Mar (2015)

Mar Póster

Martín (Lisandro Rodríguez) vive una crisis sentimental de la cual no puede escapar. Mientras, un rayo cae en la playa donde pasaban el verano. Gracias al Festival de Cine UC pudimos ver uno de los estrenos importantes del cine chileno este 2015.

El segundo filme de Dominga Sotomayor narra la anunciada caída de una relación entre Martín y su novia (Vanina Montes), quienes se ven obligados a pasar juntos unos días en una playa argentina mientras esperan que los documentos del automóvil que conducían lleguen a dicho balneario, para poder salir del país. En el paso de los días es que notamos el letargo de dicha relación, la poca empatía entre ambos, y cómo los días transitan indiferentes frente a sus ojos.

El caos llega con la madre de Martín (Andrea Strenitz), quien lleva la documentación del vehículo y aprovecha de compartir con la pareja y los vecinos, dejando caer sus frustraciones frente al resto, especialmente en un Martín que está constantemente lidiando con las propias. La mujer también escondería una particular agenda durante el viaje, que conoceremos con el correr de los poco más de 70 minutos de cinta.

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La película, en un trabajo modesto en cuanto a las ideas iniciales según la directora, se aferró a la improvisación y el correr de los días filmando para contar una historia. La postura distante de la cámara ayuda a que el espectador tome la perspectiva de observar el estancamiento de un personaje que no dice mucho de sí, pero que está constantemente debatiendo sobre el siguiente paso, y de proteger lo que le importa. Estas ideas se potencian con el inesperado rayo que cayó en Villa Gesell, locación principal de la película.

El problema es que cuando exploramos dentro de Martín, vemos poco. Más que las imágenes de la pareja estando pero no compartiendo, no se nota una profundidad en los personajes ni el pasado de ellos. Entendemos que una de las ideas de la película es que los momentos definitorios de una persona no ocurren en escenas despampanantes, pero los personajes podrían haber mostrado más de sí, para que la película no se sienta como una fotografía de vacaciones en que no sabemos qué está pasando, aunque podamos ver los rostros e inferir los estados de ánimo.

Quizás pecando de su idea creativa, la película se cae en lo narrativo. Técnicamente tiene tiros preciosos, escenas incluso escalofriantes (cómo juega con la fobia a ahogarse) y un inteligente uso de la distancia para contar la historia. El estanco de la relación está logrado, pero falta sentir más la evolución, o el cambio el Martín. Como la improvisación misma, no se nota ese punto en que la historia termina de contarse. Quizás sea un mérito para algunos, pero toda historia necesita un desenlace, y a esta película pareciera faltarle, a pesar de las flamas.

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