Constantine S01E11: “A Whole World Out There”

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Constantine se vuelve un show de terror esta semana, en un capítulo que sirve como “reunión” de ex-alumnos de Lost.

Este onceavo episodio de la primera temporada de Constantine titulado “A Whole World Out There” es un capítulo interesante, no sólo por la buena calidad del mismo, pero además porque sirve para reforzar ciertos puntos que hemos ido manteniendo sobre este show a lo largo de la temporada, principalmente, la capacidad de la serie para alterar su tono y temas según el contenido y el villano de la semana, lo que le ha permitido ser una serie de terror, pero también de ciencia ficción, sobrenatural, de suspenso, un procedimental, etc., lo que es interesante no sólo porque demuestra una variedad muy bien ejecutada -si se compara con otras series que ante tanta incertidumbre en su tono, no saben bien qué hacer, lo que va en su detrimento-; pero también demuestra la versatilidad de Matt Ryan, quien nació para interpretar el rol de John Constantine, y su adaptabilidad para el variado material que debe interpretar semana a semana. Mucho se ha dicho respecto a ciertos problemas que han aquejado a la serie desde su inicio -principalmente en sus primeros 3 capítulos-, pero al menos existe un consenso casi universal del buen trabajo que Matt Ryan hace en el rol (por lo mismo, nos encantaría verlo repetir su papel en la película de “Justice League Dark” que está planeando Guillermo del Toro).

Otra particularidad de este capítulo es que, como dijimos, sirve como una reunión de ex-alumnos de Lost, ya que sumado al rol recurrente de Harold Perrineau como Manny, el ángel guardián de Constantine, en esta oportunidad también dicen presente Jeremy Davies, quien vuelve a la serie tras su aparición en el piloto, en el rol de Ritchie Simpson; y además se suma en esta oportunidad William Mapother, quien es igual de tétrico en su papel de Jacob Shaw como lo era en el papel de Ethan en Lost.

Estos diversos elementos que hemos señalado hasta ahora confluyen justamente en el desarrollo de un capítulo que opta por la ruta de llevar a John a reencontrarse con Ritchie, dejando fuera del episodio a Zed (aún descansando para reponerse del daño que sufrió la semana pasada) y a Chas (todavía pasando tiempo con su familia). Estas constantes menciones para justificar la ausencia de personajes (que siempre salen a colación cuando esto ha ocurrido), no sólo son hasta cómicas per se, sino que ayudan a demostrar y fortalecer la figura de Matt Ryan en su rol protagónico y la forma en que no sólo la serie lo sigue a él -ahí el título, duh-, pero como los demás secundarios se nutren de su presencia, sin importar si son los regulares o invitados.

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El episodio comienza utilizando el conocido trope de “adolescentes en un lugar donde no deberían estar, realizando algo que no deberían hacer”. En este caso, se trata de 4 universitarios que se encuentran en una cripta de un cementerio realizando un encantamiento. El hechizo en cuestión, data del antiguo Egipto y se encontraba recopilado en el diario que alguna vez perteneciera a Jacob Shaw. Este personaje había investigado la posibilidad de existencia de otros mundos y dimensiones, así como la forma de viajar hacia aquellos lugares, no sólo habitándolos pero además logrando modificar sus propiedades.

Shaw aparentemente había desaparecido muchos años atrás, luego de que se le acusara sobre la muerte -aparentemente accidental- de su asistente en un confuso accidente mientras cazaban, dejando atrás sólo su diario personal. Mismo diario que de alguna forma llegaría a las manos de Ritchie Simpson como parte de sus estudios por lograr unir la conciencia de una persona dentro de una computadora, en un acto conocido como “la singularidad”.

Obviamente uno de los estudiantes de Simpson se hizo con el diario y trató de utilizarlo para verificar si las historias sobre Shaw eran ciertas, involucrando de paso a 3 de sus amigos más cercanos. Cómo era de esperarse, el encantamiento funciona y los 4 jóvenes son transportados a una particular dimensión, dentro de la cual vivía Shaw en el interior de una casa, la cual utilizaba para cazar por deporte a todos quienes se aventuraran en este reino del cuál él era el creador y cuya particularidad radica en la conexión existente entre el cuerpo físico que se mantiene en un estado catatónico en nuestra realidad, y el elemento espiritual, que es el que viaja y se queda atrapado en aquel lugar; esta conexión obviamente lleva a que cualquier daño sostenido en el mundo de Shaw tenga efectos en el mundo real, lo que, con el paso del episodio -y sacando a relucir sus credenciales de serie de terror-, lleva a la muerte de 3 de los 4 estudiantes, así como, obviamente, a la intervención de Constantine en todo este asunto, no sólo compelido por Manny, pero además reuniéndose con su amigo Ritchie, quien aún se encuentra lidiando con las consecuencias del incidente de Newcastle (atestiguado por la cantidad de frascos de pastillas en su escritorio).

