Marvel’s Agent Carter S01E03: “Time and Tide”

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Agent Carter nos regaló otro sólido capítulo, aunque más pausado, esta semana, a la vez que conocemos un poco más de la historia de Jarvis, y la tragedia golpea la puerta de las oficinas de la S.S.R.

Considerando la ambientación de la serie, sumado a los peligros a los que Peggy Carter se encuentra expuesta en su rol de doble agente -para la S.S.R. y para Howard Stark-, era evidente que en algún momento la serie centraría un capítulo en los efectos que estos riesgos y el tener que vivir constantemente a la defensiva generarían en nuestra protagonista. Y es justamente “Time and Tide” el capítulo que sirve para explorar dichas consecuencias, a la vez que se toma un breve respiro de lo que fueron los vertiginosos primeros capítulos, pero no sin ahondar y mover más el desarrollo de la trama principal, además de entregarnos un poco del trasfondo de Edwin Jarvis.

Y es justamente Jarvis una de las figuras centrales de este episodio, luego de que el capítulo anterior terminara con el descubrimiento que el Agente Krzeminski realiza de la patente de uno de los autos de Howard Stark, entre los escombros de la explosión de Roxxon. Considerando que el padre de Tony sigue “desaparecido”, y ante la complejidad del caso y la animosidad del Jefe Dooley por dar con Stark (misma que, hacia el final del episodio, tornará la cacería en algo personal), será el pobre Jarvis quien deberá sentir los efectos de la investigación de la S.S.R., al ser llevado al cuartel para ser interrogado por su posible responsabilidad -o la de su empleador- en los sucesos de Roxxon, o en la muerte del agente de Leviathan, Leet Brannis (mismo que, como descubriría el agente Thompson gracias sus “contactos” en Moscú, supuestamente había muerto 2 años atrás durante la guerra).

No bien el timing de la “detención” de Jarvis no pudo ser peor (considerando que se aprontaba a explorar, junto a la Agente Carter, el túnel por el cual habían ingresado a la bóveda de Stark), el mayordomo decide acompañar voluntariamente a Thompson y Sousa para ser interrogado. Es durante la secuencia siguiente que logramos conocer, cortesía del personaje de Chad Michael Murray, un poco del pasado de Jarvis, lo que era su “arma secreta” para lograr que el mayordomo inglés hablara. Como bien le diría, Jarvis estuvo acusado de traición mientras servía en el ejército inglés y fue sólo tras ser dado de baja de forma deshonrosa que quedaría libre de todos estos cargos. Obviamente había un factor extra en todo esto, cuál es, la presencia -aún enigmática para nosotros, por nunca haberla visto en pantalla- de Anna, la esposa de Jarvis, ya que como el mayordomo le contaría a la Agente Carter (cuando por fin podían explorar el túnel bajo la mansión de Howard Stark, tras el “rescate” de Peggy a Jarvis, interrumpiendo constantemente el interrogatorio -para posteriormente arruinarlo, lo que genera aún más antipatía por parte del “club de Toby” de la S.S.R.), su acto de “traición” consistió en la falsificación de la firma de un oficial superior, para poder sacar de la Budapest ocupada por los nazis a su esposa, quien es de origen judío.

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Obviamente la revelación de este episodio en el pasado del personaje de James D’Arcy está hecho para generar aún más simpatía con el personaje, lo que se logra pero sólo hasta cierto punto, debido al hecho que nunca hemos visto a la mencionada Anna, sólo escuchando su voz en un par de oportunidades (si se quiere un -discreto- símil, la situación de la mamá de Wolowitz en TBBT sirve como ejemplo), por lo cual el impacto de esta revelación se ve aminorado ante nuestro desconocimiento de un rostro que nos permita conectarnos como audiencia aún más (independiente de lo noble de las acciones de Jarvis).

Ahora bien, estas escenas de todas formas sirven para que James D’Arcy se siga luciendo en su papel de Edwin Jarvis (por lejos la revelación de la serie hasta ahora, no bien la longeva carrera del actor inglés se remonta hasta mediados de los 90s), pero además presentan un elemento importante, que si bien ha permeado la serie, ahora se hizo palpable de una forma más sútil, cual es, la presencia de la 2da Guerra Mundial como marco temporal. Dejando de lado el impacto que la muerte de Steve Rogers tuvo en Peggy, a veces el colorido particular del mundo de la serie (y kudos al equipo de diseño por su impecable trabajo al respecto) nos ha hecho olvidar un poco que los eventos que estamos presenciando ocurren meses luego del alto al fuego, por lo tanto las consecuencias que muchos vivieron durante aquellos años se siguen sintiendo y de formas distintas: bien sean los riegos tomados por varios personajes durante el conflicto, la forma en que Jarvis -o en su caso Peggy- encontraron el amor, las heridas del Agente Sousa, el tiempo que el Agente Thompson sirvió en el teatro de operaciones del Pacífico, etc. Es un elemento interesante que hacia el final del capítulo se volverá a sentir, tras conocerse el destino final del Agente Krzeminski.

