Gotham S01E18: “Everyone has a Cobblepot”

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Gotham continúa su tendencia al alza con el que no sólo es el mejor capítulo de la serie hasta ahora, pero además es un episodio verdaderamente bueno. Comentamos “Everyone has a Cobblepot”, el decimoctavo capítulo de la primera temporada.

Si las últimas semanas Gotham había mostrado una luz de esperanza al final del túnel, subiendo claramente su nivel respecto a lo decepcionante que había sido previamente, esta semana la serie por fin nos entregó después de mucho un capítulo realmente bueno. No está exento de problemas, pero la mayoría de ellos, o son menores, o son de aquellos que se pueden pasar por alto, no alterando en general el resultado final del capítulo.

“Everyone has a Cobblepot” además demuestra algo que hemos reiterado en múltiples ocasiones: el hecho que cuando Gotham opta por seguir un sólo camino y tratar una sola trama y enfocarse en ella, desligándose -en su mayoría- de las tramas extra, o bien volviéndolas accesorias a la narrativa principal, tenemos los elementos para un muy buen show, el cual, considerando el potencial sin aprovechar exhibido hasta ahora, hace casi inexplicable -e inexcusable- lo mediocre que ha sido generalmente la temporada. Episodios como el de esta semana son todo lo que esta serie debería aspirar a ser, y realmente esperamos que se mantenga esta senda tanto en los 4 episodios que le quedan a la temporada, como en la segunda temporada.

El otro gran mérito en este episodio es la habilidad para presentar un entramado de poder y una estructura en al funcionamiento orgánico de la ciudad, más allá del reduccionismo de los argumentos usuales de “la mafia controla la ciudad y la policía es corrupta”. El presentarnos de una buena vez como funciona la relación entre mafia, policía, poder y corrupción -todo escenificado por el material de respaldo que el Comisionado Loeb tiene contra cada político y oficial de policía corrupto o con un pasado oscuro-, además de la forma en que la mafia controla directamente la policía, ya que sabemos que Loeb tiene tratos con Falcone, y son ambos quienes mantienen no sólo esta evidencia, sino que además ocultan el gran secreto del Comisionado de policía de Gotham.

4426218-gotham-ep118_scn24_29684_hires1Un evento que marcó esta segunda mitad de la temporada hasta ahora -y que se nos ha recordado en el “previously” semana a semana-, es la situación del detective Flass, encarcelado -correctamente- por Gordon, pero tras haber recurrido a la ayuda de Cobblepot para poder conseguir la evidencia que pudiera inculpar al protegido detective corrupto que se encargaba de la unidad antinarcóticos de GCPD -misma que utilizaba para tener un lucrativo negocio personal, obviamente como narcotraficante-.

Pues bien, esta semana Flass quedó en libertad, todo gracias a una audiencia de juicio a la cual convenientemente no se presentó el Fiscal de Distrito (como nos recuerda el joven fiscal asistente, Harvey Dent), y donde además se utilizó el testimonio de un testigo secreto para exonerar a Flass. Pronto Gordon -y nosotros por extensión- descubriremos que quien ordenó la liberación de Flass -y le proveyó los medios para su exoneración-, no había sido otro que Loeb. Y la sorpresa es aún mayor cuando Gordon ve el testimonio del testigo secreto, quien no era más que Bullock, quien solo trataba de salvar su propio pellejo. La revelación no sólo sirve como -otra- fuente de conflicto en la pedregosa relación entre Jim y Harvey, pero termina demostrando la existencia de la famosa red de protección, corrupción e incriminación que Loeb lleva a cabo con la policía. Para complicar aún más las cosas, Loeb no sólo liberó a Flass, pero se apronta a darle su apoyo público para que éste se convierta en el presidente del sindicato de policías, algo que efectivamente sería más que complejo para el bueno de Jim y su lucha por salvar su ciudad.

Tras revelar Bullock que Loeb tenía material en su contra, así como la existencia de la famosa reserva de evidencia contra todos los oficiales, ocurre un interesante intercambio que da título al episodio de esta semana, ya que Harvey le explica al bueno de Jim que muchos en la policía -incluido él-, pasaron por “rituales” parecidos al de Jim con Cobblepot, al tener que matar a alguien para probar su lealtad al “sistema”. Sin embargo, no todos tuvieron la suerte de Gordon de tener al propio Cobblepot para salvarles el pellejo de forma imprevista en un momento inesperado. He ahí el doble significado en el título del episodio: todos tienen un Cobblepot, en la figura de esa mancha oscura en su historial que han sido aprovechadas por Loeb, pero no todos tuvieron literalmente a Cobblepot como Gordon para que rescatara su cabeza.

Ayudado por Harvey Dent, Gordon sigue las pistas hacia la información que oculta Loeb, primero consultando con su antiguo compañero -lo que los lleva a una trampa en un establecimiento de comida china-, y posteriormente -ya con Bullock ayudándolos-, consiguen la verdadera ubicación donde estaba el secreto de Loeb -y Falcone-. Además, ambos comienzan a escarbar en el pasado de Loeb, particularmente en un confuso incidente ocurrido hace 20 años donde se produjo la muerte de la esposa del Comisionado -en ese entonces, un detective en el departamento de homicidios-, en un caso que fue declarado como un accidente, pero que siempre produjo la duda sobre el grado de participación de Loeb en el hecho.

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Considerando lo riesgosa de la situación -y las fuerzas contra las que se enfrentaban-, Gordon decide pedirle ayuda a la única persona capaz de solucionar su dilema: Oswald Cobblepot, siempre tan dispuesto a ayudar a su “amigo” Jim, a cambio de una oferta prometedora; en este caso, la posibilidad de observar los archivos secretos de Loeb y el hecho de que ahora Gordon le debía un favor (y como se nos ha dicho muchas veces, deberle un favor a alguien en Gotham -más si es a Cobblepot-, es un arma de doble filo).

