Gotham S01E12: “What the Little Bird told him”

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La recientemente renovada Gotham vuelve esta semana con un capítulo que demuestra una amplia mejoría después de su horrible antecesor, pero que todavía no se puede sacar de encima los males que han aquejado la temporada.

En primer lugar, bien vale partir hablando de la gran noticia para la serie ocurrida durante la semana que no estuvo al aire, cual es, la renovación del show para una segunda temporada. Obviamente las opiniones al respecto pueden ser dispares, considerando lo poco consistente que ha sido la serie en sus primeros 12 episodios, así como por el hecho de no lograr aún definir exactamente qué clase de show quiere ser y qué historias contar (pese a que su éxito económico y de rating son motivos suficientes para justificar la renovación). Ciertamente nos alegramos por los actores y los fans de la serie y obviamente esperamos que “Gotham” pueda por fin encontrar el rumbo correcto y convertirse en el show que todos esperamos, mal que mal, potencial le sobra.

Y a propósito de fines de temporada y similares, “What the Little Bird told him” tiene una atmósfera muy propia de “final de acto”, esto debido a que la orden inicial de capítulos de Gotham era de 13 episodios, por lo cual, si no se hubiera renovado la serie, éste habría sido su penúltimo episodio, lo que es algo que ciertamente se hace palpable en la duración del capítulo, con la recuperación de Gordon luego de su caída en desgracia del mid-season finale, y la escalada en la trama en torno a la lucha de poderes al interior de la familia criminal de Don Falcone y el fracaso de Fish Mooney al respecto.

Ahora bien, como la serie pasó de su orden inicial de 13 episodios a una de 16, y posteriormente a la orden completa de 22 capítulos, aún quedan 10 semanas más donde la serie deberá probar no sólo su valía, sino demostrar que cuenta con suficiente material para cubrir el rango de capítulos ordenados. Queda aún tiempo para ver si será capaz o no, pero por ahora, concentrémonos en el capítulo de esta semana, que significó una marcada mejoría en cuanto al pésimo episodio de la semana pasada, pero que aún no logra capitalizar todo lo que la serie podría ser.

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El capítulo en sí opta, como de costumbre, por dividirse en múltiples líneas argumentales que cubren a diversos personajes, con la particularidad que ahora se cruzan más que de costumbre: tenemos al bueno de Jim Gordon tratando de enmendar sus errores de hace 2 semanas y lograr dar con el paradero de The Electrocutioner (ahora tenemos la confirmación, que teorizábamos respecto al capítulo anterior, que se trataba de una proto versión de aquel villano de DC), lo que le permitiría recuperar su trabajo como detective (y a Bullock mantener el suyo), luego de que Jim se enfrentara con el Comisionado Loeb (Peter Scolari, debutando en la serie en el clásico rol del antecesor de Gordon en el cargo); por otro lado tenemos al Pingüino, un poco más centrado -luego de verlo tan fuera de papel en el episodio previo-, cumpliendo su rol de doble agente para Maroni y Falcone; tenemos la evolución natural del conflicto por el poder en la mafia, con una Fish Mooney que decide por fin hacer su gran movida contra Carmine Falcone utilizando a la incauta Liza como parte de su plan; y además, tenemos un par de tramas absolutamente innecesarias como lo son continuar viendo a Edward Nygma en sus intentos por conquistar a la archivera Kristen Kringle, o el retorno de Barbara Kean a casa de sus padres (quienes cumplen con la figura estereotípica de millonarios ancianos desconectados del mundo), los cuales no hacen nada por ocultar su indiferencia, desgano y desdén por la presencia de su hija (no sabríamos decir si por la decisión de ella de ser la novia de un policía, o si acaso se tratará de un tema relacionado con la bisexualidad de Barbara).

De estas dos últimas tramas, para variar, es prácticamente imposible rescatar algo (en este caso, sólo destaca el hecho que Nygma provea a Gordon de zapatos de hule, los que le servirán para enfrentarse al villano de la semana), y de nuevo sirven para levantar el manto de dudas respecto a qué exactamente quiere hacer la serie con tanto personaje y trama inconsecuente y que no aportan nada en general a la serie. El caso de Nygma nuevamente resalta por el hecho de ver bastante molesto y sentirse forzadas sus apariciones; para el caso de Barbara, se trata de una trama que partió interesante, pero que ha devenido en un enredo donde, ni su rompimiento con Jim, ni con Montoya generan mucha simpatía -ni entendimiento-, por lo tanto, tampoco resuenan en la audiencia.

