Jóhann Jóhannsson – The Theory of Everything (2014)

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Los Golden Globe vieron subir, en la categoría de banda sonora original, a un desconocido sujeto a recibir el premio. Se trataba del oriundo de Islandia, Jóhann Jóhannsson, a quien por falta de atrevimiento no quisimos cubrir en extenso antes, pero con quien hoy nos ponemos al día.

Hace mucho tiempo que en Revius venimos hablando de Jóhann Jóhannsson. El 2013 reconocimos su banda sonora en “Prisoners”, mientras que el 2014 recién pasado hablamos de “McCanick”. Ambas menciones terminaban con la siguiente pregunta: ¿cuándo Jóhannsson va a dar el definitivo salto al reconocimiento mundial con una gran producción que triunfe en Estados Unidos y Europa? Bueno. Ese proyecto es “The Theory of Everything”, que aparte de su primer Globo de Oro, le valió una nominación al Critics Choice (perdió ante Birdman), y lo tiene nominado a los 87° Premios de la Academia. Pergaminos sobran para que podamos hablar de la que puede ser la mejor banda sonora del año. Por lo mismo, nadie mirará sorprendido cuando vea subir al escenario, a futuro, a este compositor de Islandia de simpática apariencia.

Una serie de claves determinan la configuración interna del soundtrack de “La teoría del todo”. Primero, Jóhannsson es un público admirador de la figura de Hawking. En segundo lugar, el director, James Marsh, es conocido por trabajar con grandes compositores como Michael Nyman y Dickon Hinchliffe (Locke). Estos eran desde ya dos buenos elementos para construir un proyecto que era en suma difícil.  El guión de “The Theory of Everything” de complicado tenía mucho. Había que encontrar un ritmo o hilo musical que fuera capaz de unir una historia que transcurría en muchas épocas (parte en 1963 y termina en 1988), y que está cargada de emociones (nacimientos, enfermedad, matrimonios, “infidelidades”, etc.).  El desafío era entonces otorgarle al film una identidad musical, un sonido claro, que funcionara en todas esas variantes y que acompañará las interpretaciones y emociones de los actores. No por nada Eddie Redmayne (Hawking) y Felicity Jones (Jane Wilde y primera mujer de Hawking) se encuentran nominados a mejor actor y actriz principal en los premios Óscar de este año.

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El orden de las pistas es casi idéntico al disco, salvo pequeñas modificaciones. Por lo mismo, partimos hablando de la canción que abre la película y disco, “Cambridge, 1963”. Por breves segundos, vemos una imagen difuminada de un palacio visitado por Hawking y lo que entendemos, es su familia, para luego retroceder en el tiempo, hasta 1963, donde se nos presenta a Stephen con su amigo Brian interpretado por Harry Lloyd (Viserys Targaryen).  Una canción muy alegre donde ambos recorren la Universidad en bicicleta y llegan a un bar donde Stephen conocerá a Jane. Lo fundamental en esta canción es identificar el instrumento que desde entrada mandará la banda sonora. Hablamos del piano, elegido por Jóhannsson en base a su precisión. En sus palabras, es un instrumento estricto como las matemáticas, y refleja emociones como sólo él puede. Con ambas características, ningún otro instrumento hacía sentido si de representar la historia de Hawking se trataba. La decisión es simbólica, pues es el primer soundtrack de Johannsson donde el piano es el instrumento principal, lo que hace que “The Theory of Everything” sea el más distinto de sus discos, sea de bandas sonoras o proyectos independientes.

La música es presentada casi en totalidad en las escenas iniciales. La forma de trabajo fue un verdadero ataque de Jóhannsson con sus primeras impresiones, pues, a su juicio, allí estaba el corazón del guión. El resto de las creaciones derivan de ello. Así, el tema principal, contenido en “Domestic Pressures” es rápidamente puesto sobre la mesa. Nuevamente es el piano quien manda, mezclando, por un lado, la solemnidad de la Universidad más prestigiosa de Reino Unido con, por el otro, el incipiente amor entre Jane y Stephen. Muchas canciones derivan de este tema principal, como “Camping” (con pianos por la presencia de Jonathan –Charlie Cox-) y “Epilogue”.

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Jóhannsson tiene clarísimo el rol de la banda sonora en una película: cooperar con el relato. Por lo mismo, sabe perfectamente cuando restarse. Mientras más sabe del universo, Stephen menos controla su cuerpo. Diagnosticado con la enfermedad de la moto neurona, el doctor le notifica una verdadera sentencia de muerte. Como bien dice el padre de Stephen, esto no será una lucha, sino una dolorosa derrota. 2 años de vida le quedan, por lo que debe apurar su investigación para poder entregarla antes de su muerte. El trabajo de Jóhannsson es sinónimo de respeto. Simplemente silencio. En el diagnóstico de la enfermedad, deja que sólo hable el guión por medio de los actores. Sólo entonces, cuando Stephen decide retraerse, es que vuelve la música del islandés en majestad. En una de las más emotivas escenas de la película, Jane enfrenta a Stephen. Si es poco el tiempo que le queda, le gustaría pasarlos juntos. Hawking, en cambio, prefiere aislarse. Ella lo invita a jugar croquet (“A game of croquet”) con la esperanza que simplemente se levante de su silla.  Si no lo hace, jura, nunca más la volverá a ver. Stephen duda, pues si bien acepta jugar con ella (ya con claros problemas motores), lo cierto es que se trata del juego de croquet más rápido del mundo. Hawking golpea y golpea el balón, sin esperar a su compañera. Claramente, Stephen le dice márchate, por tú bien, pero no me dejes solo. Si te quedas, sabes lo que viene.

