Marvel’s Agent Carter S01E04: “The Blitzkrieg Button”

HAYLEY ATWELL, DOMINIC COOPER

Agent Carter regresa tras una semana de break con un capítulo que marca el inicio del segundo acto de la serie, trayendo de vuelta a Howard Stark, además del habitual cameo de Stan Lee.

 Tras una semana de break debido a que el martes pasado era el tradicional discurso de “State of the Union” del presidente de Estados Unidos, esta semana Agent Carter regresó a las pantallas con un episodio que, como buen inicio de un nuevo acto, invierte bastante tiempo en cerrar cabos sueltos, en sembrar el campo con nuevas tramas que florecerán a lo largo de los restantes episodios y generalmente presentar algo de desarrollo de personaje, intentar nuevas dinámicas y ahondar en algunos misterios.

Como se lee del párrafo anterior, son muchos elementos los que este capítulo introduce y prueba, y si bien no son tantos que en algún momento la trama se pueda volver confusa o imposible de seguir, sí va en detrimento del episodio del hecho de que se vea tan abarrotado, particularmente porque, como suele ocurrir, algunas tramas funcionan mejor que otras, mientras que algunas se ven algo forzadas en el episodio. Esto no significa que sea un mal episodio ni mucho menos, pero como suele pasar con capítulos de este tipo, cumple con el objetivo de ubicar todas las fichas sobre el tablero, en lugar de privilegiar otras situaciones.

Tras una simpática escena inicial donde se nos reintroduce a la figura de Howard Stark, quien ha retornado de Europa tras el viaje que emprendiera en el primer capítulo, y que ha debido recurrir al mercado negro para poder autotraficarse de vuelta a EE.UU. -cortesía de un tal Señor Mink (Gregory Sporleder)-. Peggy y Jarvis son quienes interceden por su retorno, a la vez que los contrabandistas son engañados debido a la propia desconfianza de los mismos -al decidir no aceptar los billetes de US$1000 con los que Jarvis ofrecía pagarles (mismos que, pese a la incredulidad de los sujetos, son efectivamente reales)-, lo que va en beneficio de Stark -que puede bajarse del lujoso tren en que viajaba- pero en detrimento para los contrabandistas quienes posteriormente sufrirían las consecuencias de su fracaso, ante un furioso Mr. Mink (con un look sacado de una película de Bond), quien duda en deshacerse de ellos usando una coqueta pistola automática, que funciona como una gatling gun.

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El retorno de Howard Stark pone entonces en marcha los engranajes que movilizarían el resto de la trama. Stark está de vuelta no sólo para asegurarse que todas sus invenciones robadas están a salvo en las bóvedas de la S.S.R. (cosa de la que Peggy se cerciora, gracias al lápiz con cámara inventado por Stark), pero además para pedirle a Peggy la extracción desde los laboratorios de la agencia de un arma en particular, aparentemente muy peligrosa para dejar en manos del gobierno: el botón Blitzkrieg. Stark argumenta que el arma (que no es más que un orbe con un botón), fue creada para combatir la táctica de guerra relámpago alemana, mediante la desconexión de la energía eléctrica alrededor del lugar sobre el cuál se utiliza, lo que, en una situación de bombardeo nocturno, haría que los nazis no dieran en el blanco. El problema es que Stark dice no sólo no saber como revertir los efectos, pero que además el arma es tan poderosa que no sólo causa un apagón, sino que destruye todas las redes eléctricas, por lo que algo así no puede quedar al alcance de la mano del Tío Sam.

Contar con el personaje de Dominic Cooper de vuelta es importante porque, bueno, Stark es un tipo bastante carismático y que cuenta con la facilidad que entrega el actor, de pasar con un chasquido de dedos de una escena de comedia, a una de mucha seriedad. Además, como ocurre con James D’Arcy, Dominic Cooper se complementa muy bien con Hayley Atwell, lo que se presta para mucho material interesante, particularmente de comedia -Peggy tiene grandes momentos, y normalmente se potencian cuando hay algún destinatario que la complemente en este sentido-, como botón de muestra, la escena en que logran infiltrar el edificio residencial de Peggy y deben burlar a la Sra. Fry, aún en su autoimpuesto rol de “guardiana de la virtud” de las jovencitas que habitan en su edificio, pero que de a poco ha pasado más de caricatura y elemento para hacer crítica social, a ser un personaje algo más cómico (más con líneas como las de este capítulo en torno a lo adecuado o no de la lectura de Freud).

Pero además contar nuevamente con Howard Stark -aunque fuera de forma temporal- es interesante porque no sólo fue él quien metió a Peggy en todo este lío por tratar de limpiar su nombre, pero además porque su capacidad para evitar decir la verdad (en este caso “echada al agua” por Jarvis y su tic de tocarse la oreja cada vez que dice una mentira) lo pondrá en curso de colisión con la Agente Carter. Esto debido al hecho de descubrir Peggy que el orbe no era en verdad un arma per se, pero que su contenido era lo valioso: en su interior se encontraba un tubo de ensayo, dentro del cual reposaba una muestra de la sangre del Capitán América. El impacto de la revelación golpea duro a Peggy, pero quizás más que eso, la cachetada más grande es la brecha que se forma entre ella y Stark por la falta de confianza. Y sin importar cuánto Howard trate de justificarlo en una especie de herramienta evolutiva que le permitió surgir en la vida, salir de la pobreza y posicionarse en la sociedad norteamericana, o bien en un intento para proteger a Peggy del impacto y el golpe emocional de no sólo recordar a Steve Rogers, pero de saber que lo único que queda de él, es aquella muestra de sangre (obviamente ambos ignoran que el Capitán América está congelado en el Ártico); lo cierto es que, tal cual como evidencia Peggy -y le hace ver tanto a Stark como a Jarvis-, ella fue utilizada por Howard prácticamente para realizar espionaje corporativo, y se le ocultó la verdad no sólo de los motivos detrás de lo que Stark realmente hacía -o de sus supuestas “razones altruistas” para mantener la sangre del Capi, mismas que Peggy deduce no hacen más que demostrar el afán de lucrar con ella que tendría Stark-, pero también de todo lo que estaba en juego.

