7° to 1°: nuestro ranking de la filmografía de Paul Thomas Anderson

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Paul Thomas Anderson, desde el momento que fue definido como el “wonderboy” de mediados de los 90’s, por haber acaparado loas con “Sydney”, pero fundamentalmente por haber realizado “Boogie Nights” con solo 26 años, se ha establecido sin ninguna duda como uno de los directores de nuestra generación. Tras “Magnolia” y “Punch-Drunk Love”, sus películas tomaban un largo tiempo para ser estrenadas, por el nivel de puesta de escena y la complejidad de los guiones que el mismo Anderson prepara para cada uno de sus proyectos. Tras “The Master”, esas largas esperas no se repitieron con “Inherent Vice”, filme que llegó esta semana a nuestra cartelera, y con la que aprovechamos la ocasión para rankear las películas del californiano, y de paso exponer algunas de ellas que a veces se pierden en medio de las obras más grandes de PTA.

7. Sydney (Hard Eight)

El trabajo más tradicional de Anderson, no por eso poco interesante: dotando de un personaje de una elegancia y dignidad poco habitual, en un homenaje al arquetipo y quizás al actor, Philip Baker Hall interpreta a Sydney, un apostador veterano que toma a un joven John (John C. Reilly) y lo introduce en el mundo de los casinos. En una película que anticiparía los temas de su filmografía completa, la película habla de familias disfuncionales, deudas con el pasado, la influencia de los padres en la vida de sus hijos, con personajes ambiguos y complejos. Es quizás la menos descubierta de PTA, y les recomendamos encarecidamente verla.

6. Inherent Vice

La más reciente, y una de las más confusas. Inherent Vice es la adaptación de la novela del mismo nombre de Thomas Pynchon, que narra el caso que Larry “Doc” Sportello (Joaquin Phoenix), detective privado en California, investiga para su otrora novia Shasta (Katherine Waterston), sobre su actual novio y empresario inmobiliario, y el plan de su ex-esposa para encerrarlo en un manicomio. En la investigación, además de una gran cantidad de personajes secundarios, y muchas situaciones divertidas, vemos cómo los 60’s se van retirando de este mundo en el que el modelo de la nueva década se va posicionando con fuerza, mientras los protagonistas de la época que se va ni siquiera lo nota. Muchas veces se ha mencionado que la película juega con la idea de la confusión en el guión como tema central de la película, y no podemos estar más de acuerdo al respecto.

5. Punch-Drunk Love

Probablemente, la premisa de esta película es la que menos ansiedad nos cause. Y es que “es una película de amor con Adam Sandler” es algo que se nos ha acostumbrado a evitar, sin embargo, Paul Thomas Anderson llevó la premisa por un camino completamente distinto y sorprendente, además de estresante y agradable al mismo tiempo. Para un hombre incomprendido, depresivo y acomplejado como Barry Egan (Sandler), el amor termina siendo uno de los sentimientos más inoportunos, sin embargo, este se termina convirtiendo en el motor de lucha y de constante cambio para el personaje de Sandler. Tal como la traducción del título, con esta película quedamos “Embriagados de Amor”, pero de uno no convencional y donde los defectos y personalidades erráticas son parte definitiva del menú y, a pesar de las dificultades, es mucho más auténtico que una comedia romántica llena de clichés y personajes perfectos.

4. Boogie Nights

Considerada como la primera gran película de PTA, Boogie Nights se embarca en el intrincado mundo del porno en la década de los setenta. Reivindicando la capacidad actoral de Burt Reynolds como director y productor de múltiples películas, además de darle el primer gran protagónico a un otrora modelo/rapero Mark Wahlberg (aka, Marky Mark), Anderson pone en la gran pantalla la decadencia humana en toda su expresión, la que va mucho más allá de la industria pornográfica, sino que con sus efectos secundarios en sus actores, como lo serán la drogadicción y soberbia, dos elementos con los que cada personaje deberá lidiar en la justa medida que el guion lo requiera, para así construir una de las grandes películas de fines de los años noventa, además catapultar a PTA como la siguiente gran promesa del cine al grabarla a los 27 años. En este caso, PTA se convirtió en una promesa que si fue capaz de cumplir y nos lo ha demostrado hasta hoy.

3. The Master

Freddy Quell (Joaquin Phoenix), un hombre que se esfuerza en demasía por no estar sobrio ni en algún lugar por mucho tiempo, vuelve de la Segunda Guerra Mundial y se enfrenta a sí mismo y a su condición de veterano. Con el correr del metraje, Quell llega al barco donde El Maestro (Philip Seymour Hoffman) lo recibe a bordo y lo invita a compartir con su culto, La Causa. Muchas veces vendida como “la película revanchista del director sobre la cienciología”, The Master es una clase de estudio de personajes viscerales, polarizados, y donde ambos envidian la vida del otro. Las interpretaciones de Phoenix y Hoffman son sobresalientes, mientras que las escenas oníricas arman un perfil de Quell que es a todas luces dudoso, pues el narrador es poco confiable. ¿Quién es El Maestro? ¿Qué es ser un Maestro? Las preguntas que plantea la película.

2. Magnolia

Magnolia se posiciona como el trabajo de más extenso de Anderson, donde en tres horas repasa la vida de nueve californianos, atormentados con su pasado, decepcionados de su presente y no muy ansiosos de su futuro. Magnolia es una de esas películas con la que te explicas la mera existencia del cine y comprendes el porqué insistes en seguir viendo películas; es una maravillosa oda a la vida, que parte con todo lo que puede llegar a estar mal con el ser humano -el odio, el arrepentimiento, el engaño y el abandono- y que se reivindica a mitad de camino, como diciendo que si, cosas malas pasan en este mundo, pero también suceden cosas increíbles que pueden cambiar por completo el rumbo de las cosas. Sirviéndose de reportes meteorológicos para darnos a conocer como se vienen las cosas, Anderson consigue adentrarnos a cada una de las complejas y conectadas historias de sus personajes y nos hace reflexionar sobre la vida misma. Quizás una de las conclusiones es que, de vez en cuando, todos necesitemos una lluvia de ranas.

1. There Will Be Blood

La obra maestra de Paul Thomas Anderson, y una de las más importantes de la primera década del nuevo milenio. Daniel Plainview, tras encontrar petróleo en California, busca explotar la zona del preciado oro negro junto a su hijo H.W. El hombre no escatima en usar todos los medios posibles para lograr su cometido, en una misión que no tiene final. Temas como la avaricia, el rol y uso de la fe, están al servicio de la clase de actuación que ofrece Daniel Day-Lewis, quien cuenta con Paul Dano como su perfecto antagonista en una historia sin “buenos”. La maldad brota en Plainview como el petróleo que busca, en una gran imagen del modelo económico que se establecería a principios del siglo pasado, y que hasta ahora gobierna los destinos del planeta.

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