Dejando de lado la situación de Jarvis, el capítulo ofrecer una ventana a otras diversas situaciones, antes de dedicarse por completo a la trama de Leviathan, lo que concentra los últimos minutos y mueve hacia adelante el enramado general de la temporada. Quizás la existencia de la trama en torno a lo que ocurre en el nuevo hogar de Peggy, con la prohibición a la presencia de hombres, su estricta y conservadora directora -y sus historias sobre Houdini-, o la aparición de la nueva “vecina” de Peggy, Dottie Underwood (Bridget Regan), son cosas más livianas, no por eso no aportan a las otras historias más relevantes, bien sea dotando a Peggy de ideas para dar con el paradero de las armas de Stark; mostrando una vez más los efectos que su trabajo tienen en el personaje de Hayley Atwell (considerando la forma en que siempre se muestra a la defensiva, y trata de evitar cualquier conexión con la tierna Angie); o en general, dotando al trabajo de ambientación de la serie de más elementos positivos y muy propios de la época, además de presentar un marcado contraste entre el mundo “antiguo” que representa la “casera” Miriam Fry (Meagen Fay), en contraste al feminismo y el progreso que representa Peggy. Quizás es una analogía bastante burda y evidente, pero no por eso es menos efectiva.

Como dijimos antes, este capítulo fue un tanto más pausado que los dos anteriores, pero una vez que la progresión de la trama llegó al tercer acto del episodio, la serie volvió a pisar el acelerador y se volvió igual de vertiginosa que antes, una vez que Peggy y Jarvis descubren el método que fue utilizado para robar la bóveda de Howard Stark, y localizan las armas robadas en un carguero anclado en la bahía de New York, que portaba un signo que se asemejaba al que fuera dibujado por Brannis antes de morir. En este lugar no sólo se encontraba parte de las armas desaparecidas (incluyendo un aparato que contrae los músculos y rompe huesos, y que fuera inventado por Stark originalmente como un masajeador de espaldas), pero además contaba con la presencia de un portentoso sujeto, con el cual Peggy y Jarvis se habrían de enfrentar, en lo que fue una gran pelea muy bien coreografiada.

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Tras la pelea, Peggy y Jarvis (en su “mejor” acento americano), dan una pista anónima a la S.S.R. para que vayan tras las armas de Stark, mal que mal, por mucho que Peggy quisiera probarse a sí misma y que le demuestren el respeto que tiene más que merecido, no podía confesar ser una doble agente, ya que era derechamente un acto de traición el haber ayudado a un fugitivo como Howard Stark (aún cuando, aparentemente, éste estuviera libre de polvo y paja). Por lo mismo, dejan que sea Sousa quien se quede con la gloria del arresto y la incautación, mientras ellos se retiran del lugar.

Con lo que no contaban era con el hecho de que, tras la S.S.R. levantar la escena del crimen y tomar detenido al matón del barco, sería el propio detenido, junto a su captor, Krzeminski, quienes serían emboscados en un cruce de ferrocarril, atentado perpetrado por una misteriosa figura -que asumimos forma parte de Leviathan- y que le costaría la vida al bruto Agente de la S.S.R, al igual que a su prisionero.

Las escenas de cierre serían simbólicas también al respecto, al ver la reacción de todos en la S.S.R. ante la muerte de Krzeminski, no sólo por el hecho de que ahora Howard Stark había pasado a ser el enemigo público n°1 de la agencia (no por nada dijimos hace un rato que la caza del personaje de Dominic Cooper era algo que se volvía personal para el Jefe Dooley), pero además por la reacción de Peggy al enterarse de la muerte. Es una forma de internalizar la culpa que sin lugar a dudas siente ya que, mal que mal, fueron sus acciones y las de Jarvis las que desencadenaron la serie de actos que terminarían con Krzeminski muerto. También es un recordatorio, nuevamente, de los horrores de la guerra, mal que mal, todos perdieron a seres queridos, familiares y conocidos en dicho conflicto, y seguramente la llegada del tiempo de paz les hizo olvidar brevemente la posibilidad de que uno de los suyos fuera a morder el polvo, pese a lo arriesgado de su línea de trabajo. Y si bien al menos yo no compro mucho la frase pronunciada por Peggy, en torno a como Krzeminski pese a ser un bruto, era bueno en su trabajo y no era mala persona (una externalización de ese nefasto dicho que reza “no hay muerto malo…”), Hayley Atwell si nos vendió su reflexiva y acongojada reacción en su conversación final donde, finalmente, logra abrirse un poco ante la insistente Angie, a la vez que el capítulo cierra con una gran toma del café donde trabaja el personaje de Lyndsy Fonseca, todo al ritmo de una interpretación de “Someone to Watch Over Me”, tema compuesto por el maestro George Gershwin, y que resulta bastante apropiado a la situación de nuestra querida Peggy.

La serie nos entregó otro sólido episodio, que de cierta forma sirve como el fin del primer acto de la temporada (recordemos que sólo serán 8 capítulos), y nos deja esperando el inicio del próximo acto, que vendrá en 2 semanas más, ya que la próxima semana la serie se tomará un descanso.

Notas al cierre:

  • El episodio de esta semana comenzó con una narración en off de Peggy que nos recordó bastante a las que hacen Oliver Queen en Arrow y Barry Allen en The Flash.
  • En el próximo capítulo, titulado “The Blitzkrieg Button”, Stan Lee realizará su habitual cameo, como en prácticamente todas las propiedades de Marvel.
  • Nuevamente, elogiar el equipo de diseño y producción de la serie, por lograr en 3 episodios un mundo tan rico, y con una estética tan propia y particular. Es importante además por tratarse de un elemento en donde “Agents of S.H.I.E.L.D.”, la otra serie de Marvel y ABC, ha mostrado considerables deficiencias, no logrando aún asentarse en un estilo característico, pese a llevar ya una temporada y media al aire.
  • Peggy: “I imagine strange women traipsing through the property isn’t a completely unusual occurrence.” ; Jarvis: “You have a point.”

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