El soundtrack de Jóhannsson se vuelve así un amplificador natural de las emociones. Porque el material por sí mismo ya era emotivo, pero eso no basta. También necesitaba un gran canal por el cual potenciarse. Jóhannsson se lo da, con creces. Su música acompaña mientras Hawking investiga respecto de lo que tiene tan poco (tiempo), dando la alerta cuando descuida lo que tanto ha ganado (amor). La presencia de Jonathan, como un intruso que con las mejores intenciones no se da cuenta que produce un quiebre en Jane, trae consigo un nuevo tema. Hablamos de “Forces of Attraction”, con la cual Jane, sin que podamos realizarle reproche alguno, empieza a darse cuenta que puede tener una vida mejor. Una vida con, por ejemplo, Jonathan.

Quiero hablar brevemente de la forma en que Jóhannsson integra la voz artificial de Stephen. Esto sin dudas influenció en la decisión de incorporar a este compositor, pues es algo que ya había solucionado Jóhannsson en trabajos anteriores, donde había dado espacio a voces sintetizadas. Hablamos  de “Odi et amo” del disco Englabörn (2002) y, quizás la mejor de su carrera fuera de películas, “The sun’s gone dim and the sky’s turned black”, del disco inspirado en el manual del computador IBM 1401, y que fue utilizado en el excelente trailer pero pésima película que era “Battle: Los Angeles”. 1696_foto2_product_grootDe cierta forma, la música humaniza algo que en sí mismo reproduce artificalmente quizás la más humana de las funciones: hablar. En este sentido, la música acompaña el proceso interno de aceptación de Stephen, restándole toda “roboticidad” (“Daisy, Daisy” en alución al quiebre que está provocando en Stephen la cercanía de su asistente Elaine –Maxine Peake-).

Si se fijan, si bien se trata de un film marcado por la tristeza reflejada en potentes escenas, la música trata de no caer en ese discurso más bien simplista. Esa es la conclusión final de Stephen, de hecho, y motivo de discusión con Jane a la mitad de su vida. ¿Somos una familia normal? Para él sí, para ella no. Tras ser invitado por la Reina Isabel a recibir un reconocimiento, Stephen y Jane miran con alegría a sus hijos en los jardínes de Buckingham. Tan mal no lo han hecho. Si bien la música de fondo no es de Jóhannson, la idea es la misma. Hablamos de “Arrival of the Birds”, de The Cinematic Orchestra (del documental The Crimson Wing: Mystery of the Flamingos), en aquella memorable escena donde el tiempo parece volver. Un breve pestañeo por todo lo que lograron, sufrieron y gozaron. Pero ahí están. Hoy ya han pasado 52 años desde el diagnóstico, y siguen juntos. Ya no como marido y mujer, pero con una historia construida por ambos que habla de un cariño innegable. Lograron mucho más de lo que todos pensaban podían lograr.

Quizás la canción y escena que rompe esta intención es “A model of the universe”. Dejando de lado la tristeza obvia por el estado de salud de Stephen, esta canción debe musicalizar el momento más emotivo de la película. Hablamos de la escena donde Stephen le dice a Jane que Elaine será quien lo acompañará a Estados Unidos a dar una charla. En el fondo, descubrimos rápido, le dice que la deja por ella. No hay reproches. Sólo miradas tristes. Stephen trata de gesticular la culpa y pena que siente pero no puede. Ella, en cambio, es explícita: te amé e hice lo mejor que pude. Realmente el llanto de Redmayne es desgarrador, y parte de esa “culpa” es de Jóhannsson. Su canción, para mí, la mejor del disco, parte con un piano que llena y respeta la cruda escena. Inmediatamente entran en juego los violines, en lo que es un claro reflejo del quiebre que se produce entre Stephen y Jane cuando aparecen en sus vlcsnap-2014-10-30-00h32m29s137vidas Jonathan y Elaine. Otro instrumento  entra en escena, una guitarra clásica, y la “casa”, el proyecto que construyeron juntos, se ha desarmado. Jane toca ahora piano con Jonathan (“The Theory of Everything”, que es del tema “Forces of Attraction”), mientras Stephen sigue dando charlas, acompañado ahora por Elaine.

“The Theory of Everything” es un hermoso guión donde se rescata el valor de la vida. No hablamos de ello en un sentido conservador (que justifica atrocidades enormes) sino en un sentido mucho más básico. La vida vale la pena vivirla si uno quiere. Hasta la más sufrida. Cada uno fija su propio estándar. Si Stephen hubiese decidido dejar de vivir, o Jane desconectarlo en su momento, entonces de todas formas había vida. A su propia manera, bajo el lente de cada uno de ellos. Y acá cito una de las líneas finales. No hay límites al emprendimiento o vida humana, pues por muy mal que parezca la vida, siempre hay algo que podemos decir, algo en lo que puedes ser exitoso. Mientras haya vida, hay esperanza. Hawking quiso seguir ese camino.

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