Arrow S03E13: “Canaries”

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Caos organizado, el retorno del Conde Vertigo, Laurel se enfrenta a sus miedos y Oliver al Team Arrow, y muchos secretos salen a la luz en un nuevo capítulo de Arrow.

Quizás algunos se preguntaran tras leer el párrafo introductorio a esta reseña el por qué usamos la frase “caos organizado” para referirnos a “Canaries”, el décimo tercer episodio de la tercera temporada de Arrow. El uso de la expresión no fue azaroso porque, como hemos visto muchas veces -siendo el capítulo de esta semana el más reciente exponente-, Arrow puede ser una serie caótica. Es un show frenético, muchas veces con un ritmo acelerado y donde ocurren múltiples cosas al mismo tiempo, todas como parte de la gran trama de sus respectivas temporadas.

Ahora bien, dentro de este caos hay un cierto orden u estructura organizacional que es parte del entramado de Arrow. Hay lógica en lo que se podría percibir -erróneamente- como un desorden, porque en ese frenesí es donde la serie se siente cómoda, porque permite una forma particular de cubrir distintas tramas, todas afluentes del gran río que es cada temporada, y hacerlas sentirse todas relevantes (independiente de que a veces no todas son ejecutadas con la misma pulcridad). Donde otras series tratan de meter por la fuerza demasiados elementos sin saber acomodarlos, Arrow destaca justamente por el equilibrio que le proporciona esta fórmula que hemos estado discutiendo en la reseña (entre otros tantos elementos, como la potencia de sus guiones o la forma en que ha logrado plasmar en la pantalla de la televisión la misma clase de narrativa de los comics, especialmente utilizando el formato episódico -algo que a veces se extraña en el gran mar de películas basadas en comics, y particularmente superhéroes-.

Por eso “Canaries” no sólo es un gran episodio, tanto por desarrollo de personajes como por la forma en que reflexiona y medita sobre las consecuencias de los pasados 3 capítulos, volviéndose un reflejo de lo que ha querido lograr esta temporada, la que por fin está encausando y comenzando a mostrar la “bigger picture”, pero además, pese a la audiencia de un villano tangible -como lo fuera Slade Wilson en el segundo ciclo-, justamente a recurrido a enlazar cada capítulo con la misma fórmula de caos organizado que ha resultado en otros contextos. Transcurridos 13 capítulos, de a poco se nos va haciendo conocido el panorama y el plan general de la temporada.

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Ante un capítulo con tantas tramas, claramente era necesario un hecho que actuara como catalizador, el cual es proporcionado por el retorno de Peter Stormare a la serie en su rol de Werner Zytle, aka, Count Vertigo, a quien no veíamos desde los primeros episodios del actual ciclo, cuando fuera apresado por Oliver, Roy y Sara.

Zytle aprovecha el traslado de recintos penitenciarios no sólo para desafiar a Oliver, pero además para escapar, gracias a que un periodista es coercionado para rescatarlo -utilizando, era que no, vertigo-, a cambio de perdonar la vida de su esposa (el pobre sujeto de todas formas mordería el polvo, producto de una explosión). De nuevo, este hecho es importante porque comienzan a correr en paralelo las distintas tramas del capítulo, mismas que se irán entrelazando en correlato.

La más relevante para el episodio -y que le da título al mismo- es la trama de Laurel, quien finalmente tiene el gran momento para salir de la sombra de su hermana y reclamar el manto de Black Canary. Esto no será sencillo no sólo por la oposición de Oliver (lo que llevará a otra trama, en torno a la forma en que las decisiones se toman en el Team Arrow), sino además porque en 2 ocasiones luchando contra Zytle, Laurel recibe potentes descargas de vertigo que la hacen alucinar la presencia de Sara. Esto es importante no sólo porque se presta para el retorno de Caity Lotz a la serie (hay que destacar la forma en que la producción se la suele ingeniar para que reaparezcan personajes muertos), pero además para terminar de revalidar y reposicionar a  Dinah Laurel Lance como personaje, porque no sólo terminó de demostrar su incipiente valía en la lucha contra el crimen, pero terminó de ganarse el respeto tanto propio -logrando, de cierta forma, por fin salir de la sombra de Sara, ayudada por Felicity-, pero además el de Oliver -tras ya ser validada y apoyada por Dig, Felicity y Roy-.

Lamentablemente para Laurel, una buena tenía que llevar aparejada una mala, y en este caso se trató del esperado -y postergado- momento de confesar la verdad a su padre respecto a la muerte de Sara. Afortunadamente para el detective Lance, su corazón no le jugó mal en esta pasada, pero el hombre quedó realmente destrozado al enterarse de boca de su hija -de quien también sabe ahora cumple el rol de vigilante- que la hermana de ésta había fallecido. El golpe es realmente devastador, lo que se refleja en la tremenda actuación de Paul Blackthorne quien ve como su mundo se derrumba una vez más al conocer que su hija menor, a la cual ya había tenido que despedir al darla por muerta tras el naufragio del Queen’s Gambit, ahora había efectivamente fallecido. Está claro que no hemos visto lo último de esta trama, y seguramente la serie explorará las consecuencias en Quentin Lance de esta revelación y cómo regirá su relación con Laurel de ahora en adelante.