Pasando a las tramas principales, uno tendería a pensar que la de Gordon y Bullock debería ser la más importante del capítulo, pero en esta ocasión no sólo se toma un asiento en la banca para ceder protagonismo a la trama de la lucha de poderes en la mafia, pero además, lo cierto es que fue una trama que se resolvió de forma bastante simple -y para qué decir anticlimática-. Tras haber escapado de Arkham junto a su cómplice, Gruber (que no era su verdadero nombre), comienza a ir tras la gente que sentía que lo había traicionado y que eran responsables de su detención (misma tras la cual él mismo falsearía sus papeles, y lograría ser enviado a Arkham teniendo ahí espacio para realizar sus “experimentos”). Dentro de todas estas víctimas que Gordon y Bullock deben rastrear durante el ultimatum de 24 horas que les impone el Comisionado Loeb – de lo contrario los 2 tendrían que desempeñar labores de seguridad de por vida en Arkham-, la de más alto perfil resulta ser Salvatore Maroni, descubrimiento al que llegan luego de que la Dra. Leslie Thompkins (Morena Baccarin) -quien no logra ocultar en ningún momento su atracción por Gordon-, se acerca debido a que tiene evidencia dejada por Gruber en Arkham (una muñeca con la efigie de Maroni, que le había entregado a una supuesta “bruja” internada en el asilo para que lo maldijera) que relaciona al Electrocutioner con el aspirante a Don de la mafia gothamita.

Tras un ataque a Maroni -que termina con el amigo Cobblepot electrocutado, inconsciente y hablando más de la cuenta-, Gordon sugiere que Maroni y su organización reciban resguardo policial en el propio edificio del GCPD, de esta forma, cuando Gruber inevitablemente intente atacarlos, podrán detenerlo a él y su cómplice. Y es justamente eso lo que ocurre, el villano ataca el cuartel dejando a todos fuera de circulación, excepto obviamente a Gordon -gracias a la recomendación hecha por Nygma-, quien tras knockear al asociado de Gruber, procede a derrotar al villano usando un simple vaso con agua para crear un cortocircuito que lo deja fuera de combate. ¿Anticlimático? Totalmente, pero se sintió apropiado, ya que salvo la utilidad de la trama como vehículo para reinstaurar a Gordon como detective, mostrar su acercamiento con la Dra. Thompkins (que termina con un beso entre ambos en los camarines de Arkham -such a romantic place-) y forzar su reencuentro con Bullock -una fórmula que, por su bien, la serie nunca debería abandonar-, no tenía más para ofrecer. La actuación y la estética que aporta Christopher Heyerdahl como el Electrocutioner era interesante, pero las limitantes de los escritores y un diálogo demasiado cliché coartaron el potencial de un enemigo que, de todas formas, aún puede volver si se considera que al final del capítulo fue devuelto a Arkham (y todos somos familiares con las tazas de reincidencia que dicho lugar genera).

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Ahora bien, la gran vedette de la semana (y sin lugar a dudas la mejor y más interesante trama que propone Gotham), fue el desarrollo de la guerra por el control de la familia Falcone, y el esperado momento en que Fish Mooney saca sus garras y se dispone a tomar el poder del viejo Carmine -más considerando el gran favor que Butch le hiciera la semana pasada, al despachar a uno de sus competidores-.

Y la pieza más importante del puzzle es la “inocente” Liza, la chica que plantara Fish bajos la narices de Falcone para no sólo ser su informante, pero para suavizarlo y tratar de lograr una transición “tranquila” en el cambio de mando, ya que, considerando lo mucho que el Don le había otorgado a Fish, procurarle un retiro tranquilo y pacífico era lo menos que la mafiosa podía hacer, mal que mal, la mafia tiene códigos, la “familia” debe mantenerse unida, y pese al cinismo -y la incredulidad que quizás genere en algunos-, las cosas efectivamente funcionan así en organizaciones como esa. De todas formas, el respeto de Fish por los “códigos” no deja de ser algo interesante, considerando que fue justamente la manera en que ella rompió uno de aquellos lo que terminaría significando su caída -además de un empujoncito por parte del bueno de Oswald Cobblepot-.