Como se nota de la premisa del episodio -y porque lo hemos dicho un par de veces ya-, este capítulo le saca el jugo al contexto de horror, mediante el uso de tropes conocidos. Y si bien el capítulo no viene a reinventar la rueda en cuanto a la televisión -o al cine- de terror (Hannibal sigue teniendo el puesto n°1 en este sentido actualmente), sí se aprovechan los elementos, particularmente los visuales, generando no sólo un tono adecuado en el episodio (que se ve ayudado por una atmósfera sofocante y una iluminación correcta), pero además generando buenos sustos usando la figura ya perturbadora de Shaw (gracias a William Mapother) y su habilidad para hacer actos de presencia en el mundo físico mediante el uso de espejos y superficies que reflejen la luz. En este sentido, la escena en el estudio de danza y su aparición por medio de la pantalla de un celular destacan de forma brillante en el episodio. Ahora, para quienes gusten de algo más “slasher” y con más impacto visceral, tampoco saldrán decepcionados: el capítulo tiene sangre en abundancia.

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De esta forma, comienza una carrera contra el tiempo tanto para los estudiantes atrapados en la dimensión de Shaw (de los cuales, una aún está con vida en el mundo físico), así como para John y Ritchie para encontrar una forma no sólo para salvar a la chica, pero además para acabar con Shaw (mismo que, como se especula, seguramente contaba con sus poderes aumentados gracias a la “gran oscuridad”, que también estuvo ausente de este episodio y ya por segunda semana consecutiva).

Ritchie Simpson finalmente sería el llamado a salvar el día, no sólo por su familiaridad con las artes oscuras -vía Constantine-, pero además porque como se nos dice -casi a la pasada-, él había estado investigando no sólo a Shaw pero toda la teoría de la existencia de crear y destruir en otras dimensiones, por lo tanto, todo esto le permite finalmente no sólo enfrentarse a Shaw, pero además lograr desvanecer su conciencia, al tomar posición del rol de creador del plano dimensional que el villano había labrado, y hacerlo propio. Como bien le dice Ritchie a Shaw, él había escogido un plan de destrucción y maldad, pese a tener todas las habilidades y capacidades para crear. Fue un poco deus ex machina by the book, pero una solución más que adecuada, a la vez que Ritchie decide quedarse en aquella realidad, no sólo para poder crear e imaginar libremente, sino para mantenerse a salvo ya que sabe tan bien como John que las cosas que se aproximan serán tanto o más peligrosas.

Ahora bien, en este punto quienes están familiarizados con Hellblazer habrán deducido que Ritchie tendría el mismo destino que en los comics, donde tras perder su cuerpo, logra unir su conciencia a la de una computadora, convirtiéndose posteriormente en una especie de tecnodemonio (que incidentalmente es un buen nombre de DJ). Sin embargo, la serie decidió tomar una ruta alternativa (justificado por el showrunner Daniel Cerone en lo buen actor que es Jeremy Davies y no querer perder la posibilidad de volver a utilizarlo en la serie, y así evitar lo que ocurrió con Jonjo O’Neill, el actor que dio vida a Gary Lester -y que tuvo un pequeño cameo en este episodio que discutiremos en las notas al final), y en lugar de dejar a Ritchie en la otra dimensión, optó por retornarlo a la realidad transcurridos pocos minutos desde que él y John derrotaran a Shaw. Quizás esta decisión sacará ronchas en los más puristas, aunque considerando que el cambio de Ritchie fue tras un encuentro con la Resurrection Crusade -misma que ha tenido una breve participación en la serie-, se siente adecuado como una especie de teaser o de foreshadowing de lo que podría ocurrir más adelante con esas tramas de unirse en la eventualidad que la serie sea renovada.

De todas formas Constantine nos entregó un sólido y entretenido episodio esta semana, que continúa refinando una formula semanal que hasta ahora a dado buenos resultados. Nos quedan sólo 2 episodios para el fin de la temporada y atar cabos sueltos, mientras esperamos que el show sea renovado.

Notas al cierre:

  • El cameo de Jonjo O’Neill como el fantasma de Gaz fue importante, porque como sabrán los fans de Hellblazer, John muchas veces es atormentado por los fantasmas de sus amigos y cercanos a quienes les ha fallado y han encontrado la muerte. De paso, es una buena forma de traer de vuelta a algunos actores de la serie.
  • Dicho sea de paso, si la serie continúa existen planes para un episodio de flashback que nos muestre en detalle el incidente de Newcastle, de paso reuniendo en un sólo capítulo a quienes estuvieron presentes en aquella ocasión: John, Ritchie, Gaz y Anne Marie, así como los hasta ahora no mencionados -pero presentes en los comics- Benjamin Cox, Judith y Frank North. La infame Newcastle Crew.
  • La oficina de Ritchie en la universidad estaba repleta de memorabilida y recuerdos de “Mucous Membrane”, la banda de punk de la que John y Gaz formaron parte en su juventud. Misma de la cual Chas era uno de sus roadies, y sobre la que giraron muchos de los personajes que conocerían a Constantine y serían parte del elenco recurrente de Hellblazer.
  • A propósito de la universidad, en la serie Ritchie da clases en la Ivy University, famosa en los comics por ser el campus en el cual da clases Ray Palmer, mejor conocido como The Atom.
  • Y siguiendo con la universidad, se menciona en la serie una “sala Bradstreet”, en lo que es un homenaje del equipo de producción a Tim Bradstreet, célebre artista de portadas de Hellblazer.

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