Esta situación no sólo deja en el aire la posibilidad de Peggy para continuar ayudando a Howard Stark, pero además complica las cosas para ambos. En el caso de Peggy, es un corolario a unos pésimos días en la S.S.R., todo gracias al viaje que el Jefe Dooley realiza a Alemania para conversar con un criminal de guerra nazi, el Coronel Müller (Jack Conley), en torno a lo que había ocurrido realmente en la guerra, particularmente siguiendo la pista de los agentes rusos de Leviathan que supuestamente habían muerto en la batalla de Fennel (misma que, como dice Müller, nunca existió). Ahora bien, el viaje de Dooley no sólo abre la posibilidad de que existan elementos sobrenaturales en juego, pero además le permitió al Agente Jack “es una ley universal que las mujeres nunca serán iguales que los hombres” Thompson jugar a ser el jefe de la S.S.R. durante la ausencia de Dooley. Y qué desagradable que resulta el personaje de Chad Michael Murray, no sólo exudando sexismo y aires de superioridad, pero además obteniendo resultados en sus interrogaciones e investigaciones, generando justamente la clase de personajes que, pese a no ser villanos, da gusto odiar.

SHEA WHIGHAM, CHAD MICHAEL MURRAY

Sin Peggy a su lado, las cosas también se complican para Stark, ya que la cacería en su contra que lleva la S.S.R. continúa luego de que Thompson descubriera que el día inmediatamente después de ocurrido el incidente de Fennel y la masacre rusa, un avión había estado presente en la zona, y en su interior se encontraba Howard Stark. El misterio en torno a las verdaderas intenciones del padre de Tony continúa, así como la cacería de brujas llevada a cabo por la S.S.R.

Como djimos, este capítulo además contó con muchas tramas en él, y así fue como pudimos ver al Agente Sousa tratar de llevar a cabo su propia investigación en torno a lo que ocurrió en el carguero el episodio anterior -y de paso, nuevamente, ser tratado el tema de su discapacidad-; pero quizás el elemento nuevo más interesante guarda relación con lo que ocurriera con Mr. Mink, que trató seguir a Peggy y Howard para poder cobrar de formas no amistosas el dinero adeudado. Fue interesante porque cuando se aprestaba a intentar asesinar a Peggy, fue detenido y asesinado velozmente por Dottie, la nueva vecina de Peggy -quien de paso se quedó con la pistola automática-. El debut de este personaje en el capítulo anterior ciertamente levantaba sospechas en torno a cuál sería su rol en la serie, y con esto sabemos que el hecho que sea la vecina de Peggy claramente no es algo azaroso.

Agent Carter está de vuelta, y habiendo llegado ya a la mitad de la temporada, nos restan tan solo 4 episodios para el desenlace de esta cautivante historia.

Notas al cierre:

  • Comentario obligado elogiando el diseño de producción de esta serie, pero realmente lo vale, porque da gusto admirar no sólo los sets o la atención al detalle y a la recreación de la época, pero también a la gran forma en que se filman las escenas, y el uso de luces y sombras. Particularmente destaca en este ámbito la interrogación entre Dooley y Müller.
  • Me reí quizás más de la cuenta con la escena de la cafetería y la revelación que, salvo Peggy -hasta ese momento-, todas las muchachas de su residencia robaban y traficaban comida (incluso teniendo bolsillos especiales en sus vestimentas para aquello).
  • Hacia el final del capítulo se produjo el esperado cameo de Stan Lee, esta vez como el compañero de asiento de Howard Stark al lustrarse los zapatos y quien amablemente le pide la sección de deportes del diario.
  • El movimiento con el cual Dottie despachó a Mr. Mink gritaba “Black Widow”, y considerando que en el próximo capítulo Peggy, junto a los Howling Commandos, visitarán la Unión Soviética (y particularmente el complejo conocido como “Red Room”, donde no sólo operaba la división de súper ciencia de la KGB, pero donde además se entrenaban a los mayores asesinos de la URSS, y donde recibiría su instrucción una tal Natasha Romanova), da para pensar si acaso Dottie en verdad no pasó por ahí, e incluso, si no será en realidad Yelena Belova.

Para el cierre, el trailer del capítulo de la próxima semana.

EDIT: Como bien nos corrigieron en los comentarios (y cómo lo confirma el resumen oficial de la serie), lo que Dooley realiza con Müller y las supuestas pastillas de cianuro en verdad no era más que un bluff, ya que tal como le ofrece al guardia posteriormente, de verdad se trataba de mentas para el aliento y no de pastillas de cianuro. Muchas gracias a quien nos realizó la corrección en los comentarios.

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