Todo comienza por un elaborado secuestro falso para “sacar” a Liza de la ecuación, y motivar en Falcone las intenciones para que abandonara pacíficamente su autoridad. El viejo zorro obviamente intuiría que había algo mal -más considerando la información que Cobblepot le proporcionaba-, por lo cual, cuando Fish lo llama supuestamente para actuar como intermediaria ante los secuestradores, no le cuesta mucho a Falcone unir los puntos y descubrir que era ella quien había estado el reciente tiempo actuando contra sus intereses y tratando de destruirlo. Don Carmine se siente traicionado, pero pese a las palabras de “aliento” de Zsasz, una larga vida de dificultades y trabajo para amasar el poder del cual gozaba ya lo tenían agotado, por lo que decide aceptar la oferta de Fish. Ahora, ni él ni Fish contaban con el gran comodín de la serie, el Pingüino, ya que la aparición del personaje de Robin Lord Taylor viene a cambiar todo el panorama al comunicarle a un incrédulo Falcone que Liza era el “topo” que Fish tenía en su círculo cercano y que todo era, efectivamente, el elaborado plan que como espectadores vimos desarrollarse a lo largo de la primera mitad de la temporada.

El retorno de Falcone para enfrentarse a Fish, como buen Don, fue implacable. No sólo porque derechamente destruyó a toda la organización comandada por el personaje de Jada Pinkett-Smith, pero además porque pudo verificar por su propia cuenta el alcance de la traición de su querida Liza, a quien no dudó ni un segundo en asesinar con sus propias manos, ahorcándola frente a una atónita Fish que ve como, no sólo sus planes, pero todo su mundo se caía a pedazos. Finalmente, Falcone decide mantener con vida a Fish y a Butch para “enseñarles una lección” en torno a los códigos de la mafia, mal que mal, se habían aprovechado de la similitud de Liza con la madre de Falcone y del cariño que éste sentía por ella para tratar de destruirlo, y eso es algo inaceptable para un hombre tradicional como Falcone quien, a su vez permite que Cobblepot se apersone para demostrarle a la mafiosa quién fue el responsable de su caída. Golpe maestro.

Así concluyó un nuevo capítulo de Gotham que marcó una basta mejoría en cuanto a lo que fue el pésimo episodio de hace 2 semanas, pero que -tras haber regresado del hiato de fin de año-, mantiene las inconsistencias y debilidades exhibidas a lo largo de toda la temporada.

Notas al cierre:

  • Sabíamos que el capítulo sería mejor que el anterior en el momento en que deciden iniciarlo a los sones de “God’s Gonna Cut You Down” de Johnny Cash.
  • Afortunadamente no hubo Selina ni Ivy esta semana. Han pasado 2 desde el episodio anterior y todavía no puedo entender lo estúpido de la trama, particularmente el que Ivy se hiciera pasar por una adulta y que Barbara le creyera.
  • A propósito de niños y tramas, a quienes sí hemos extrañado es a Bruce junto a Alfred, ya que ciertamente fueron de los buenos y sólidos elementos de la serie durante su primera mitad.
  • Christopher Heyerdahl marcó en estos 2 episodios su retorno al universo DC, tras haber dado vida en Smallville a Zor-El, hermano de Jor-El (el padre de Kal/Clark) y padre de Kara Zor-El (Supergirl).
  • Que grandes actores son John Doman y David Zayas, realmente la serie sería insufrible sin el gravitas, la autoridad y el carisma que ambos imprimen a Carmine Falcone y a Sal Maroni.
  • Uno de los taxis de la ciudad pertenecía a la compañía “Gotham Central”, claro homenaje al comic del mismo nombre y que ha servido de inspiración a la serie.
  • Otro elemento positivo que tuvo este episodio fueron los juegos de cámara y algunas tomas, particularmente al comienzo y al final del capítulo. Gotham puede tener muchos defectos, pero la cinematografía y fotografía de la serie claramente no es uno de ellos.
  • Homenaje eterno a Morena Baccarin (quien hace doble labor en DC estos días, ya que también participa en “The Flash” como Gideon, la inteligencia artificial de Harrison Wells).

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