Elle s’en va (2013)

En la octava noche del Festival Wikén se presentó “Ella se va” (“El viaje de Bettie” en España), película francesa de Emannuelle Bercot que busca de forma cómica centrar el debate en la aceptación del paso de los años y la falta de afectos.

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Catherine Deneuve interpreta a Bettie, el ejemplo viviente de aquella frase “todo tiempo pasado fue mejor”. Toda su vida ha vivido en un pequeño pueblo de Britania, una región al noroeste de Francia donde poco pasa, donde ha sido capaz de lograr tener su propio restaurante con relativo éxito por varios años. Hoy está sumida en las deudas, lo que la ha obligado a dejar de pagar a sus proveedores, además de irse a vivir junto a su madre, en un pequeño cuarto en la azotea de su ciudad. Claramente esta es la vida que quiso tener. En los 60’s Bettie fue reina de belleza en su región, y luego finalista del Miss Francia. Con la oportunidad de vivir ante los focos toda su vida, prefirió una vida privada y tranquila, que es lo que hoy la afecta. Sin cimientos donde afirmarse, llega al total colapso cuando su madre, sin filtro alguno, le cuenta a Bettie que su amante, casado, efectivamente pidió el divorcio, pero para marcharse con una mujer mucho más joven y bella que ella. Este es, sin dudas, el tema principal en “Ella se va”. La aceptación de la edad, la aceptación de la belleza que hay cuando se superan las 6 décadas, la aceptación de uno mismo, en el fondo.

Bettie decide huir, con lo que empieza un cómico road trip. Sin destino, se pone tras el volante. La desesperación por fumar un cigarro (un vicio que había dejado hace un tiempo) la hace detenerse en los lugares más ridículos del mundo. Entre ellos, la casa de un anciano francés de pueblo que demora 30 minutos en enrolar un cigarro, y un pub a las afueras de un pueblo todavía más pequeño que el suyo, donde se desarrolla un campeonato local de dardos. Affaires con hombres 40 años menores, trasnoche hasta altas horas de la madrugadas y mucho alcohol, están en la carta. De cierta forma, Bettie vive un buen y un mal momento. Ya con su experiencia en el bolsillo, decide volver a casa. Es ahí cuando devuelve uno de los muchas llamadas perdidas que tiene. Se trata de su hija, Muriel (la cantante Camille Dalmais), quien tras años de desempleo, le ruega, de mala forma, que lleve a su hijo a la ciudad donde puede cuidarlo su abuelo paterno. Sin darse cuenta, el road trip tiene una nueva parada en el camino. Bettie deberá enfrentar a la hija conflictiva con la cual no conversa hace meses, y de paso volver a ver a Charly (Nemo Schiffman), su nieto con quien no tiene relación alguna.

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Lástima que desde entonces la película cae en las mismos herramientas de siempre. La mujer que se reencuentra, en parte, con su hija, a través del nieto que nunca conoció. Un nieto que le rompe todos los moldes, que venera la música norteamericana, y que es irrespetuoso y consentido a más no poder. Un viaje de un día termina transformándose en uno de 4, cuando Bettie, más por necesidad que por interés, decide concurrir al evento donde se juntarán todas las ganadoras regionales del concurso de belleza en el que participó en los 60’s. De cierta forma, ese es un momento de sanación. Bettie logra “perdonarse” a sí misma dándose cuenta que todas han envejecido como ella. Es más, podríamos decir que es la que más elegante se mantiene, pero simplemente ella no está hecha para llamar la atención. Su difícil semana y el desagrado por los focos hace que se desmaye, debiendo ser internada de urgencia en un pueblo que no conoce y sin poder hacerse cargo de un niño que está, al menos teóricamente, a su cuidado. La llegada sorpresiva del desagradable abuelo de Charly, Alain (Gérard Garouste), quien debe abandonar su ciudad la noche antes de las elecciones en las que se repostulaba como alcalde, vuelve a mover todas las fichas del tablero.

Sin darse cuenta, Bettie termine en casa de Charly con Alain. Pero mayor sorpresa, está pasando un buen momento. Una vida elegante de la cual ha estado privada, pero en especial por reencontrarse con Muriel y su madre Annie (Claude Gensac). Son 4 generaciones de personas que se necesitan, pero que apenas se conocen. Todos, entre ellos, han replicado sus problemas por generaciones, y es un buen momento para decir basta. Un momento para perdonarse y aceptarse, un momento para volver a vivir. Esa es la conclusión de una película que entretiene por momentos, pero que en novedad aporta poco. La vida continúa a los 60’s. Tu estilo de vida puede cambiar de improviso, y los amores pasan todos los días por la esquina. Lo mismo con el cariño de tus cercanos que has perdido. Para (re)descubrirlos, muchas veces hay que huir y tocar fondo.

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