Pi (1998)

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País: USA
Año: 1998
Director: Darren Aronofsky
Género: Thriller
Duración: 84 min.
Elenco: Sean Gullette, Mark Margolis, Ben Shenkman, Pamela Hart

Con 60 mil dólares de presupuesto, Darren Aronofsky cosechó sus primeras loas con este thriller psicológico que anticiparía los grandes temas de su filmografía futura.

Max Cohen (Gullette), un teórico matemático judío que las hace de narrador y protagonista. Concentrado totalmente en su trabajo, Max busca patrones matemáticos que le permitan anticipar las variaciones en el mercado bursátil para predecir sus alzas y bajas. Limitando a más no poder sus interacciones sociales, al único que tolera es a su mentor Sol (Mark Margolis), quien también se dedicó a la disciplina antes de retirarse, y con quien gusta revisar sus avances mientras juegan Go.

A pesar de ser apreciado por sus vecinos y  su comunidad, sus aspectos antisociales parten desde el monólogo inicial cuando narra que su madre le decía que no debía mirar al sol fijamente, pero lo hacía, lo que le causó una ceguera temporal, e incluso una “experiencia mística”. De ahí que sufre episodios de intenso dolor de cabeza, los que vemos durante toda la película, cada vez más intensos, para los que debía recurrir a inyecciones y drogas. Dichos ataques eran acompañados por alucinaciones, las que terminaban con un periodo de alivio.
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Además de sus ataques, vemos cómo es perseguido tanto por una misteriosa empresaria que pareciera financiar su proyecto bursátil, como por un seguidor de la Kabbalah, quien le introduce la parte numérica de la Torah, y la búsqueda del “número de Dios”, lo cual investiga y cree encontrar un patrón de 216 cifras que está presente en todas las cosas, lo que lo lleva a obsesionarse con observar un mundo hecho de números, recordando a Pitágoras. Cuando su computador colapsa, y ve la cifra, recurre a Sol, quien le advierte que la obseción puede llevarlo a pasar de la observación y experimentación, a ser simplemente un creyente, un numerólogo. Por otro lado, le cuenta que cuando él estudió Pi, también llegó a un punto de colapso que le provocó su primer infarto, y lo motivó a retirarse.

Pero una vez que sus estudios avanzan, tanto los seguidores de la Kabbalah como los hombres corporativos van a buscar su descubrimiento, a lo que él reacciona con vehemencia pues considera que haber visto dicho número es algo que sólo él puede entender, y que le fue revelado. La cifra que revelaría el “Verdadero nombre de Dios”, fue descubierto por él, él vio a Dios, y puede entenderlo. Luego se entera que Sol ha fallecido, motivado por seguir buscando la cifra en Pi, motivado por los avances de Max. Al verse en peligro, destruye todos los vestigios del número, tanto los papeles, su computador, y “remueve” el número de su cabeza (con un taladro), en medio de un ataque de dolor y alucinaciones.
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Como un foreshadowing de su filmografía, la película cumple con tres actos que las películas de Aronofsky comparten: la presentación de un personaje dañado con obsesiones nocivas, el tortuoso camino para conseguirlas, y el momento en que “las alcanzan”, destruyéndose con ellas. Aquí Max nos recuerda a Nina de Cisne Negro (de hecho, su mirada de “felicidad” en la banca una vez que no puede calcular cifras, es muy parecida a la última escena de Natalie Portman en Black Swan), o a Randy de The Wrestler.

De todas formas, en este caso la obsesión juega con la delgada línea del misticismo y las patologías que el protagonista acarrea. Todas las “revelaciones” bien pueden categorizarse como síntomas de una enfermedad, o bien, como el alcance de un conocimiento más allá de lo que el ser humano puede entender. Aronofsky usa el montaje, el voiceover, y la música para jugar con un narrador poco confiable. Vale la pena decir que junto con el director, esta película lanza la carrera de Clint Mansell, quien colabora con tres temas para la banda sonora.

De todas formas, y más allá de ser un tremendo ejercicio en sí mismo, Pi es una carta de presentación del director en el estilo e intensidad que el resto de sus películas tendrían en el futuro. Buscando imposibles, y destruyendo a sus protagonistas, en pos de que su mirada final sea de alivio y orgullo, a pesar de haberlo perdido todo en el camino.

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