de tiempo) se entera de la muerte de quién es el único amigo de su infancia, Christopher Morcom. En lo personal, sólo pude entenderla como otro juego mental en la vida de Turing. Para mí fue claro que la muerte de Morcom es una simple mentira para alejar a dos jóvenes que estaban mostrando un acercamiento poco “prudente” para la época. Insisto, hablo de lo que vemos en pantalla y no sobre lo que sucedió en realidad, pues la negación del personaje de Lawther y las burdas pruebas presentadas para justificar la evidencia de lo no evidente por el director de la escuela no pueden ser interpretadas en otro sentido. En todo caso, muerto o “muerto”, la ausencia de Christopher es el elemento que marca quizás toda la personalidad de Alan a futuro. No sólo pierde al que pudo ser su primer amor, sino también a su único amigo. La elaboración de la máquina que descifre el Código Enigma pasa a ser, lógicamente, la única forma de comunicarse con alguien con quien en realidad no puede. Por lo mismo decide llamarla “Christopher”, dejando servida la hermosa pregunta relativa al objetivo de Alan: ¿quiere descifrar el Código para ganar la guerra o simplemente busca una forma de comunicarse con un receptor imposible y, de esta forma, sobrellevar su gran soledad? Estas constantes dualidades son potentemente logradas una y otra vez en el proyecto de Mortem Tyldum, quien abandona con gloria su natal Noruega por primera vez en una producción.

Otro dilema moral presente en “The Imitation Game” es la forma en que se maneja la noticia del éxito de Turing con su experimento. Conscientes de la increíble herramienta de guerra que tienen en sus manos, deciden utilizarla prudencialmente, evitando, de esta forma, que los nazis descubrieran que sus secretos ya no eran tales. Acá, Turing es consciente de jugar a Dios sin serlo. Las guerras suelen definirse en detalles o golpes estratégicos. Por lo mismo, comienza a seleccionar, tal como un juego de ajedrez, cuántas batallas estadísticamente pueden ganar en cada frente sin ser sorprendidos. Una técnica que se funda en el camuflaje o imitación por sobre el enfrentamiento, lo que justifica el título en inglés de la película y que pesará sobre Turing eternamente. De cierta forma, Alan ha tenido en su cabeza, desde el fin de la guerra hasta 1951, donde lo vemos hoy, una serie de muertes que si bien se justifican en cuanto al resultado (estudios calculan que Turing y su invento redujeron la guerra en 2 años y evitaron cientos de miles de muertes), son a lo menos moralmente cuestionables por su arbitrariedad. Obligando a vivir en el silencio por la eventualidad de un nuevo conflicto bélico, Alan necesita en 1951 que alguien le diga que ha actuado bien. Casi de forma abusiva, Alan sigue siendo invadiendo dudas sobre su identidad. Homosexualidad v/s heterosexualidad, crisis que lo ha acompañado durante toda su vida, ahora pasa a ser complementada con cuestionamientos respecto a si actuó bien o actuó mal escondiendo su invención durante la guerra. En el fondo, Alan necesita, y con urgencia, que le digan que es y ha sido una buena persona

Fundamental en la película de Tyldum es la banda sonora de Alexandre Desplat, que recogimos como una de las 5 mejores del año en nuestro listado de bandas sonoras comerciales. Los dos temas principales complementan lo que vemos en pantalla con elegancia. En especial me refiero a la canción “Alan”, donde Desplat abre con mucha sutileza la ventana a la orientación sexual de Turing. Creo que el mensaje de Desplat es claro en este sentido. Con una canción sutil, nos demuestra que que la guerra fue ganada por quienes menos esperábamos. Quien a los ojos de la sociedad imperante era el menos “hombre”, es quien ganó más batallas, incluso mas que todos los bravos generales británicos juntos. En ese sentido, es recurrente en la película la siguiente: muchas veces, quienes menos imaginamos, son quienes hacen las cosas más inimaginables.

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De todas formas, muchas cosas no nos gustaron de “The Imitation Game”. Por gran parte de la película se extraña una fuerza antagónica que tenga la fuerza actoral de Cumberbatch. Las breves apariciones de Charles Dance (Tywin Lannister en GoT) como el comandante Alastair Denniston no dejan de ser simplemente anecdóticas, pues sabemos que tarde o temprano la máquina va a funcionar, y en consecuencia, las actitudes del jefe militar no escapan de un simple berrinche ante lo desconocido. Me interesa ir más lejos todavía. Cumberbatch tampoco tiene un actor que le haga contra peso en su parte del equipo. Las actuaciones de Keira Knightley y Matthew Goode son prudentes, pero lejos de lo que se espera cuando acompañas a quien, debe ser, el mejor actor del momento. Otra de las cosas que merecen nuestra advertencia es la conclusión final que deja el film. Los créditos finales abren con una serie de estadísticas que pretenden dar a entender que estamos ante una película donde el mensaje final es una reivindicación de las minorías sexuales. Todos sabemos que la homesxualidad de Turing es definitoria de su personalidad y de la historia, pero el guión que cruza los 114 minutos de producción dista mucho de ser una propaganda a favor de derechos de identidad sexual. Entonces, los créditos terminan siendo como aquel gol que te meten de improviso, y casi sin ninguna advertencia. “The Imitation Game” es una película de ciencia, de violencia, de soledad y de respeto a la homosexualidad. Pero equiparar la importancia de cada uno de estos elementos, en el guión, parece un sin sentido. Misma perplejidad que queda cuando (como acostumbran las grandes producciones) intentan darnos a entender que los grandes descubrimientos penden siempre de un factor suerte. La ya cursi escena donde, en una conversación cotidiana, el gran personaje consigue la pieza que necesita para armar su puzzle de quien menos esperaba y bajo una especie de iluminación divina. Decir que el amor derribó los mensajes más indescriptibles de los que se tenga recuerdo es una forma, además, de forzar el amor en una historia de manera todavía más grave que la de Interstellar. Tyldum incorpora lo innecesario a un guión que per se es muy seductor. Una vieja usanza de la cual sería bueno empezar a prescindir.

Con todo, “The Imitation Game” cumple todas y cada una de las expectativas que nos generamos. Puede sonar irrelevante, pero es algo de lo que pocos directores del 2014 pueden vanagloriarse. Asistimos al Parque Bicentenario a presenciar una excelente película, con una de las actuaciones del año en manos de Cumberbatch, con un guión seductor y con mucho ritmo, y que estaba acompañada de una de las mejores bandas sonoras del año. Todos los elementos de este checklist se verificaron y con amplitud. Pudimos confirmar personalmente que “El Código Enigma” es uno de los grandes films del año, y candidato a todos los grandes premios que nos entretendrán durante enero y febrero. “The Imitation Game” aterriza en las pantallas nacionales el 29 de enero de este año, un plazo que parecerá eterno para quienes no puedan disfrutarla hasta entonces.

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