Como bien dijimos, Laurel termina este capítulo validada, incluso ante los ojos de Oliver, y este es un punto delicado y muy importante, porque nos demuestra las consecuencias que su muerte y ausencia durante más de un mes produjeron en el Team Arrow. Oliver estaba acostumbrado a ser quien dirigía toda la operación y tener la última palabra y la autoridad incuestionable respecto a lo que hacían, mal que mal, era “su” misión; y eso de cierta forma terminó siendo una de las debilidades que lo llevaron a caer frente a Ra’s al Ghul, el aún desconfiar de la necesidad de ayuda pese a contar con Diggle y Felicity desde el comienzo -y con una lista de aliados in crescendo, contando a Roy, Laurel, Barry, etc.-, y finalmente (en algo que se puede atribuir a la peculiar psiquis de Oliver), el pasar por alto el hecho que su cruzada ya no era sólo suya, y que la protección de la ciudad era ya un deber compartido. El tiempo fuera permitió a los demás sobreponerse a eso y entender que también era su lucha, por lo cual, Oliver debe encontrarse con el hecho de que su opinión ya no es ley en el subsuelo de Verdant, y como bien le hace ver Diggle -siempre la voz de la razón-, deberá acostumbrarse a que sus decisiones serán cuestionadas -como lo hacen Roy y Felicity-, lo que lo forzará, no sólo a tener que tranzar o a admitir que no siempre está en lo correcto (y sabemos cuánto le cuesta esto a Ollie), pero a aceptar las opiniones e ideas de otros y a trabajar juntos en base a esto. Por lo mismo, la decisión de aceptar a Laurel al final es un paso en la dirección correcta.

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Dig podrá ser habitualmente la voz de la razón, pero en este capítulo si cometió un error, al predecir erróneamente la reacción que tendría Thea ante la revelación de Oliver -tanto motu propia, como sugerida por Merlyn-, al confesarle a su hermana que él era el famoso vigilante de Starling City.

Afortunadamente para Ollie, en esta oportunidad le tocaría pasar una buena, ya que al enterarse Thea de la verdad -y tener su propio tour personal de la “Arrow Cave”-, tomó mejor de lo que cualquiera esperaría el hecho de descubrir la última mentira en el historial de su hermano. Y es importante, porque justamente le permite a Thea poner en perspectiva gran parte de su relación con Oliver desde el comienzo de la serie, y el comprender por qué su hermano le escondía tantas cosas y debía mentirle, por su propia seguridad. Importante desarrollo no sólo para Oliver y para Thea, sino que para el resto del Team Arrow, que ven como cada vez más se abre el círculo entre ellos, y seguramente -como hemos especulado muchas veces- esto abrirá una puerta para que en el futuro Thea se incorpore a la dinámica del vigilantismo, seguramente como “Speedy” (recordemos que Thea está basada parcialmente en el personaje de Mia Dearden).

Lo que sí se sintió un tanto extraño fue el súbito rechazo por parte de Thea hacia Malcolm Merlyn, sintiéndose traicionada y manipulada -justamente- por su padre. Lo raro en este punto no fue el rechazo, mal que mal, es algo que Merlyn se tiene más que merecido; es más el hecho de que fuera tan de pronto y casi ignorando mucho del desarrollo reciente entre los dos personajes. Sí, sabemos que Merlyn manipuló a Thea (y espérense al momento en que Thea descubra que fue ella quien asesinó a Sara), pero el que, tras la revelación de Oliver, Thea de pronto rechazara tan rotundamente a Merlyn (mal que mal, él no sólo la salvó de los hombres de Deathstroke, pero le enseñó a defenderse y le dio un nuevo propósito -aunque claro, todo mediante su manipulación-), de todas formas fue, a lo menos, desproporcionado -independiente de que Merlyn se merezca todo lo que le está ocurriendo-.

Notas al cierre:

  • Los flashbacks esta semana sirvieron para reforzar el vínculo entre Oliver y los Yamashiro, la planificación de Maseo para salvar a Tatsu y a su hijo, pero sobre todo, mostrarnos una vez más lo despiadada que Amanda Waller puede ser en pos de seguir su agenda personal. De paso, Oliver y Maseo estarán en Starling City la próxima semana para los flashbacks, lo que ciertamente será interesante de ver desarrollado (más considerando que Tommy Merlyn también dirá presente).
  • A propósito de retornos (y de que el título del episodio de la próxima semana es “The Return”), Oliver volvió a Lian Yu, acompañado de Thea, todo como parte del plan de entrenamiento de Merlyn para que conquisten sus miedos. Además, esto presenta una oportunidad para reencontrarnos con Slade Wilson en el próximo capítulo, lo que nunca está de más.
  • Hubo una mención esta semana a “Daggett Pharmaceuticals”, seguramente una referencia a Roland Daggett, habitual competidor de Wayne Enterprises.
  • Esta semana murió Chase, el DJ/Asesino, cuya ausencia claramente no será lamentada por nadie, porque realmente su aporte a la serie fue escaso. Aunque sí da para preguntarse si en la Liga de Asesinos les enseñan a ser DJ’s.

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