Allende en su laberinto (2015)

allendeensulaberintoALLENDE EN SU LABERINTO 

País: Chile/Venezuela
Año: 2015
Director: Miguel Littin
Género: Drama
Duración: 90 min.
Elenco: Daniel Muñoz, Aline Kuppenheim, Horacio Videla, Roque Valdero

El primer presidente socialista del mundo elegido por la vía democrática y su abrupto final. Las 7 últimas horas de vida de Salvador Allende, retratadas por Miguel Littin en “Allende en su laberinto”. 

Mucho tiempo tuvimos que esperar para el anunciado largometraje de Miguel Littin sobre las siete últimas horas de vida del expresidente Salvador Allende, antes de ser asaltado en La Moneda por las Fuerzas Armadas de Chile y dando paso a 17 largos años de cruda dictadura militar. “Allende en su laberinto” es el primer relato de ficción sobre los hechos acaecidos al interior del Palacio de Gobierno durante la oscura mañana del 11 de septiembre de 1973, y cuyo objeto, en palabras del propio realizador, es mantener vivo el recuerdo del exmandatario socialista, y además, la memoria de un país, que pareciera padecer Alzheimer, o simplemente, querer olvidar.

La película nos muestra a Salvador Allende (Daniel Muñoz) y su círculo de hierro, compuesto por sus colaboradores mas cercanos y miembros del GAP, tratando de enfrentar el inminente derrocamiento del gobierno constitucional, ante la sublevación de las FFAA. En ese transito de siete horas, se muestra un Salvador Allende nunca antes retratado por la narrativa, alejandose del relato meramente documental. Acompañando al presidente, aparecen dos personajes importantes en esta crónica: Miria Contreras, “la Payita” (Alain Kuppenheim), secretaria personal y amante del mandatario, y Augusto “Perro” Olivares (Horacio Videla), connotado periodista, asesor y amigo de Allende. Ambos revelan el lado mas íntimo de Salvador, sin perder nunca la solemnidad y pasión que caracteriza su vida política, y serán parte importante de las decisiones que toma ante la inminente tragedia.

Allende por sobre todo es un líder, y dentro de la crisis, es quien ordena la resistencia, primero buscando la salida diplomática al conflicto y posteriormente, ante el cobarde ataque, con el fusil. La resistencia, para Allende, en contraposición a la renuncia solicitada por la Junta de Gobierno, es un acto de dignidad política, asumiendo con tristeza, el final de una era en la historia de nuestro país. Si bien su decisión es resistir, lo último que quiere es una guerra civil, y por ello es que asume su lucha como un gesta simbólica, evitando un llamado popular a las armans. He ahí la dignidad de su acto heroico. SPOILERT ALERT: ¡Allende muere!…pero Littin realiza un giro argumentativo a la historia oficial. El compañero presidente en combate, con fusil en mano, cae ante el fuego enemigo, contrariando la tesis del suicidio seguida por tribunales.

Ciertamente, “Allende en su laberinto” viene a saldar una deuda histórica del cine nacional para con su propia nación, y su memoria colectiva. Mas allá de las simpatías políticas y fricción que aun produce el tema en nuestra sociedad, el ejercicio de Miguel Littin profundiza la reflexión sobre los hechos relatados y sobre el legado de Salvador Allende en nuestra historia política. Pero reconociendo el valor del film, como documento cultural y social, debemos desmenuzar el producto en su dimensión cinematográfica, y es ahí en donde la película tiene baches notables.

1969450Littin cae en una trampa muy evidente y peligrosa: convertir la hora y media de film en una apología romántica, y hasta cierto punto siutica, de la figura de Allende y el proyecto de la Unidad Popular; una suerte de réquiem de “la revolución de la empanada y el vino tinto”,  de dudosa coherencia en relación al contexto de los hechos relatados. En esta lógica, Allende es lo mas parecido a Jesús en su camino a la cruz, desde que Judas lo traiciona. Cada intervención del protagonista es una oportunidad para elevar grandes reflexiones sobre las gestas populares; diálogos mesiánicos sobre el valor de la revolución sin armas; redención para sus compañeros, desolados ante el inminente fin; etc. La premura, urgencia y tensión que uno imaginaría en situaciones excepcionales de este tipo, no son retratadas, y se produce una contradiccion evidente, frente a la parsimonia y formalidad de los personajes. Exceso de rigor, quizas, con la imagen mítica del expresidente, ampliamente documentada, o rigidez narrativa. En fin. Lo que se hizo en la película, fue extrapolar el ambiente y mística del último discurso realizado por Allende a través de Radio Magallanes, a todas y cada una de las intervenciones del mandatario, desde un gesto coqueto hasta los gritos de combate.

En este intento por enaltecer los discursos, el drama personal de Allende, entrampado en el laberinto sin salida de la resistencia política, termina perdiendose. Todos los diálogos que sostiene con sus colabores mas cercanos, e incluso amigos, se encuentran revestidos de una solemnidad anticlimática y solo logra destellos en la relación que tiene con la “Payita”, la única que logra contener al atribulado presidente, y mostrarlo en una faceta mas cercana. El guión, por su parte, deambula de forma poco armónica entre la crónica histórica y el relato poético, en una indefinición que va ridiculizando progresivamente el desarrollo del drama. Esta ambigüedad llega a ser molesta, considerando las múltiples opciones que la historia ofrecía para llevarla a cabo. No vale la pena analizar elementos técnicos, dejados de lado frente al desarrollo argumentativo (ciertamente, mejores efectos, maquillaje y una banda sonora a la altura hubiesen elevado el nivel de la producción, sin perjuicio de la accesoriedad de los items).

Uno de las grandes temas dentro del film es la performance de Daniel Muñoz, personificando a Salvador Allende, no precisamente por tener un mal desempeño. No vamos a descubrir ahora el gran actor que es Muñoz; su versatilidad lo ha llevado desde la comedia hilarante al drama mas profundo, sin embargo, la imagen fresca de su personaje consagratorio y definitivo, el gran Juan Herrera en “Los 80”, termina comiéndose la interpretación del presidente Allende. Los grandes actores siempre se ven enfrentados al problema de seguir construyendo personajes cuando han realizado sus mejores papeles, y a poco tiempo de finalizada la exitosa serie de Canal 13, es inevitable el parangón.

Sumando y restando, la sensación de empate con sabor a derrota es notoria. Quizás, la mirada pesimista sobre la película viene dada por las altas expectativas que se tenían. De todas formas, el trabajo de Littin con Allende es tremendamente superior a “Isla 10”, y viene a cumplir una vieja promesa del director, desde el mismo día del Golpe, recordando la cercanía de Littin con Allende, al ser colaborador del gobierno de la UP desde Chilefilms, y además, proveedor personal de películas del presidente.

Mas allá de los detalles y juicios estéticos, la necesidad de vernos interpelados por nuestra historia, a través del cine, solo nos lleva a estar agradecidos de directores como Miguel Littin, un hombre de la vieja escuela de la cinematografía nacional, que se ha caracterizado por hacer del cine una herramienta cultural de reflexión y expresión humana, por sobre todas las cosas, alejándose del marketing y la taquilla que embarga la  nueva “industria” chilena del cine.

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