The Fountain (2006)

The Fountain 

País: Estados Unidos
Año: 2006
Director: Darren Aronofsky
Género: Drama/Romance/Ciencia Ficción
Duración: 96 min.
Elenco: Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Sean Patrick Thomas
Música: Clint Mansell

Tom (Hugh Jackman) tiene poco tiempo para encontrar la cura a la enfermedad de Izzy (Rachel Weisz), una búsqueda tan concreta como espiritual, que se muestra en el filme en tres líneas argumentativas distintas.Darren Aronofsky deja de lado la narración lineal para mostrar una historia sobre el amor, cómo lidiar con la pérdida del ser querido tempranamente, y un legado de vida (y muerte) en el que Izzy le enseña un camino que lleva a la esperanza y la trascendencia, a través de una historia.

En la primera línea, y principal, conocemos al doctor Tom Creo (el apellido no puede ser coincidencia), un neurocirujano que intentara encontrar la cura para la enfermedad de Izzy con una medida desesperada como fue experimentar en un simio con un agente extraído de un árbol centroamericano, para curar un tumor en éste. Con el correr de los minutos sabemos que Izzy está en una etapa avanzada de la enfermedad, y que todas las experiencias vividas en medio de la aproximación de su muerte se han materializado en una historia ficticia que ha escrito para Tom, sobre la búsqueda de un conquistador español para salvar a España de la tiranía (eclesiástica), empresa que lo llevaría a hallar “el árbol de la vida”.

Izzy está familiarizada con el concepto de la trascendencia después de la muerte, o la posibilidad de que la muerte sea un agente creador, algo a lo que debamos enfrentar con esperanza y no con miedo, una idea que no concibe Tom, empecinado por salvar a su mujer del trágico final, meta que estuvo cerca de lograr, con las buenas respuestas del agente que sanaron al simio. Tom, devastado por la muerte de Izzy, intentará sanar la enfermedad definitiva: la muerte.

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Aquella historia que escribió Izzy era una metáfora de la insaciable búsqueda de “Tomás el conquistador” por salvar a la Reina Isabel y a España, llevándolo a la tierra de los Mayas para conseguirlo. Siendo quizás el punto más bajo estéticamente de la película, evidenciando que si bien el presupuesto de la película es alto, los esfuerzos no se hicieron en esta línea argumentativa, donde los tiros de cámara esconden un trabajo de sets bastante mediocre.

Pero la película entrega dos ideas muy interesantes con respecto a la muerte: la primera es la idea creadora de la muerte, ejemplificada en la semilla que se plantó en este guía maya que le enseñó a Izzy. En en árbol se ejemplifica una idea tan natural como “el ciclo de la vida”. La segunda es esta idea de que la muerte es “el camino hacia el asombro”, que veíamos en Izzy en su lecho de muerte, esta expresión facial de los personajes Aronovskianos que los acompaña a la muerte una vez que “consiguen lo que quieren” en su filmografía, u obtienen lo que los “hace plenos”. Así como Izzy, pienso en Max de Pi, Sara de Requiem for a Dream, The Ram en The Wrestler, y Nina en Black Swan. Debe ser una idea que el propio Aronofsky comparte.

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En la tercera línea tenemos a Tommy como este viajero estelar que busca la muerte de una estrella para renacer junto al árbol que lleva consigo en su esfera, esperando que esa “fuerza creadora” que tienen las estrellas le permita de una vez salvar a Izzy, que inspira al personaje de Hugh Jackman en todo momento, y que es la respuesta a la comprensión de la historia del conquistador, y la continuación de la historia que tuvo que terminar de escribir como tarea final de su mujer. Tomás utilizó la fuerza de la muerte para vencer a la espada flameante que custodiaba el árbol, pero la savia del árbol generó vida natural en el conquistador, lo que terminó por matarlo. De todas formas, el viajero fracasa, pero a la vez aprende del viaje. Llega a la redención consigo mismo, y entiende lo que pensaba Izzy antes de morir, algo que podemos confirmar cuando planta una semilla en la tumba de ella para finalizar el viaje espiritual de Tom, y la película.

The Fountain es una bonita historia de amor, finalmente. Lidiando con las ideas de la vida después de la muerte y distintas líneas argumentativas, peca en algunas del exceso de CGI, la falta de profundidad en algunas tomas, y excesiva oscuridad. El inicio de la película es lento y falto de “estímulos” para seguir mirándola, pero una vez que toma ritmo, se vuelve cada vez más entretenida. Las interpretaciones de Jackman y Weisz están a la altura, y los temas de la banda sonora de Clint Mansell trascendieron más allá de la película, siendo habitualmente usada en productos de discreta calidad. Con todo, quizás la película menos descubierta de Darren Aronofsky, y una de las más interesantes que, si bien se aleja de sus temas habituales, mantiene las obsesiones del director respecto a la naturaleza humana.

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