Tras llegar a la granja donde estaba el secreto de Loeb, y derrotar -temporalmente- a sus vetustos ocupantes, Gordon y Bullock pronto descubrirían algo que ciertamente no era lo que esperaban. Esto porque en aquel lugar no se encontraba el cerro de expedientes y archivos que ellos esperaban, sino que en su lugar había una mujer encerrada viviendo en el ático de la propiedad, donde pasaba el día cantando y haciendo joyería con huesos de aves que ella misma cazaba. ¿El nombre de la mujer? Miriam Loeb (Nicholle Tom), la hija del Comisionado, quien 20 años atrás había asesinado a su madre, por lo cual su padre, como buen detective de homicidios corrupto, hizo pasar todo por un accidente, mientras escondía a la perpetradora donde nadie la podría hallar, todo obviamente con la ayuda -y beneplácito- de la mafia. En el fondo, habían encontrado a la “Cobblepot” del Comisionado.

Este es un momento importante, no sólo para Bullock (quien salió de este episodio con un cierto aire de redención), pero además para Gordon, ya que la existencia de Miriam le da el arma que necesitaba contra Loeb. Jim está caminando por terrenos difíciles, pero hace su jugada al derechamente chantajear a Loeb con su secreto, a cambio de que el Comisionado se mantenga en el poder (así Gordon lo puede controlar), pero además para lograr que Flass vuelva a ser sometido a juicio -imparcial esta vez-, y para conseguir el archivo de Bullock, lo que efectivamente lo deja libre del control de Loeb. Para la guinda de la torta, Loeb apoyará a Gordon en la elección para presidente del sindicato de policías, lo que deja a Jim en una posición ideal para seguir combatiendo la mafia y la corrupción, a la vez que también siembra dudas sobre su persona, considerando el rincón oscuro al que tuvo que llegar para poder vencer a Loeb en su propio juego. Bullock lo dice bien al plantearle a Jim la situación y cuestionar qué ocurre con las personas cuando cometen un acto cuestionable, y como eso puede sentar raíces en su interior. Harvey lo sabe, ha tenido que vivir casi 2 décadas con esa sensación. Si no fuera porque conocemos el futuro de Gordon -lo que algo de peso dramático le quita a todo el asunto-, realmente estaríamos preocupados por el futuro de Jim.

Así nos dejó un nuevo capítulo de Gotham, sin lugar a dudas el mejor de la temporada hasta ahora. La serie ahora se toma un hiato de 6 semanas (!), antes de retornar con la recta final de 4 capítulos y será interesante ver cómo funciona la dinámica de ahora en adelante, no sólo por el parón -que puede frenar la racha de buenos capítulos-, sino porque además estamos en un momento de la temporada donde realmente no hay un gran antagonista o algún elemento dramático que conecte todo hacia el desenlace, lo que puede ser algo tanto positivo como negativo.

Notas al cierre:

  • La trama de Fish Mooney esta semana tuvo la resolución de su cliffhanger -con auto remoción ocular incluída-. Fish consiguió un nuevo ojo y por fin conoció al hombre a cargo del lugar donde está, el Doctor Francis Dulmacher (Colm Feore, ya todo un veterano en adaptaciones de comics, con roles en “Thor” y “Amazing Spider-Man 2”), quien no es más que una nueva versión del villano Dollmaker. Dulmacher es quien dirige esta clínica privada donde se realiza tráfico de órganos, y donde además realiza sus experimentos personales (como lo pudo atestiguar su antiguo n°2, tras fallarle el capítulo anterior). Fish, siguiendo su meteórico ascenso ayudada por su talento innato, pronto se gana la confianza de Dollmaker y, a cambio de su propia seguridad y motivos ulteriores, le ayuda a reabrir la “llave de paso” del suministro de órganos, aprovechándose de la gente atrapada en el subterráneo -y que tan esperanzados esperaban una liberación de parte de ella-.
  • Bruce también vio algo de minutos en pantalla esta semana, acompañando a Alfred en el hospital luego de la herida que este recibiera por parte de su “amigo” Reggie. Tanto el niño como su mayordomo deciden no comunicarle a Gordon sobre el responsable del ataque, pero debido a razones distintas: mientras Alfred sigue pensando que se trataba de un ataque dirigido a él, y que debe realizar lo honorable, que en este caso es lidiar personalmente con la traición de su camarada; por su parte, Bruce intuye que el ataque iba dirigido hacia él y que quienes estaban detrás de todo eran los miembros de la junta de Wayne Enterprises, como venganza por la investigación que Bruce está realizando contra ellos -y que como sabemos, los tiene involucrados en un cúmulo de actividades de dudosa legalidad-.
  • Selina también dijo hola, pero no fue más que eso -salvo el alborotamiento de las hormonas de Bruce, cuando la chica lo abrazó y le ofreció su ayuda para atrapar a Reggie (misma que Bruce rechazó, porque Bruce)-.
  • Nygma y su obsesión romántica con Kristen Kringle sigue siendo una trama que no va hacia ningún lado y no aporta mucho. Sería realmente detestable si la “origin story” del acertijo y el por qué se convierte en un villano termina siendo atribuido a un rechazo sentimental de parte de un amor no correspondido. No sólo por lo cliché, sino porque le quita peso a ambos personajes.
  • Nicholle Tom, quien dio vida a la hija de Loeb, es recordada por muchos por ser una de las hijas de Mr. Sheffield en “The Nanny”, pero además su carrera no es ajena al universo de DC, ya que fue la encargada de aportar la voz de Supergirl en la serie animada de la Liga de la Justicia.

 

Para terminar, la promo del próximo capítulo:

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